Suele ocurrir en el complicado género de los eventos que, aún teniendo su punto la historia principal, los tie ins  son historias que el... Marvel Now! Deluxe. Los Vengadores de Mark Waid 2

Suele ocurrir en el complicado género de los eventos que, aún teniendo su punto la historia principal, los tie ins  son historias que el editor de turno fuerza al guionista responsable de las series implicadas, y éste resuelve como puede la papeleta con escaso interés y una dosis de frustración porque una historia ajena le ha roto el ritmo que tenía planificado. Pero en algunas ocasiones, alguna de las historias secundarias llega a superar en interés y calidad al evento. Uno de los ejemplos más claros que se pueden poner es Bloodlines, el cruce de anuales de DC del que nadie se acuerda ya, pero que, en el número de de The Demon, sirvió como pistoletazo de salida para Hitman, la serie de Garth Ennis que resultó uno de los títulos más interesantes de la DC de la segunda mitad de los 90. Con Los Vengadores de Mark Waid pasa algo parecido. Civil War II es un evento, siendo generosos, de calidad bastante mediocre. Pero con las ideas alrededor de las que gira el crossover de 2016, el por entonces escritor de los Héroes más poderosos de la Tierra plantea una historia infinitamente más interesante de lo que pudimos leer en la historia de Brian Michael Bendis.

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Este tomo incluye tres partes muy diferenciadas. Arranca con un anual en el que se explora la pasión de Kamala por los fanfics y está formado por cuentos cortos fuera de continuidad firmados por autores varios. Tiene momentos simpáticos, pero no pasa de simple curiosidad. La segunda son los tie ins con Civil War II, y en lugar de dar más vueltas al enfrentamiento entre Tony Stark y Carol Danvers, juega con la idea de tomar medidas de forma preventiva. En esta parte, tenemos tres one shots, protagonizado cada uno por un miembro del equipo. El primero, que tendrá consecuencias en la segunda parte del tomo, está protagonizado por la Visión, que se plantea la idea de acabar con Kang antes de convertirse en el conquistador temporal, en una variación del clásico dilema moral sobre si sería correcto asesinar a Hitler siendo un bebé. Sólo este número ya es más interesante que el evento escrito por Bendis entero. En el segundo tenemos a la nueva Avispa, como representante de la nueva generación de héroes, totalmente decepcionada por el irracional comportamiento de los héroes icónicos en la parte principal del evento, pensando algo bastante parecido a lo que piensa el lector medio. Y en el tercero tenemos una historia protagonizada por Thor (por dos de ellos, de hecho) en el que se plantean las posibles consecuencias que puede tener tomar medidas sobre un acontecimiento que aún no ha ocurrido. Lo que decíamos al principio, Waid le saca muchísimo más partido que Bendis a las ideas que este último plantea en su propia historia.

Una de las consecuencias que tuvo Civil War II fue un brutal ensanchamiento de la brecha generacional entre los héroes adultos y los juveniles del Universo Marvel. Y teniendo en cuenta que la alineación de los Vengadores de Mark Waid tenía al clasicismo abrazando a las nuevas generaciones, y que los recién llegados abandonaron a los Héroes más poderosos para fundar los nuevos Campeones, en la tercera parte tenemos dos cambios. El primero, la enésima renumeración de la cabecera -según donde consultes, los números que arrancan en la segunda parte del tomo son el volumen 6 o el 7 de Avengers-, que ya no sorprende a nadie. Era la tercera renumeración en cuatro años. La segunda consecuencia fue una nueva alineación: ante el abandono de Kamala Khan, Miles Morales y Sam Alexander y el coma de Tony Stark, los Vengadores se han quedado en cuadro. Así, entran en el grupo Spiderman, que por entonces era el CEO de Industrias Parker y viene a cubrir el hueco de Iron Man, la Avispa Nadia Pym, como única representante de las nuevas generaciones, y la gran sorpresa: Hércules, que tiene en esta nueva etapa un protagonismo mucho mayor del que se podía esperar.

Los primeros seis números de esta nueva serie forman el arco argumental La guerra de Kang, en el que se retoman las ideas planteadas en el tie in de la Visión que hemos leído unas páginas antes. Y en una alocada historia de viajes en el tiempo -no podía ser de otra forma con Kang por medio- tenemos al Conquistador y a los Vengadores atacándose a los respectivos pasados y creando paradojas temporales como si no hubiera un mañana. Y ambos bandos utilizando versiones pasadas -y futuras- de sí mismos. Lo cual, dicho sea de paso, nos recuerda constantemente aunque salvando las distancias a la legendaria Siempre Vengadores.

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En el plano artístico, en cambio, este tomo no termina de ser satisfactorio. El anual es totalmente irregular, como se espera de los contenedores de historias cortas de autores variados. Y los números de Adam Kubert son impecables, como todo lo que firma este autor. Pero el ilustrador filipino canadiense Mike Del Mundo, responsable del arte de seis de los diez números de este tomo, hace un trabajo que deja mucho que desear. Su estilo pictórico/lisérgico quedó de lujo en los mundos de fantasía de Relatos Salvajes, la serie con la que explotó después de darse a conocer en Elektra, pero la acción superheroica no se le da bien. Estéticamente es bonito, pero dibujar un cómic es algo más que belleza plástica, y sus virtudes narrativas son más bien escasas. Tiene momentos que es totalmente confuso, y estando en la misma serie y con el mismo guionista que Adam Kubert, al que hemos visto unas páginas antes, queda claro que las comparaciones son odiosas. Lo mismo volvería a ocurrir un par de años después en Thor, donde Del Mundo sustituyó a Russell Dauterman, y también consiguió que echáramos de menos a su predecesor. Es, en definitiva, un portadista magnífico pero un dibujante de interiores muy inapropiado.

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Este segundo volumen de Los Vengadores de Mark Waid es, en resumen, una lectura agradable de un guionista que conoce los códigos del género superheroico como la palma de su mano, pero empañada por un dibujante poco apropiado para el tipo de tebeo que tenemos entre manos. En este tomo encontramos un ejemplo perfecto de que la legibilidad de un cómic no depende sólo del guionista, y que los dibujantes tienen mucha más responsabilidad de la que se les tiende a dar. Una lástima que no hubiera seguido al frente de la serie Adam Kubert, podríamos haber estado ante una etapa mucho más recordada de lo que ha terminado siendo. Las ideas las tenía, desde luego.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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