Lo confieso: Iron Man nunca ha estado entre mis personajes preferidos. Por algún motivo que se me escapa, las andanzas clásicas de Tony Stark... Marvel Must-Have. Iron Man: Extremis

Lo confieso: Iron Man nunca ha estado entre mis personajes preferidos. Por algún motivo que se me escapa, las andanzas clásicas de Tony Stark no han llegado a interesarme. El playboy ricachón de la Distinguida Competencia siempre me ha parecido un personaje mucho más interesante a todos los niveles, y de Stark no hay prácticamente nada de sus primeros treinta años que me parezca una obra de las que pasan a la historia. Sí, me consta, unpopular opinion y todo eso.

Pero lo que sí tengo que reconocer es que, pese a que como persona haya resultado ser un tipejo bastante cuestionable, Warren Ellis es uno de mis guionistas preferidos de las últimas décadas. Así que cuando dijeron que se iba a encargar de Iron Man en 2005… como si le dan una serie protagonizada por Willie Lumpkin. Era una lectura obligada y punto. Y Ellis me dio exactamente lo que esperaba de él: Extremis es, posiblemente, la mejor historia que había leído del personaje hasta el momento. Así que ahora que Panini ha reeditado este arco argumental en su línea Marvel Must-Have, es un buen momento para releerlo. ¿Qué tal le han sentado estos quince años?

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Extremis es la historia con la que debutó Warren Ellis como nuevo guionista de la serie del Vengador Dorado, serializada en los primeros seis números del cuarto volumen de Iron Man, con motivo del relanzamiento de la franquicia tras Vengadores Desunidos. Pero como todo el mundo sabe, Ellis es un culo de mal asiento que tiene la mala costumbre de maravillarnos con sus loquísimas ideas y luego dejarlas abandonadas cual perrillo en una gasolinera en verano. Así, aunque terminó su primer arco argumental, su Iron Man entró en el saco de Fell, Newniversal, Desolación Jones o Inyección, y los lectores nos quedamos con las ganas de ver dónde podía haber llevado a Tony Stark. Es de suponer que los dieciséis meses que tardaron en ver la luz los seis números de este arco argumental no eran una periodicidad aceptable para una de las colecciones punteras de la franquicia Vengadora que Marvel estaba intentando relanzar por entonces.

En esta puesta a punto del personaje, Warren Ellis nos cuenta cómo cae en manos de unos terroristas un virus tecnoorgánico de laboratorio -el Extremis en cuestión- que reprograma biológicamente al receptor y le dota de poderes sobrehumanos. A partir de ahí, el guionista recorre sus habituales lugares comunes de ciencia ficción (especial énfasis en lo de «ciencia»), conspiraciones y demás, a la vez que redefine al personaje de cara al nuevo siglo que acababa de empezar. Para empezar, el origen de Iron Man es reubicado cronológicamente por segunda vez. Su primera aparición en la Silver Age le situaba en la Guerra de Vietnam, durante los 90 se llevó a la Guerra del Golfo y aquí se lo llevan a la Guerra de Afganistán y meten a Al Qaeda en el jaleo. Marvel siempre ha tenido una actitud mucho más relajada hacia la continuidad que DC, y visto lo visto en los últimos tiempos, parece que es mejor así.

El otro plano en el que Ellis actualiza a Anthony Stark es en sus motivaciones: su pasado como fabricante de armas no es un fin, sino un medio para conseguir financiación para proyectos que le permitan investigar y dar un salto adelante tecnológico. Este Tony Stark no es un superhéroe: es un ingeniero metido en un vehículo futurista. Más en el estilo de Reed Richards que en el de mercader de la muerte que se mencionaba en la primera película del personaje del MCU. Y ya que mencionamos las películas, tanto la primera como la tercera película de Robert Downey Jr. están fuertemente basadas en esta historia. No es de extrañar que el Presidente de Estados Unidos en ellas sea el Presidente Ellis…

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Quizás el mayor pero que se puede poner a esta historia sea que, aunque en su día pudo ser innovadora y rompedora, leída en la actualidad resulta un tanto desfasada. Estamos en 2005 y el teléfono móvil que lleva Tony Stark es un Motorola de concha. Ni siquiera un Nokia 6630. Y poner como gran innovación tecnológica que habían diseñado un teléfono tan rápido que podía descargar un mp3 en treinta segundos hace sonreír irónicamente visto hoy en día. También es cierto que leído en la actualidad suena a conocido. Pero eso se debe a que Extremis marca el camino a seguir con Iron Man a partir de ese momento, y prácticamente todo lo que ha llegado después del personaje tiene aquí sus raíces.

Y si bien en el plano argumental la historia, correctamente contextualizada, es impecable, en el gráfico no está tan inspirada. Adi Granov, el ilustrador bosnio que la ilustra, tiene un estilo pictórico espectacular que en un primer vistazo deja con la boca abierta, pero que sumergiéndose en la lectura vemos que resulta tremendamente estático y acartonado. Muchas de sus páginas parecen una colección de poses más que una narración secuencial. Podríamos decir que Adi Granov es a Alex Ross lo que Jim Lee a John Byrne.

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Lo que nos encontramos aquí es una historia que ha marcado un antes y un después para el personaje en tan solo seis números. El punto en el que Tony Stark se convierte en un personaje ingenioso con un puntillo cínico típico de Warren Ellis, entrando en el selecto club en el que están Spider Jerusalem, Jenny Sparks o Elijah Snow. Posiblemente, la historia más Must-Have de los cincuenta y ocho años que tiene Iron Man.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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