Durante más de cincuenta años, la Unión Soviética tuvo un agente encubierto... un indetectable asesino conocido como El Soldado de Invierno, cuya verdadera identidad... Marvel Must-Have. Capitán América: Soldado de Invierno

Durante más de cincuenta años, la Unión Soviética tuvo un agente encubierto… un indetectable asesino conocido como El Soldado de Invierno, cuya verdadera identidad esconde el mayor secreto del Universo Marvel en más de medio siglo… Mediante una catarata de sorprendentes revoluciones, los maestros del cómic Ed Brubaker y Steve Epting ofrecen un relato de suspense e intriga que ha pasado a la historia entre las mejores aventuras del Capitán América.

No es muy habitual que un sidekick adolescente sea creado al mismo tiempo que el superhéroe protagonista. También es verdad que no son muchos los sidekicks juveniles en el Universo Marvel (ahí DC le lleva mucha ventaja), entre otras cosas porque Stan Lee no era muy partidario del concepto. Sin embargo, Lee no participó de la creación del Capitán América, así que no pudo objetar a que ya desde el primer número de su colección apareciera Bucky Barnes en el papel de acompañante. Dado por muerto en el mismo accidente de la Segunda Guerra Mundial en el que Steve Rogers quedó congelado en las aguas del Atlántico Norte, no fue hasta cuarenta años después que el guionista Ed Brubaker tuvo la osada idea de traer a Bucky de entre los muertos con una rocambolesca premisa: su cuerpo había sido, al igual que el de Rogers, mantenido en animación suspendida en el hielo, pero había perdido la memoria, así que los soviéticos decidieron convertirle en el asesino definitivo, el Soldado de Invierno.

soldado de invierno

Así, según esta continuidad retroactiva, Brubaker (Bad Weekend, The Fade Out) establece que el Soldado de Invierno estuvo detrás de muchos de los asesinatos (y aparentes accidentes) de personalidades políticas cuya muerte influiría en el devenir de la Guerra Fría, hasta ser definitivamente desactivado por el régimen de la URSS. Posteriormente fue encontrado por el exgeneral soviético Aleksander Lukin (el antiguo protegido del oficial ruso que le encontró en el hielo), y tras asesinar por orde de éste a Cráneo Rojo y a Jack Monroe (Nómada), lanza un ataque terrorista sobre Filadelfia, obteniendo un Cubo Cósmico. Esto llama la atención de S.H.I.E.L.D., que lanza al Capitán América y a Sharon Carter en su busca. ​Lo que sigue es un juego del gato y el ratón, con un Steve Rogers que se resiste a creer que ese asesino sea realmente su amigo. La historia se alterna con algunos flashbacks en los que Brubaker altera el origen de Bucky: ya no es el adolescente que descubre por accidente la identidad del Capitán América, y éste se ve obligado a convertirle en su sidekick, sino que ahora es un joven de 16 años entrenado por los mejores hombres de la Base Militar Lehigh para ser su compañero. Se podría argumentar que a qué capitoste del ejército se le ocurriría mandar a un chaval de 16 años al frente de la Segunda Guerra Mundial acompañando a un supersoldado, pero no es momento para eso. En su lugar, somos testigos del nacimiento de una amistad que desembocaría en camaradería y hermandad. Este Capitán América está dividido entre el afecto y la lealtad que siente hace su amigo, y la obligación que tiene de detenerle a cualquier precio, antes de que siga matando. Le ayudarán en su misión Sharon Carter (que no comparte sus escrúpulos, al haber perdido a su ex-novio en el atentado de Filadelfia), Iron Man y el Halcón.

A los lápices están dos grandes autores cuyo estilo sobrio y oscuro se ajusta a la perfección al tono de la historia que Brubaker nos cuenta. Por un lado tenemos a Steve Epting (Los Vengadores: Lazos de sangre, Sara), que dibuja los números 8 y del 11 al 14, mientras que Michael Lark (Gotham Central, Lazarus) le cubre en el número 9. No obstante, el estilo de ambos es tan parecido que apenas se nota la transición, y ambos autores son excelentes profesionales, que nos saben guiar por cada página y cada viñeta en un ejercicio de narración de gran claridad, a pesar del tono oscuro y lleno de sombras que impregna todo el tebeo. Gran parte de esta ambientación es obra del colorista Frank D’Armata, que lleva trabajando casi en exclusiva para Marvel Comics desde 2005.

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A estas alturas del siglo, más de 15 años después de su publicación original, la revelación de la identidad del Soldado de Invierno ya no produce la impresión que tuvo en su momento. Habiendo visto la película homónima o tenido un mínimo de cultura comiquera de los últimos 10 años, a nadie le sorprende que sea Bucky quien esté detrás del antifaz. No obstante, eso no es óbice para disfrutar de un estupendo thriller con tintes superheroicos, la historia que devolvió al compañero del Capi a la palestra después de décadas en la nevera (literal y figuradamente).

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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