A los lectores de cómics de superhéroes nos encantan los regresos, así de simple. En un género donde todo tiende a ser cíclico debido a que los engranajes de las grandes compañías (entiéndase Marvel y DC) nunca deben dejar de girar, nos alegra que, de cuando en cuando, resucite un personaje, se relance algún título o vuelva un autor a una serie que nos gusta. Este es el caso de Excalibur, en cuyo cuarto Omnigold, podemos disfrutar del retorno del gran Alan Davis. En esta ocasión, como autor completo.
Fue el propio Davis quién lanzó Excalibur junto a Chris Claremont. Sin embargo, escritor y dibujante nunca se llegaron a entender al cien por cien. Eso no evitó que su sinergía creativa fuera maravillosa y nos regalaron una etapa para enmarcar. Ahora bien, tras la marcha, primero del artista, y poco más tarde del patriarca mutante, la serie languideció. Pero las travesías en el desierto suelen tener un final (y menos mal).

Antes de ponernos manos en la masa, un par de apuntes sobre la edición. Aún quedarían unos cuantos números firmados por Davis pendientes de publicación en el próximo Omnigold. Desde hace tiempo, Panini Cómics está copiando (cuando le cuadra) la planificación de los Epic Collections americanos. También es digno de mencionarse, que hay muchas páginas que adolecen de efecto moiré, algo que igualmente proviene del recopilatorio americano. Una pena, este material no se merece esos defectos, pero es lo que hay.
Excalibur: “¡Pdepadaos pada modid!”, imaginación y talento
El talento de un autor en el mejor momento creativo de su carrera se une a una imaginación desbordada, e hicieron de la serie algo único y diferente, no solo dentro del panorama mutante, sino en general dentro de las decenas de cómics que publicaba cada mes la Casa de las Ideas.
Para empezar, Davis, no traicionó el lore creado por Claremont. Todo lo contrario, lo abrazó, lo transformó y lo aumentó. Huyendo del endogámico escenario de la Gran Manzana, el equipo de Excalibur siguió teniendo el multiverso como su patio de colegio particular. El dibujante de D.R. & Quinch decidió transgredir el tono de la franquicia incorporando elementos propios de la ciencia ficción o la fantasía (no heróica) logrando unos resultados con claros ecos a la literatura de Terry Pratchett. Por no mencionar el humor propio de la flema británica con algunos gags verdaderamente graciosos que suman fluidez al desarrollo de las historias, que por lo general acaban ocupando un solo número, huyendo de esta forma de los arcos largos que definieron a la serie en sus primeros años.

De todas formas, el verdadero carburante del motor que mueve esta etapa de Excalibur son los personajes sobre los que se sostienen las aventuras. El autor se marca un gran tanto con Kurt, que se luce en su papel de líder carismático estratega. También resulta digno de mención cómo Davis empodera a mi querida Kitty Pryde, haciéndola madurar y crecer, siendo estos números la base de la poderosa y fuerte personalidad de la que hace gala hoy en día. Ah, no nos olvidemos de Bryan Braddock, el Capitán Britania, y sus dudas sobre su papel en el Cuerpo e incluso en la vida. Estos, junto con Megan y Rachel forman una familia tan disfuncional como interesante.
Casi podríamos decir que este puñados de Excalibur son una obra tan personal que, pese a estar protagonizada con personajes con copyright, está ejecutada de tal manera que podría decirse que es un cómic mainstream de autor. Vamos, lo mismo que hizo el propio Davis unos años más tarde con Clandestine.

Y si Davis está fino con el procesador de textos, cuando coge el lápiz se convierte en el maestro supremo de la elegancia. Su trazo es limpio, claro, conciso, su narrativa superlativa y encima cuenta con Mark Farmer y Glynis Oliver para embellecer, todavía más, el resultado.
No podemos dejar de mencionar que este tochal contiene muchos números realizados por autores, en los primeros escalones de su carrera, que acabarían siendo conocidos como Scott Lobdell o Joe Madureira. Decir que no están a la altura de Davis es una obviedad. Pero es cierto que se dejan leer con facilidad, por lo menos…


