Según como se mire, Aniquilación: Conquista, puede ser la continuación de algo que ya venía de antes o el verdadero principio del nuevo escenario cósmico que nos traería Marvel en el siglo XXI, un escenario con dos nombres propios: Dan Abnett y Andy Lanning. Pero pongamos un poco de contexto.
Tal vez quedaría algo opacado porque Civil War llegaría solo unos meses después, pero en 2006 tenía lugar un hito en Marvel: Aniquilación. Tras una primera etapa de Bill Jemas acompañando a Joe Quesada al timón de Marvel, llegará un Dan Buckley menos interesado en el rupturismo y más en la cohesión de su universo y así, tras varios años sin crossovers y eventos era el turno de Dinastía de M en 2005. El tronco central de Marvel se dirigía a partir de ahí hacia una sucesión de eventos y escenarios surgidos de los mismos que abarcaría al menos hasta las Secret Wars una década después. Dinastía de M / Diezmados, Civil War / La iniciativa, Invasión Secreta / Reinado oscuro, Asedio / Edad Heroica… pero había todo un universo ahí fuera que discurría ajeno a todo esto más allá de la atmósfera terrestre, ese universo que podemos ver en Aniquilación: Conquista donde dos ingleses hacían y deshacían a su antojo.
La otrora exitosa Marvel cósmica, que había dado durante los 70, 80 y 90 algunos momentos de gloria, también tenía nombre propio, el de Jim Starlin, pero por aquella época sus creaciones habían quedado relegadas a una especie de subuniverso donde, si bien podía hacer lo que quisiera, se volvía un tanto irrelevante. De ahí surgen El abismo del Infinito o Universo Marvel: El fin, por ejemplo, que aunque tienen su interés, habían sido apartadas de la continuidad central.
Así, quedaba un tanto huérfana el área cósmica de Marvel y en 2006 se deciden por otro veterano de las historias del espacio, Keith Giffen, curtido en la Legion de Superheroes o los Omega Men en la Distinguida Competencia. Esto daría lugar a Aniquilación, un éxito tal vez inesperado, dado que Marvel no supo o no quiso mantener a Giffen.
No podían dejar pasar la ola y, para surfearla, decidieron confiar en un dúo de autores ingleses, que si bien no contaban con un currículum espectacular, parecían haber dado buen resultado en la serie de Nova durante la saga de Aniquilación. Fogueados ambos en Marvel UK, llevaban ya más de una década colaborando como pareja literaria en series como Punisher, la olvidable Force Works y sobre todo, la Legión de Superhéroes. Ya se habían ganado una cierta fama de equipo sólido, pero más para sacar unas castañas de un fuego puntual que como grandes arquitectos. No obstante, estaban a punto de demostrar que podían ser mucho más.
Y si nos hemos extendido tanto con este prólogo de contexto es porque es esencial entender que Aniquilación: Conquista no es tanto una historia autónoma, como el principio de todo un escenario, de un área completa del universo Marvel, que estaba recreando lo que ahora llamaríamos su lore.
Así, si leemos Marvel Essentials 27. Aniquilación: Conquista, lo que tenemos es una amenaza global y un tanto genérica, como es la Falange, que ni siquiera con un carismático líder en la sombra — que será revelado pronto, pero habrá quien considere spoiler— llega mucho más allá que a excusa. Al fin y al cabo, la infección tecnoorgánica de la Falange con un villano detrás, poco añade a la idea de la oleada de Aniquilación de Annihilus de la saga anterior, tal vez le pone unas pinceladas del concepto de la ecuación de la antivida de Kirby, pero poco más. Sin embargo, una excusa es lo único que necesitaban Abnett y Lanning para crear su propio universo.
La trama de Aniquilación: Conquista se desarrolla en varios frentes, varios grupos, cada uno de los cuales trae consigo su propia circunstancia. Tenemos a Phyla-Vell, Dragón Lunar y Warlock, por un lado. Por otro, Ronan, el Super Skrull y Fantasma. Estarán también una especie de protoequipo de lo que terminará siendo Los Guardianes de la Galaxia — que nacen aquí— y, hacia el final, aparecerá un cuarto grupo, con Nova al frente. De donde viene la situación de cada uno, cómo llegan hasta aquí y cómo se gesta cada trama individual queda fuera de este tomo, en el que tenemos una serie de eventos que parecen haber salido un poco de la nada.
Como historia autónoma, lo que vemos en Marvel Essentials 27. Aniquilación: Conquista no termina de funcionar. Todo resulta apelotonado, no da tiempo a sentir permear la amenaza como lo que es, todo nos sucede como de lejos y un tanto porque sí. Es la cuarta vez que se publica Aniquilación: Conquista en España y la primera vez que lo hace sin el apoyo de las series adyacentes: Quasar, Star-Lord, Wraith y Nova. Visto lo visto, es completamente comprensible el porqué.
Dejemos claro algo, dentro de su contexto, Aniquilación: Conquista es una historia maravillosa, el inicio de una época y un subuniverso completo, pero de manera aislada es como si fuera una historia distinta, repleta de personajes y eventos que no importan lo más mínimo y que ni el trabajo nada desdeñable de Tom Raney y Wellington Alves puede sostener
Así pues, por genial que resulte la iniciativa de Panini con estos Marvel Essentials, baratos y muy regalables, Aniquilación: Conquista no es el material más adecuado para este formato. Es como si tuviéramos solo una parte de la historia y la sensación de worldbuilding y recreación de lore se pierde por completo. Si queréis probar con Marvel Essentials, siempre se puede probar con World War Hulk, Los libros de Muerte, Los Vengadores: Siempre Ultrón o incluso Vengadores Desunidos, pero si se trata de leer Aniquilación: Conquista, la edición original, la colección Extra Superheroes o Aniquilación Saga son mucho más adecuados.





