Creo que podemos afirmar, sin demasiado margen de error, que el Capitán América es uno de los personajes de Marvel Comics que mejor fortuna ha tenido, en lo referente a equipos creativos, en lo que va de Siglo XXI.
Comenzó con los últimos coletazos de la segunda etapa de Mark Waid tras los sucesos de Heroes Reborn. Luego tuvo una cumplida etapa a cargo del siempre correcto Dan Jurgens y un paso por el sello Marvel Knights que tuvo más ruido que resultados. Ahora bien, a partir de ahí vino lo bueno, con una larguísima estancia de Ed Brubaker en la serie, en lo que ha sido el mejor trabajo en la carrera del guionista con un personaje no creado por él. Por la serie también pasaron Rick Remender, Nick Spencer (que tiró de polémica para darle relumbrón al Capi) o Ta-Nehisi Coates, el enésimo escritor que viene de otro campo, que no brilló ni la décima parte de lo que se esperaba de él.

Así llegamos a la actual andadura del vengador (o vengadores) de las barras y estrellas, con dos series regulares protagonizadas por Steve Rogers y Sam Wilson con Jackson Lanzing y Collin Kelly escribiendo la primera y Tochi Onyebuchi como responsable de la segunda. Un puñado de autores que se enfrentan al brete de reflotar uno de los pilares básicos de la Casa de las Ideas. Editorial que lleva un tiempo atravesando una de las peores crisis creativas de toda su historia.
Un momento crítico que se ve azotado por varios motivos como la influencia de Disney, la falta de autores de renombre o la caída generalizada de ventas de las editoriales mainstream en el mercado americano. Factores que deben tenerse en cuenta a la hora de entender todos los obstáculos que los escritores deben atravesar, enfrentándose a una falta de dirección editorial clara o a la necesidad de reflejar los cambios impuestos por las películas del MCU en las páginas de un tebeo. Por fortuna, en el caso que nos ocupa, todo se ha limitado a crear una segunda serie regular para que Sam Wilson vuele de manera independiente (otra vez).
Empezando por la serie protagonizada por Steve. Kelly & Lanzing han optado por coger lo que más les gusto de las etapas de Mark Gruenwald y del mencionado Ed Brubaker para ofrecer a los lectores un título aventurero con tintes de thriller de espías gracias a la presencia del llamado “Círculo externo”, una organización en la sombra (sí, otra más) que lleva operando y manipulando Estados Unidos desde hace décadas (Algo que ya pasó con la saga del Imperio Secreto original).
Lo verdaderamente interesante en estos números es el dinamismo con el que suceden los diversos acontecimientos y la más que correcta caracterización del protagonista. Un Capitán Rogers que se muestra humano y vulnerable como pocas veces se ha visto, pese al suero del súper soldado que corre por sus venas.
Un puñado de episodios que se sostienen también sobre el pilar formado por la relación entre el Soldado de Invierno y el Capitán América. La pena es que el misterio y el giro, que era bien previsible, se descubre casi a las primeras de cambio. Por eso nos tenemos que conformar con una sucesión de historias que van allanando el camino hasta la confrontación final. Eso no quita para que haya algún arco de lo más divertido y raro, con toda la población de Nueva York sufriendo un lapso mental y despertándose dentro de una isla de Manhattan rodeada por una cúpula impenetrable a la par que es gobernada por unos viejos conocidos del protagonista.

Antes de seguir con los cómics de Capitán América: Símbolo de la verdad (los centrados en el Halcón) hay una cosa que me ha desconcertado en la edición de Panini. Y es que, el número once original USA de Captain America: Sentinel of Liberty termina con un enorme cliffhanger con el regreso de un personaje al que nadie esperaba a estas alturas de la película. Pues bien, en los números de Sam se explica como se reintroduce a dicho héroe en la continuidad, dejando preparado su salto a la otra cabecera. Quizás habría sido mejor idea cambiar el orden del material incluido, pero supongo que la editorial se ha limitado a calcar el contenido del recopilatorio yanki.
La etapa que está firmando Onyebuchi también tiene un claro precedente: Pantera Negra de Christopher Priest. Tanto es así, que el gran enemigo al que debe enfrentarse el vengador alado sale directamente las páginas de los primeros números dibujados por Mark Texeira. Con un marcado tono político, el Capi Halcón y un inesperado aliado, se meterán de lleno en una guerra en las fronteras de Wakanda, pasando a formar parte de la resistencia de Mohannda. De fondo, algún cambio de estatus quo bastante radical en uno de los secundarios habituales que veremos hasta donde llega, pues estas cabeceras ya no tienen mucho más recorrido que ofrecer. Tanto es así que el próximo Marvel Deluxe (a la venta en verano) será el último de esta era.

Lo que está fuera de toda duda es el nivel artístico de las páginas incluidas en este segundo recopilatorio. Destacando de manera sobrada nuestra Carmen Carnero (que cada día narra mejor) y el brasileño R.B. Silva, siempre espectacular. No desmerece en absoluto Kev Walker, cuyo trazo sucio y desgarbado es una debilidad personal, lo admito.
En general, estamos ante unas historias sencillas con alma de blockbuster que no tienen otra pretensión mayor que la de entretener, ofreciendo un puñado de aventuras que sean más o menos fieles a la esencia de tan icónicos personajes. Cometido que creo que consiguen sobradamente.


