A los más veteranos lectores de esta web no os sorprenderá que os cuente que Los Eternos son un concepto del mismísimo Jack Kirby. A su regreso a Marvel después de su paso por DC, el Rey decidió crear su propio Apokolips en la casa de las ideas, aunque fue un concepto que tuvo poco impacto en aquellos tiempos y no gozaron de excesiva popularidad. Pero en todo caso fueron integrados en el resto del Universo, y ha contado con varios intentos de recuperación, a cargo de autores como Roy Thomas (en la colección de Thor y en un posterior intento de reinicio), Peter B. Gillis, Neil Gaiman o los hermanos Knauf. Sea como sea, han pasado muchos años, y son de ese tipo de personajes con el cual cada uno de los autores implicados ha ido escribiendo historias que en algunos casos pueden contener algunas incongruencias o errores de continuidad. Para ello, e impulsado por la urgencia de sacar material con el que acompañar la adaptación cinematográfica de Chloé Zhao, el guionista Kieron Gillen sacó una serie limitada de 12 números, acompañado del dibujante Esad Ribić. Marvel Deluxe. Eternos: Sólo la muerte es eterna contiene esos números junto a los tres one-shot especiales que se publicaron aparte, y el material de complemento de la serie What If que sirvió de inspiración al guionista para elaborar este complejo ejercicio de integración.

Me temo que para resumir la sinopsis he de ceñirme exclusivamente al detonante de la historia, puesto que esta es una de esas series que va desencadenando acontecimientos que cambian por completo el curso de la narración. Hablar de más implicaría estropear alguna sorpresa y revelar la dirección por la que nos pretende llevar Gillen en su trabajo. No es mi intención hacerlo. Sí puedo contar que la historia arranca con el asesinato de uno de Los Eternos. Cuando el resto comience a investigar, descubrirá que la máquina responsable de traer de vuelta a la vida a aquellos que no pueden morir ha sido saboteada. ¿Quién se oculta tras el asesinato y cuáles son sus intenciones? Para saberlo, tendréis que leerlo vosotros mismos.
Kieron Gillen venía de triunfar con sus series de Image The Wicked + The Divine y Die, y parecía a todas luces alguien capaz de dotar de esa grandiosidad a una serie con personajes que son un trasunto de dioses en el Universo Marvel. Viendo el resultado, no se me ocurre un guionista mejor para haberlo hecho… bueno, sí, pero es que aquí el guionista titular se transmuta completamente a ese otro guionista, y copia algunos de sus recursos habituales: Esquemas, estructuras repetidas de formato, acción cocida a fuego lento… Sí, me estaba refiriendo a Jonathan Hickman. Es curioso ver la titánica labor de documentación que ha realizado Gillen, el respeto por todo lo que se ha escrito antes sobre los personajes, y evidenciar cómo tiene todo medido al milímetro, incluso integrando el trabajo de Jim Starlin con Thanos en la cosmogonía Eterna. Y no le sale nada mal. También se nota la influencia de la versión cinematográfica, con ciertos elementos poéticos o filosóficos.

No se puede negar que esa excesiva planificación da en su primera mitad (o primer arco argumental) un completo deleite para el lector, que ve cómo encaja cada pieza en su sitio y en el momento exacto. No se puede decir lo mismo de la segunda mitad, que sí me ha resultado algo más árida y con un ritmo que ya debería haber sido algo mayor. Sin embargo, el haber planificado que los personajes se cruzasen con el resto del Universo Marvel en el futuro crossover VXE: El día del Juicio, enturbia un poco una historia que, en mi opinión, debería haberse mantenido autónoma en todo momento. Bastante tienes con enfrentar los personajes a Thanos, y se podía haber mantenido esa página final que muestra la idea de lo que va a desencadenar todo ese crossover, pero personalmente creo que el introducir a Los Vengadores en ese último tramo se ve algo impostado que no aporta gran cosa a la historia. Eso sí, tampoco la estropea.
El dibujo de los doce números de la serie recae casi exclusivamente en Esad Ribić, autor con un estilo espectacular que aporta la grandiosidad que necesita la historia. Los one-shots que sirven para contar ciertos momentos de la historia, o el pasado de alguno de los personajes, sí tienen otros dibujantes, a pesar de mantener a Gillen en el guion. Dustin Weaver, Kei Zama y Ryan Bodenheim tienen un estilo muy diferente al del dibujante principal de la serie, pero no entorpece para nada la lectura, ya que respeta bien ese concepto de historia de complemento que sirve de interludio entre arcos argumentales.
El tomo se completa con las cinco historias de complemento de What If, escritas por Ralph Macchio y Mark Gruenwald, que venían a poner un poco de orden en el pasado de los «Eternos conocidos» y explicar de dónde venían conceptos como la Unimente o la Guerra entre Urano y Cronos que tanto peso tienen en esta historia. Además, esta edición Deluxe contiene numerosas portadas alternativas (más de 50).

En definitiva, Marvel Deluxe. Eternos: Sólo la muerte es eterna es un tomo con una etapa muy bien planeada, que pretende establecer el orden definitivo en torno a unos personajes que han sido escritos por tan pocos autores a lo largo de su historia, que necesitaban unas guías para poder comprender de una vez cuál es su papel en el resto del Universo Marvel. Se trata de una historia muy densa, con muchísimo texto, e información relevante que obliga a detenerte cada cierto tiempo, no es el típico tomo que te lees de una sentada. Aún así, considero que si consigues entrar en la propuesta de Gillen, estamos ante una historia muy satisfactoria que exige atención y una lectura detenida. Probablemente de las mejores historias que se han escrito con estos personajes.
Lo mejor: Lo mastodóntico del guion en cuanto a documentación e información aportada por su guionista. El dibujo encaja a la perfección con el tono de la historia.
Lo peor: La inserción «impuesta» de otros superhéroes. Su densidad puede hacerse dura para lectores acostumbrados a obras más ligeras.


