Hace algo más de tres años, la sevillana Editorial Barrett publicó Mono de Trapo, un arriesgado tebeo de un autor no precisamente conocido, Tony Millionaire. De este autor con peculiar seudónimo, salvo un tomo con una pequeña parte de Mono de Trapo, previamente sólo se había publicado una obra en castellano, Billy Avellanas, además de varias historias cortas en títulos de tan distinto pelaje como Aliens, Hora de aventuras o un tributo al Peanuts de Charles Schultz. Y decimos arriesgado porque se trataba de un volumen en tapa dura, en blanco y negro y que se iba a casi cuarenta euros. Pero la apuesta les salió bien: entró en nuestro top de lo mejor de 2020 y un año después fue reeditado en rústica. Quizás no parezca tan arriesgado ahora publicar Maakies, una obra previa del mismo autor que, en cierto modo, cuatro años después de su inicio inspiró Mono de Trapo.

Maakies es una tira de prensa protagonizada por dos animales antropomórficos, el mono Tío Gabby y el cuervo… ehm, Don Cuervo, en una ambientación principalmente naval en lo que parece el S.XIX. Ambos son absurdamente alcohólicos, y no es eso lo más políticamente incorrecto de estos personajes. Los perturbadores temas que vimos en Mono de Trapo, como el suicidio, las drogas, el alcoholismo y la crueldad en general, están presentes también en Maakies, pero en lugar de con el tono casi poético que tomaría en su obra posterior, están tratados aquí incluso de forma histérica. Cuando Tony Millionaire empieza esta tira, está sumido en una profunda depresión, bebiendo demasiado, con serios problemas económicos y mala suerte en el plano emocional. Según contaba el propio autor, Maakies es su forma de abrir su corazón, de escribir y dibujar sobre las cosas que le querían hacer lanzarse a un río. De reírse ante el terror que supone estar vivo. Por mucho humor que haya, y mucha provocación sobre temas que socialmente no está aceptado bromear, como suicidio, homofobia o misoginia, estamos ante una obra que, contextualizada en el momento vital de su autor, resulta ser un grito de desesperación de una persona al límite de sus fuerzas emocionales. Brillante en su ejecución, como todo lo que hemos podido leer de su autor, pero tan dura como macarra.

La edición de Maakies es… extraña. Todo un objeto de coleccionista, sin duda, y hecha con tremendo mimo, pero no es algo a lo que estemos acostumbrados. Por lo pronto, la portada del tomo es una lámina desplegable de 96×27. Pero no es una sobrecubierta de la portada, no. Es la portada en sí, que si la quitamos nos quedamos con las páginas, con los pliegos encolados, en la mano. Una edición impecable, pero inusual. Incluso experimental.
Otro de los detalles que la hacen peculiar es el tamaño de la misma, 31 centímetros de ancho por once de alto, en formato apaisado. No atienden estas dimensiones a caprichos editoriales, sino a decisión del propio autor: según él, este es el tamaño al que deberían haberse publicado en los periódicos en los que salía si no se hubiera reducido. Así, el criterio del autor prima por encima de otras consideraciones y el arte es reproducido exactamente al tamaño en el que fue concebido. Eso sí, más le vale al lector disponer de una mesa en la que apoyar el tebeo cuando lo lea: el ancho del tomo abierto supera los sesenta centímetros. No es un tebeo para leer en el metro, desde luego.

Maakies es una obra magnífica, como era de esperar con el nombre de Tony Millionaire en la portada. Pero también es cierto que es una obra que nos fascina con su arte, nos hace reír en algunos momentos y ponernos serios en otros, y en todo momento tener las tripas encogidas. Una colección de tiras más que recomendable, pero no apta para todo momento emocional. Quizás los días en los que sólo ves nubarrones negros sea conveniente leer otra cosa.


