Siguiendo la estela de reediciones por parte de ECC, llega el turno del segundo volumen de Lucifer , la serie surgida del Sandman de... Lucifer: Muerte y engaño

Siguiendo la estela de reediciones por parte de ECC, llega el turno del segundo volumen de Lucifer , la serie surgida del Sandman de Neil Gaiman y que encumbrara Mike Carey en una serie que alcanzaría los 75 números. Y lo hace manteniendo el formato ligeramente reducido que usara para la anterior edición integral de la serie original (y que podéis encontrar reseñada aquí, aquí y aquí). Al igual que con esta, ECC publicó inicialmente esta serie que hoy nos ocupa en tres tomos a tamaño normal, y ahora publica el tomo integral con los 19 números que conforman esta segunda serie.

La serie arranca donde acabó la de Carey, con Lucifer sin poderes y tranquilamente a cargo de su bar en la Tierra, el Infierno en manos de Mazikeen y la creación a cargo de Elaine Belloc. Todo arranca cuando aparece muerto el propio Dios, y todo apunta en su dirección. El arcángel Gabriel, que ya sufriera su propio destino en la etapa de Garth Ennis al frente de Hellblazer , tendrá que colaborar con el propio Lucifer para investigar sobre el causante de dicho asesinato.


Pongámonos en situación. La serie arranca su publicación muy cercana al estreno de la serie de TV que ahora finaliza Netflix. Todo aquel que conozca ambas versiones sabrá que el cómic y la serie de TV tienen muy pero que muy poco en común, más allá de sus personajes. Una es una historia épica que recoge un repaso por las figuras más relevantes de la Teología, mientras que la otra no deja de ser un procedimental de resolución de casos semanales aprovechando la singularidad de su protagonista. De hecho, cuando uno comienza a leer este tomo (o su edición anterior) corre el riesgo de pensar que todo va a ir en esa dirección: un caso de asesinato, Lucifer ayudando a la investigación… pero no, nada más lejos de la realidad, la serie va por unos derroteros bien diferentes.

Y eso que la responsable del guión de los 13 primeros números de la serie es Holly Black, una guionista proveniente del mundo de la novela fantástica (Las crónicas de Spiderwick ), lo cual despierta más de un prejuicio. Lo reconozco, iba con mucho miedo, precisamente por tener a una escritora «novata» (al menos en el mundo del cómic) y que encima tocaba una de mis series favoritas de Vertigo, si no mi favorita. Ya sabéis, lo que decimos siempre que vemos esos Before Watchmen  o Universo Sandman , ¿qué necesidad hay? Por todo ello, reconozco mi nula predisposición a pensar que fuera a poder llegar siquiera a disfrutarla. Craso error por mi parte.

Holly Black es una escritora de cómics sin experiencia, correcto, pero sus guiones rezuman conocimiento, admiración y respeto hacia las obras originales de Gaiman y de Carey. Conoce bien a los personajes, los utiliza con mucho acierto e intenta construir una historia que mantiene el aroma de la serie original con bastante dignidad. Rápidamente abandona ese «misterioso asesinato» como motor argumental y se centra en hacer una historia como las de Carey: un viaje en el que el Lucero del Alba se va cruzando con personajes que, en el fondo, sirven para invitar a la documentación y reflexionar sobre ciertas figuras teológicas. Y se permite introducir a Pruflas, ese duque infernal con cabeza de mochuelo; o Metatrón, ese arcángel tan dual que toma bastante protagonismo. No por ello abandona a los personajes más habituales de la serie anterior como Mazikeen, Elaine Belloc, Izamani o Susano-o-no-Mikoto, e incluso a algunos secundarios de Sandman  como Caín y Abel o Matthew el cuervo, en cierta visita que sirve de homenaje a la serie que viera nacer a Lucifer como personaje de Vertigo.


El segundo relato que compone ese trasunto de «especial Navidad» que es el número 13 de la colección, así como los últimos seis números corren a cargo de otro novelista que cambia de medio: Richard Kadrey. Mantiene bastante bien el tono de su antecesora, aunque tengo que reconocer que me ha parecido un peldaño por debajo de Black, si bien tenía sobre la mesa demasiados personajes y cabos sueltos (propios de la inexperiencia también de Black) y resolverlo todo con acierto y dar sentido a la presencia de todos ellos se antojaba una tarea bastante difícil. Además, el escritor se permite introducir aún más personajes, uno de ellos Arabelle Crane, una versión femenina de Constantine a la que no le he llegado a encontrar el sentido más allá de hacer un personaje que nos mantuviera en la cabeza el recuerdo del mago continuamente.

Pero lo más destacable de esta serie es el trabajo de Lee Garbett a los lápices, una mezcla de Cliff Chiang y Oliver Coipel pero con la suciedad de la Vertigo de antaño. Un autor que aquí tiene muchos aciertos aunque no llegue a los posteriores niveles que alcanzaría en su Skyward , y con un estilo muy dinámico que explota en las escenas de lucha. Además de Garbett, tenemos la participación, en los dos fill-ins, de autores de un estilo más pictórico como son Stephanie Hans, Marco Rudy o Ben Templesmith.


En definitiva, Lucifer: Muerte y engaño  es como cuando estás a dieta y sabes que no te puedes tomar un donut, pero te zampas un donut light. Sí, es cierto que esta serie no está a la altura de la de Carey, pero deja un gran sabor de boca y te hace recuperar esa buena sensación que tenías cuando te comiste/leíste la original. Respeta a la perfección el espíritu original por encima de la influencia televisiva y presenta un sinfín de nuevos personajes. Toda una sopresa, los que en su día la dejasteis pasar por alto por prejuicios a ver un pastiche innecesario, aquí tenéis una edición integral con la que podéis salir de vuestro error.

Lo mejor: Cómo respeta el espíritu original de la serie. Lee Garbett. Las maravillosas portadas de Dave Johnson.

Lo peor: El último arco baja un poquito de calidad. Dejarse llevar por el rechazo a esta, por otro lado, innecesaria continuación y perderse una obra que rebosa los códigos que nos hicieron enamorarnos de la serie de Carey.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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