En enero de 2022 comenzó a publicarse en Francia la antología LowReader en forma de volúmenes con tres historias cada uno a cargo de los miembros de Label 619. Deudora de la maravillosa Doggy Bags (editada en España por Dibbuks), cada relato nos retrotrae a esa maravillosa época del videoclub que fueron los 80. Serie B, terror, satanismo, acción, sangre, hombres lobo y casi cualquier cosa que os podáis imaginar se han dado cita en sus páginas. Hasta la fecha se han publicado cinco entregas, la última en octubre de 2024. Y desde hace unos meses podemos disfrutar de estas historias en España de la mano de Nuevo Nueve, pero con alguna diferencia.

El sello coordinado por el genial Ricardo Esteban ha optado por publicar cada historia de manera independiente a tamaño comic book, encuadernación en rústica y un póster desplegable al final del cómic. En total tenemos cuarenta páginas por ocho euros. Un precio nada malo teniendo en cuenta que estamos hablando de material europeo.
Hoy vengo a hablaros de la quinta historia, “Dark Reflection”. Una, podríamos llamarla, fábula. Escrita por Guillaume Singelin y Run (coordinador de toda la colección) y dibujada por el debutante Pivwan. En esta ocasión, LowReader se aleja de los homenajes a tiempos pasados para devolver una mirada a la actualidad. En concreto, a la industria del K-Pop.
Este fenómeno musical que explotó en popularidad hace un par de décadas no ha parado de crecer gracias a la influencia de bandas como BTS, Stray Kids o EXO. Tanto, que se mueve en cifras millonarias, de recaudación y de número de fans a lo largo del mundo. Lo que a menudo se desconoce es que muchos de estos músicos viven en un estado de semi esclavitud por parte de las discográficas que les obliga a llevar una calidad vital de lo más cuestionable.

Pues bien, “Dark Reflection” se centra en la banda Samjok-O. Un grupo ficticio, pero cuya historia bien podría recordar a cualquier conjunto de K-Pop verdadero. Para el guion, los escritores se han documentado profundamente (como evidencia el epílogo a cargo del cuervo Lázaro o los dos artículos finales) y han utilizado algunos acontecimientos reales como base para construir a los personajes, sus motivaciones o sus traumas.
Cabe destacar que si miramos a “Dark Reflection” desde el prisma del horror se trata del arco menos sobrenatural de todos los que hemos podido disfrutar hasta ahora de LowReader. Eso sí, esto no quita que no sea terrorífico. Y es que, por desgracia, la realidad siempre supera a la ficción. El equipo creativo realiza una furibunda crítica a la cultura de redes sociales y al cíber acoso que llegan a recibir algunas de las estrellas del género por no cumplir las expectativas de sus seguidores más radicales. Igualmente es interesante la reflexión mostrada sobre el fenómeno fan y la falta de criterio que le acompaña muchas veces.
“Dark Reflection” se lee con verdadero interés gracias a lo que cuenta y cómo lo cuenta. Tanto es así que, cuando llega el momento del desbarre final, a uno le pilla por sorpresa el golpe de timón que nos lleva a un desenlace propio de Quentin Tarantino. Desenlace que si se lee con detenimiento se ha ido preparando desde la primera página.

A nivel artístico, me ha gustado muchísimo el dibujo de Pivwan. En especial, el rico abanico de expresiones faciales de los que dota a los personajes de “Dark Reflection”. Las caras de la protagonista son todo un poema, sirviendo de vehículo a la perfección para que el lector sepa el espectro emocional que está atravesando en ese mismo momento sin necesidad de llegar a leer el bocadillo de texto. Magistral.
En definitiva, Lowreader sigue siendo una alternativa diferente y económica de lo más apetecible para echar un rato divertido leyendo buenos tebeos de terror. En octubre tendremos la sexta entrega, ganazas.


