Los lectores veteranos repetimos como un mantra que lo importante en un cómic no son los personajes, no es la editorial, no es la vinculación con tal o cual evento. Son los autores. Un autor que haya demostrado habitualmente que maneja con habilidad las herramientas que el medio le pone a su disposición es mucho más probable que haga una obra interesante que otro que lo único que sabe hacer es poner a pelear al superhéroe de turno con el villano del mes. Así que ante la publicación de La Guerra Interminable, una novela gráfica de Los Vengadores escrita nada menos que por Warren Ellis (Transmetropolitan, Planetary, Authority…) y dibujada por Mike McKone (Nuevos Titanes, Exiliados…) nos hace agarrar un fajo de billetes y emular a Philip J. Fry y gritar eso de «Shut up and take my money!!!».

Desde su primera edición hace ya más de diez años y como inauguración de la nueva (por entonces) línea de novelas gráficas de Marvel, OGN, La guerra interminable es una obra que ha pasado inesperadamente desapercibida entre los títulos de la editorial, pese a haber sido publicada un año después de la primera película de Los Vengadores y de estar firmada por un guionista de primera fila y un dibujante de probada solvencia. El problema es que la máxima sobre los autores que mencionábamos antes no es infalible. Alan Moore tiene Violator vs Badrock, Frank Miller tiene Holy Terror… y Warren Ellis tiene La guerra interminable. No podemos decir que estemos ante un mal cómic a nivel argumental, que no lo es, más aún sabiendo quién es su guionista. Ellis escribe una historia que se aleja del blockbuster superheroico esperado para haberse publicado en los primeros tiempos de la Fase 2 del MCU y busca adentrarse en los grises de la guerra moderna y el trauma. ¿Funciona? En cierto modo. Es el tipo de historia en la que suele brillar Ellis… pero en esta ocasión no lo consigue.
La historia arranca cuando un arma biotecnológica aparece en el geográficamente variable país en guerra de Eslorenia (en el Báltico según el Marvel Atlas de 2007 y entre Irán y Afganistán en este tomo), despertando viejos fantasmas para varios de los Vengadores. La criatura parece tener conexiones tanto con el pasado de Steve Rogers como con el de Thor, lo que arrastra al equipo a una misión que es tanto física como personal. Mete al equipo en una historia autoconclusiva que mezcla ciencia ficción con conspiranoias, amenazas alienígenas con superhéroes, mitologías con pasados secretos. Todo ello, además, regado con el tono cínico y pesimista con el que Warren Ellis suele usar en sus historias.

¿Cuál es el problema, entonces? A ver. Técnicamente… ninguno. Es un tebeo correcto y bien dibujado, con buenas ideas y una dinámica interesante entre los personajes. Además, es una obra que pretende captar a lectores fuera de los seguidores de la serie regular del grupo dándoles una historia autocontenida y con reflexiones geopolíticas más interesantes que si es más fuerte La Masa o La Cosa.
El problema real es que no consigue atrapar al lector en ningún momento. El ritmo de la historia llega a ser plomizo, los diálogos no llegan a brillar como suele ocurrir en la obra de Ellis (remember Transmetropolitan), la amenaza no llega a percibirse como algo que ponga el destino de la humanidad en peligro y las reflexiones sociopolíticas que hace la obra sobre la guerra se quedan en algo muy superficial. Warren Ellis es un autor experto en fascinar y en agarrarte las tripas y retorcértelas, y aquí se queda corto en todo lo que intenta, siendo, en definitiva, uno de sus trabajos más fallidos. En el apartado artístico, Mike McKone hace un trabajo competente, pero quizás algo más rígido de la cuenta. Su estilo limpio y detallado hace que la narración sea clara, pero en una historia que trata sobre el horror de la guerra y la tecnología descontrolada, quizás habría sido más interesante una aproximación más sucia y visceral.

En definitiva, La guerra interminable es un cómic que se mueve en una zona gris: ni una obra maestra, ni un fracaso absoluto. Es un cómic interesante, correcto, pero que deja la sensación de que, con un poco más de garra en el guion y un arte más impactante, podría haber sido mucho más que eso. Quien se acerque a esta obra atraído por el nombre del guionista, debería tener en cuenta que se va a encontrar una versión de Warren Ellis más cercana a la de Avatar Press que a la de Wildstorm y Vertigo.


