Panini comenzó la aventura editorial de publicar DC Comics en España en abril de 2025. Desde el principio tuvieron claro que el sello Vértigo para lectores adultos debía estar presente en su plan de lanzamientos. Por eso, en menos de doce meses, hemos visto cómo han empezado a recuperarse obras como Hellblazer, La Cosa del Pantano de Alan Moore, Animal Man, Shade, Predicador o Los Invisibles, de Grant Morrison.
Esta última serie, el tebeo más personal de su autor en mi opinión, creo que representa mejor que ninguna lo que supuso la irrupción de esta línea de DC en el mercado americano en el primer lustro de los años 90. Un momento en el que apenas había sellos independientes (Image estaba muy lejos de ser lo que es hoy) y los superhéroes dominaban absolutamente todo.

Hoy en día, dudo mucho que nadie le diera tanta manga ancha a Grant Morrison para que volcase todas sus inquietudes en un cómic como Los Invisibles. Originalmente, la serie surgió tras una experiencia vital del escocés. Un viaje de autodescubrimiento en el que experimentó con otras culturas (y sustancias) y que casi acaba con su vida. Por ello, la obra representa también su despertar creativo. Un nuevo amanecer que aportó clarividencia a su creador, así como la inspiración para escribir un tebeo como nunca antes se había visto.
Los Invisibles es un cómic cuya experiencia lectora puede resultar árida al lector. Es exigente, en ocasiones confuso, extraño pero a la vez resulta diferente, sugerente y gratificante. No considero que sea necesario entender el cien por cien de lo que Morrison quiere contarnos para poder disfrutar. Lo que sí tengo claro es que no dejará indiferente a nadie. Algo que, hoy por hoy, ya es suficientemente meritorio.
La premisa de los Invisibles nos lleva a conocer a Dan, un chaval de instituto inconformista, rebelde, que se encuentra perdido en una sociedad en la que siente que no encaja ni es para él. Un completo gilipollas al que nadie presta atención. Casi me atrevería a decir que Morrison se refleja a sí mismo en el protagonista, haciendo de la revelación de la existencia del grupo liderado por King Mob una metáfora relativa a su propio despertar creativo. A esa experiencia vital que le hizo abrir los ojos y entender la vida como realmente es.

En pocas páginas, conoceremos a los protagonistas principales de la serie y veremos algunos de los pilares sobre los que se sostendrá el título. Sabremos de un conflicto ancestral contra unas deidades diabólicas, una batalla que se libra como una guerra de guerrillas y una sociedad adormecida que no es consciente de la verdad que la rodea. Todo ello salpimentado con altas dosis de humor, acción, conspiraciones y sátira política. Hasta aquí todo bien y el primer arco resulta incluso accesible.
No obstante, a partir del segundo arco, la serie pisa el acelerador sin darnos tiempo a ponernos el cinturón de seguridad, viéndonos atrapados en una vorágine creativa de la que nos será imposible escaparnos. Como títeres en medio de un tornado, Morrison nos cogerá de la mano para llevarnos de viaje a través del tiempo, conociendo a personajes reales y enseñando un poco la patita de lo que está por venir.
A nivel artístico, nos encontramos principalmente con Steve Yeowell, viejo conocido del calvete, con el que ya trabajó en Zenith. Su trazo sucio y anárquico le sienta de maravilla al tono de Los Invisibles. Luego, pasaremos a poder ver páginas ilustradas por Jill Thompson, Chris Weston o Duncan Fegredo, entre otros. Todo un baile de autores y estilos que da forma al principal talón de Aquiles de esta gran obra de ciencia ficción.

En definitiva, Los Invisibles no es una obra para todo el mundo. Su complejidad es algo que se le puede atragantar a mucha gente. Eso sí, si entráis en el juego que se os plantea, os aseguro que no os vais a arrepentir.
PD: Y sí, la polémica que hubo sobre las quejas de Morrison respecto al plagio de los hermanos Wachowski (ahora hermanas) de Los Invisibles para crear Matrix es bastante evidente. Un mundo dentro de otro, una guerra secreta, el despertar de un héroe involuntario…Encima la cosa va a más, según tengo entendido.


