Llegamos por fin a Locke & Key Edición Integral vol. 3, tercer (y por el momento) último volumen de la recopilación integral por parte de Panini, en una edición de lujo que se merecía una de las series independientes más prestigiosas en lo que llevamos de siglo. Un volumen en el que se incluye material publicado después del supuesto cierre de la serie original y que, pese a poder parecer una continuación meramente comercial de la serie original, está a la altura de la historia que nos lleva fascinando década y media.

Antes de nada, dejemos claro una cosa: si ya te compraste en su día el tomo Locke & Key: The Golden Age, ya tienes todo lo que se incluye en este volumen y no necesitas volver a pasar por caja. Locke & Key Edición Integral vol. 3 no es ni más ni menos que esa recopilación de historias extras en el formato de la más reciente edición integral con encuadernación holandesa de la obra de Joe Hill y Gabriel Rodríguez. Dicho lo cual, vamos a lo que nos encontramos en este lujoso libro. Desde el primer momento, The Golden Age se plantea como una precuela ambiciosa que no sólo prolonga el universo creado por Joe Hill y Gabriel Rodríguez, sino que lo articula con respeto —y cierta audacia— con la muy personal obra de Neil Gaiman, The Sandman. Su premisa es tan clara como compleja: situar a los antepasados de la familia Locke en la Gran Guerra, mostrar su relación con las llaves, y preparar el terreno para el choque mitológico que culminará en el cruce con el universo onírico de Morfeo. Pero lejos de limitarse a un mero preludio/crossover deluxe, la obra despliega tres secciones bien diferenciadas que se conjugan con elegancia: relatos breves de presentación, el episodio central de guerra (‘…En pálidos batallones marchar…’) y el deslumbrante crossover con The Sandman —precisamente el punto que hace que esta entrega tenga un valor doble: por lo que aporta a la mitología de los Locke y por la forma en que sitúa a Hill y Rodríguez ante un legado ajeno sin traicionarlo.
Lo primero que llama la atención es lo medido de su construcción narrativa. Las historias iniciales —“Mundo pequeño”, “Abre la luna” , “La cara de la música”— actúan como un pequeño microcosmos, y están diseñadas para presentar esencialmente a los personajes y al escenario: la mansión en la isla de Lovecraft, los relojes, las puertas de hierro, la ambientación de un siglo XX convulso pero cargado de simbolismo. Todo este tramo posee una ligereza engañosa: podría parecer casi anecdótico al principio, pero su función es preparar emocionalmente al lector para el drama que viene. De esa pieza surge el episodio de la Primera Guerra Mundial —el salto que convierte el volumen en algo más que un “relleno”, y lo eleva a una exploración del dolor, la pérdida y la culpa.

Y entonces —y aquí radica el acierto mayor de la obra— aparece el cruce con The Sandman. Los números finales del arco dejan claro lo que ya sabíamos: que los Locke no son simples coleccionistas de llaves, sino actores secundarios de una mitología mayor. Hill no sólo homenajea a Gaiman, sino que lo integra de forma orgánica: Caín, Abel, Lucien, el Corintio, Lucifer —todos aparecen sin excesos ni fanservice barato— y, sin embargo, siempre manteniendo que esto es una historia de los Locke, ante todo. El resultado: una lectura que funciona por capas, donde tanto quienes conocen The Sandman como quienes sólo siguen Locke & Key encontrarán motivos para seguir adelante. Y no solo en lo argumental y en la aparición de personajes tenemos guiños a Sandman: estructuralmente, The Golden Age funciona exactamente igual que Obertura: una historia que debe ser leída después de la obra principal y que cierra enlazando con el principio de la misma.
Desde el punto de vista gráfico, Rodríguez se encuentra en un estado de madurez impecable: el trazo ya no muestra torpezas, el planteamiento de viñetas y páginas posee un ritmo perfecto que combina lo onírico con lo histórico. El color de Jay Fotos refuerza el ambiente con paletas que cambian según el escenario (el campo de batalla, el infierno, la mansión Locke): esta coherencia visual contribuye decisivamente a que el volumen se lea como una unidad, y no como mera agrupación de episodios. Entre maquinaria de guerra, puertas mágicas e intrigas infernales, Rodríguez mantiene el pulso sin recurrir a artificios innecesarios.

Para quien siga la saga principal de Locke & Key, este volumen es imprescindible. Para quien sólo conozca el universo de Sandman, es una puerta de entrada maravillosa a otra casa de puertas sin llave… y de llaves sin casa. Y para el aficionado al cómic que exige reflexión, calidad gráfica y cohesión narrativa, la obra responde con creces. En definitiva: un cómic que demuestra que los cruces entre universos pueden hacerse con oficio y corazón.


