Locke & Key llegó a las tiendas españolas por primera vez allá por diciembre de 2009. Ese primer tomo llamado Bienvenidos a Lovecraft llamó la atención de los seguidores del legendario escritor, aun no teniendo nada que ver (al menos de primeras) con el horror cósmico del maestro de Providence. Poco a poco la serie se ha ido haciendo con un fuerte prestigio, convirtiéndose con el tiempo en un long seller e incluso habiendo tenido una adaptación televisiva. A ello ha ayudado sin duda que su guionista Joe Hill, que por entonces sólo había publicado una novela y un puñado de relatos cortos, se ha ido convirtiendo por el camino en un referente en el género del terror. Este año, algo más de quince años después de la publicación de aquel lejano primer tomo, Panini ha lanzado una nueva edición con las seis miniseries originales y el material extra que ha ido apareciendo con el tiempo. A ver qué nos encontramos en el primer tomo de Locke & Key Edición Integral.

Locke & Key es una obra que comienza con una narrativa bastante convencional, contándonos la historia de lo que queda de la familia Locke, devastada tras el brutal asesinato de Rendell, el padre. Tras este traumático suceso, Nina, la viuda, se muda con sus hijos Tyler, Kinsey y Bode a la Casa de las Llaves, una mansión familiar en el pueblecito de Lovecraft, Massachusetts. Lo que empieza como una historia de curación personal en la que cada uno de los miembros de la familia tiene que lidiar con sus demonios personales, irá creciendo, tanto en lo narrativo, con una historia que se desarrolla, flashbacks mediante, en varios momentos temporales diferentes, como en la temática: lo que parece inicialmente ser una historia en la que una familia lidia con las consecuencias de una home invasion, se mueve pronto hacia el terror y la fantasía con un punto de surrealismo que nos atrapa cada vez más.
Así, iremos entrando -en algún momento, literalmente- dentro de las cabezas de los personajes principales. Nina está destrozada por la pérdida de su marido y abrumada por la obligación de tener que criar sola a sus tres hijos, que también están lidiando cada uno con su dosis de sufrimiento. Tyler se siente culpable, en cierto modo responsable, por la muerte de su padre. Kinsey se siente totalmente perdida y está intentando encontrarse a sí misma. Y Bode, el niño pequeño de la familia, arrastra una serie de miedos inconscientes a los que se podrá enfrentar gracias a un descubrimiento que hace en la casa: una serie de llaves con extraños efectos, que dan peculiares habilidades a quienes las activan. Así, veremos en los primeros momentos una que permite abandonar el cuerpo y vagar como un espíritu, otra que otorga acceso literal a los pensamientos y recuerdos de la persona sobre la que se usa, o la última que veremos en este tomo, una que, unida a una corona, permite controlar a las sombras.

A lo largo de esta primera mitad de la serie original iremos conociendo el origen de las llaves y la entidad a la que están ligadas. No es simplemente una colección de artefactos mágicos sin más, y poco a poco vamos viendo que el alcance de esta historia va mucho más allá del simple asesinato de un profesor de instituto. Joe Hill ha vivido con la literatura de terror como parte de su vida desde pequeño: es el hijo mediano de Stephen King y parece haber heredado el talento de su padre. No se limita a una forma de terror, y en cada una de las miniseries iremos explorando un tipo diferente. Así, en Bienvenidos a Lovecraft tenemos una historia de trauma y pérdida, con un planteamiento inicial realista, crudo y despiadado. En Juegos mentales se explora la idea de los miedos ocultos, del subconsciente, con una brutal representación gráfica de ese concepto por parte del artista Gabriel Rodríguez, que consigue convertir una buena idea en imágenes fascinantes. Y en Corona de sombras, el terror se vuelve a la vez más primario y más físico: los protagonistas se las tendrán que ver, literalmente, contra la oscuridad. Todo ello con la exploración y la revelación progresiva de los secretos de quien está detrás de todo lo que está ocurriendo… y que quizás lleva ahí más tiempo del imaginado.
Si bien Joe Hill es el que crea la historia, es el arte de Gabriel Rodríguez el que convierte la lectura de Locke & Key en una experiencia notablemente diferente a la que nos dan otras obras del género. Su estilo, tan detallado como expresivo, combina el realismo con una imaginación desbordante. Sus personajes tienen un aspecto perfectamente reconocible, y la representación de sus rostros transmite claramente su estado emocional con una sola imagen. Pero es en los elementos fantásticos donde el ilustrador chileno brilla especialmente: cada llave, cada efecto irreal, cada criatura sobrenatural, tienen un diseño fascinante. Pero no es por lo visual por lo que podemos considerar el arte de esta obra por encima de la media: Rodríguez utiliza la composición de página para reforzar el tono de cada escena. Nos encontramos con viñetas abiertas que transmiten amplitud, que contrastan con encuadres cerrados y opresivos en los momentos de tensión. Su dominio del lenguaje visual hace que cada página tenga el impacto narrativo preciso que necesita la historia en cada momento.
La edición de Panini de Locke & Key Edición Integral es impecable. A la lujosa encuadernación holandesa se une un tamaño oversized (no tanto como para resultar incómodo, tan solo un 6% más que un cómic americano normal) para que destaque más el arte de Rodríguez y un papel satinado de alta calidad. Eso sí, la sección de extras no es especialmente extensa: tenemos un par de textos introductorios, portadas alternativas y de los tomos recopilatorios, y los planos de la Casa de las Llaves. Pero, eh, aquí estamos para leer los tebeos, ¿no?

Lo que hace que Locke & Key sea más que solo una gran historia de terror es su carga emocional. No es una historia de llaves mágicas y criaturas de otro mundo -no tan solo-, sino un relato sobre el duelo, el crecimiento y la superación del trauma. Nina, Tyler, Kinsey y Bode no son héroes en busca de aventuras, sino personas rotas que intentan reconstruirse mientras lidian con sucesos que escapan a su comprensión. Hill y Rodríguez logran equilibrar el horror con el drama familiar, dotando a cada personaje de una evolución genuina.


