Decir que Winsor McCay fue un genio al menos 100 años por delante de su tiempo puede considerarse caer en la obviedad. Sin embargo... Little Nemo según Winsor McCay, de Frank Pé

Decir que Winsor McCay fue un genio al menos 100 años por delante de su tiempo puede considerarse caer en la obviedad. Sin embargo su Little Nemo aguanta el paso del tiempo desafiantemente entero y los posibles achaques o anacronismos que le hayan podido surgir en más de un siglo dependen más del formato en el que se publicaban las historias que del planteamiento de estas o su mecánica narrativa. Prácticamente cualquier cómic 50 años más joven que Little Nemo ha envejecido mucho peor. Y si es así, ¿qué necesidad había de esta revisión que nos trae Frank Pé?

Little Nemo según Winsor McCay, de Frank Pé

Pues realmente no había ninguna necesidad en absoluto, pero habría sido una lástima no aprovechar los visionarios conceptos de la fértil imaginación de McCay limitándose solo a lo que pudo publicar en su día. Además si el encargado es un autor como Frank Pé (Zoo) que entiende tan bien la mente del maestro y nos da unas estampas tan espectaculares, este Little Nemo según Winsor McCay es una pequeña delicatessen.

Como poseído por el espíritu teatrero y embaucador de McCay comienza las aventuras de este niño soñador con una introducción en la que nos promete que estas 80 páginas son son el principio de un total de 548 páginas (una menos que el maestro). Debo reconocer que no estoy seguro de saber hasta qué punto esa afirmación es una especie de camelo burlón por su parte, pero lo cierto es que tal como plantea su versión del pequeño Nemo, podría dar para eso y más o bien si no quedarse en este integral, que funciona de manera autónoma.

Little Nemo según Winsor McCay, de Frank Pé

Frank Pé toma todas las claves del maestro y las dota de un estilo tal vez no más preciosista, pero sí más amable a primera vista, aprovechando la ausencia de las limitaciones técnicas y narrativas de principio del siglo XX. Sin embargo, todas las claves principales están ahí: los mundos imaginarios extravagantes, los simbolismos, los juegos narrativos que aprovechan la propia condición del cómic como medio, el surrealismo (del que podríamos considerar a McCay un precursor), las criaturas imposibles, el gag al final de cada tira en el repentino despertar… todo está y a la vez es también perfectamente accesible para un lector que no conozca el original .

No es la primera vez que Frank Pé retoma un concepto de otro autor, considerado casi una vaca sagrada y da su versión repleta de amor y respeto por el original, sin por ello renunciar a su propia aportación. Junto con Zidrou nos dio La luz de Borneo, dentro del ciclo Una aventura de Spirou por…, pero Little Nemo supone un paso adelante donde surge una sinergia en la que las imaginerías de Winsor McCay y Frank Pé se alimentan mutuamente de un modo simbiótico. Frank Pé toma los planteamientos de McCay y le aporta un toque de metatextualidad. Nuestro pequeño Nemo es a su vez también el propio McCay, que cambia de edad y papel a merced del juego onírico. Esto le permite a Frank Pé situarse con una pequeña distancia con respecto a la obra original, que admite así de manera más fluida algunas de las obsesiones de Frank Pé, como los animales o la disección del propio proceso creativo.

Little Nemo según Winsor McCay, de Frank Pé

El aire de acuarela amable casi disneysiana de Frank Pé supone no obstante una cierta dulcificación del estilo abigarrado y casi abrumador de McCay, pero esa musicalidad, ese fluir poético entre viñeta y viñeta del maestro pervive en Little Nemo según Winsor McCay, de Frank Pé. Personajes y animales, objetos animados e inanimados e incluso las manifestaciones físicas de conceptos abstractos se mueven coreografiados en la versión de Frank Pé con una sensibilidad muy similar.

La obra de Winsor McCay no necesita nuevas versiones ni modernizaciones, pero esto no implica que si las que vienen se hacen con el amor de este Little Nemo (o ese Regreso a Slumberland, que pudimos ver hace unos años con Eric Shanower y Gabriel Rodriguez) siempre serán bienvenidas para que nuestro pequeño soñador de 115 años siga creando mundos de fantasía.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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