Una de las cosas más agradables de ser aficionado a los cómics es cuando, salida de la nada, llega una obra de unos desconocidos... Little Bird

Una de las cosas más agradables de ser aficionado a los cómics es cuando, salida de la nada, llega una obra de unos desconocidos que te cautiva tanto o más que tus autores favoritos. Recientemente hemos podido ver este fenómeno en obras como el Head Lopper, de Andrew McLean, o Extremity, de Daniel Warren Johnson, y parece ser que en breve podremos disfrutar de Ice Cream Man, de Maxwell Prince y Martín Morazzo, pero en los últimos meses ha sido Little Bird la última joya escondida aparecida en España, que llega de la mano de Nuevo Nueve en estreno publicando Image con una edición de lujo absoluto.

Little Bird

Su guionista Darcy Van Poelgeest tiene cierta reputación en el circuito norteamericano independiente de cortometrajes como director, productor y escritor, pero Little Bird es su primera experiencia como guionista de cómics. Ian Bertram, por su parte, cuenta con un poco más de experiencia, pero la verdad es que tampoco tanta. Exceptuando Little Bird y La casa de la penitencia, todo lo demás han sido pequeños encargos puntuales aquí y allá.

Y con este breve currículum nos llega una historia a medio camino entre la ciencia ficción y la fantasía, que nos lleva a un futuro distópico donde los Estados Unidos son un imperio ultrarreligioso. Little Bird nos lleva a lo que ahora conocemos como Canadá, donde algunos pequeños núcleos resisten a duras penas el dominio de la teocracia imperialista. Allí conocemos a Tantoo, la líder de uno de estos grupos rebeldes y madre de nuestra protagonista, Pequeño Pájaro. Nuestra historia comenzará cuando Tantoo y su grupo no regresen a casa tras una misión y empiece la cruzada de una niña sola contra un imperio.

Little Bird

A decir verdad, el cuento de las guerras y de los imperios religiosos nos lo sabemos. Es un tropo que, si bien quizá llevábamos un tiempo sin ver, es una constante en la ciencia ficción. Sin embargo esto es solo el marco de una historia que, entre otras cosas, también nos deja una visión casi shakespeariana de los vínculos de sangre y nos ilustra lo que la guerra le hace a las causas nobles y a los hombres, mujeres y niños que luchan por ellas. Mencionábamos al principio Extremity y puede guardar ciertos puntos en común con ella como base, si bien el contexto y el discurso terminan yendo por otro lado.

Lo realmente potente de Little Bird es la construcción de mundo, un mundo que mezcla la manipulación genética con la ultraortodoxia religiosa, que mezcla el trasfondo nativo americano con las arquitecturas geométricas e imposibles de los mundos de Jodorowsky y Moebius y combina la estética de la pulcra tecnología del plástico y metal con un espectáculo de formas orgánicas grotescamente bellas.

Little Bird

Y es que el trabajo de Ian Bertram y Matt Hollinsgworth es el pilar fundamental que hace de Little Bird el tebeazo que es. Obviamente es Van Poelgeest quien hila la trama y desarrolla a los personajes, pero son menos de 200 páginas lo que tiene para desarrollar un mundo en el que tiene que sustentarse todo. Con gran acierto, Van Poelgeest prescinde de darte millones de explicaciones de cómo funciona o qué les ha llevado allí. De hecho estoy seguro de que este mundo no resiste un análisis de coherencia interna, pero aquí llega el trabajo de Bertram.

Cuando decimos que Bertram se lleva de calle el tebeo no es solo por la hermosa extravagancia de esos dibujos con ciertas reminiscencias de Moebius, Hayao Miyazaki, Frank Quitely e incluso Joann Sfar. No es solo que consiga que una masa sanguinolenta de intestinos resulte tremendamente bella. Lo grande del trabajo de Ian Bertram en Little Bird es que no necesitamos creernos el mundo que nos ofrecen a nivel de coherencia histórica, rigor científico o incluso lógica social. Las imágenes que nos da esa afortunada conjunción de Bertram y Matt Hollinsgworth consiguen que nos creamos el mundo con las tripas en lugar de con la cabeza. El mundo que ilustran no necesita toneladas de información superflua porque su sola visión ya nos da sensación de coherencia a nivel de idea y es que aquello de las mil palabras y la imagen se queda incluso corto cuando hay un dibujante que lo sabe hacer. Salvando alguna que otra escena de acción no se mete en malabares narrativos ni composiciones de página arriesgadas. La complejidad y riqueza está en el mundo que ilustra y sobre todo cómo sus personajes interactúan en él.

Little Bird

Existe un viejo debate que vuelve de vez en cuando sobre si es lícito comprar un tebeo por el dibujo y tal vez si por dibujo nos referimos a colección de postales, se pueda discutir más o menos, pero cuando como en Little Bird, la forma de presentarte y mover la historia en imágenes convierten un guion no mucho más que competente en un tebeazo y en una gran historia, amigos, el dibujo de un tebeo puede ser mucho más que el 50%.

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Alain Villacorta "Laintxo"

Fue picado por un cómic radiactivo y ahora ve el mundo a través de viñetas y tiene el sentido de la realidad proporcional de un tebeo. No os preocupéis, no es peligroso... creo...

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