Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

Leyendo entre líneas: ¿Alguien lo dudaba?

Pues sí, vuelve el Capitán América. ¿Acaso alguien lo dudaba? ¿Alguien creía que se lo habían cargado de verdad? ¿O que no pensaban traerlo de vuelta a corto plazo? Por favor…

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Cuando uno ve en todos los telediarios que un personaje de ha muerto, no puede evitar sentirse como el habitante de Metropolis que, tan habituado a ver a Superman surcar los cielos, se burla del foráneo que se maravilla ante dicha visión. Pueblerino…

En otras palabras, que los golpes de efecto ya no son lo que eran, porque ya sabemos lo que va a pasar.

Muchos recordamos la (primera) muerte de Jean Grey. “Tío, que se han cargado a Fénix. Joder, qué fuerte. Qué caña. Qué bestias. ¿Y ahora qué va a pasar? No nos lo esperábamos. Madre mía, qué barbaridad”. Al tiempo resucitó, y fue más de lo mismo: “Ostras, que han resucitado a Fénix. No me digas. ¿Y cómo lo habrán hecho? A ver qué pasa. La que se va a liar. Madre mía, qué barbaridad”.

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No era una práctica común por aquel entonces matar a un superhéroe. Un supervillano podía morir. O al menos, aparentarlo: se le da por muerto, no se encuentra su cuerpo entre los restos de la explosión… pero todos sabemos que volverá a aparecer. TIENE que volver a aparecer.

Matar a un superhéroe es algo distinto. Si muere un villano, hay más para llenar el hueco. Pero si te cargas al protagonista las consecuencias son bastante más peliagudas. Por eso, matar a un héroe en aquella época (hablo de hace 20 años) era algo muy discutido, y que no se podía tomar a la ligera.

Mirad lo que le pasó a Jason Todd. Fueron los propios lectores los que decidieron que, al final de la historia “Una muerte en la familia”, Todd no sobreviviera a la explosión. Y ahí no había dudas: Batman encontraba su cadáver, y estaba muy claro que el muchacho estaba fiambre.

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El caso es que cuando Robin II murió, nadie esperaba que resucitara. En todo caso, se pensaba (acertadamente) que Batman encontraría a otro chico que ocupara su lugar. Pero hete aquí que Jason Todd también ha resucitado. Tardíamente, inesperadamente, pero era algo que no se podía dejar pasar: “Oye, Todd sigue muerto, ¿verdad? Pues… ¡le resucitamos!”

Lo de la muerte de Superman, antes de nadie lo pregunte, estaba todo orquestado. Una extraordinaria maniobra de marketing: anda que no se vendieron tebeos…

Ahora, cuando un personaje muere, ya nadie se lo toma en serio. Incluso resulta que muertes tan claras e indiscutibles como las de Blue Beetle o Maxwell Lord no lo son tanto. Y yo que creía que volarle los sesos a alguien o romperle el cuello hacía difícil la supervivencia…

Y son tantos los que han muerto, pero no han salido en las noticias… Flecha Verde, Caballero Luna, Ojo de Halcón… Y los que me dejo. Del uso al abuso hay un paso. ¿Que ha vuelto el Capitán América? Pues claro, no se iba a quedar muerto, que hay tebeos que vender.  Y dentro de unos meses matarán a… no sé, a Flash. O a Hulk. O a Sue Storm. Da igual. No nos lo creeremos. Levantaremos una ceja, sonreiremos de medio lado y diremos “ya no saben qué hacer”.

Tienen razón cuando dicen que no se venden tebeos por culpa de la crisis. De la crisis de ideas, claro.