Junji Ito es un autor al que le costó entrar en el mercado español. Su primera obra publicada en castellano fue Uzumaki, que llegó... Las caprichosas maldiciones de Sôichi

Junji Ito es un autor al que le costó entrar en el mercado español. Su primera obra publicada en castellano fue Uzumaki, que llegó de la mano de Planeta en 2004. Dos años después, apareció la primera edición de Tomie, en esta ocasión editada por La Cúpula. Y tras ocho años de silencio administrativo, una tercera editorial se decide a probar suerte con este interesantísimo autor japonés. En 2014, ECC se lanza con Black Paradox, y parece que a la tercera va la vencida. Ocho años después de esa primera prueba, ECC ha publicado ya más de cincuenta tomos firmados por Ito y, a día de hoy, es el autor de manga estrella de esta editorial. Tanto es así, que varias de sus obras han tenido nuevas ediciones en un formato más lujoso, flexibook con sobrecubiertas a un tamaño superior al de un tankōbon estándar. Ahora, Las caprichosas maldiciones de Sôichi se une a la línea de lujo en la que ya estaban Fragmentos del mal, Frankenstein o Tomie.

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Los seguidores de Junji Ito estamos acostumbrados a encontrarnos en su obra ambientes malsanos y opresivos, a menudo con un toque lovecraftiano, tanto en el plano del terror cósmico incognoscible (Uzumaki, Hellstar Remina) como en el de monstruosidades hediondas (Gyo). También se acerca ocasionalmente a un terror más convencional, e incluso al humor (El diario gatuno de Junji Ito). Lo que hace en Las caprichosas maldiciones de Sôichi es… un poco de todo.

Sôichi Tsujii es un niño de once años, siniestro hasta lo enfermizo y socialmente inadaptado. Un crío distanciado de la realidad al que la neurodivergencia con una pizca de magia negra le ha convertido en una criatura del terror. Pero una criatura inexperta y que oscila entre aterrorizar a quien se atreva a contrariarle y hacer el ridículo por sus escasas habilidades sociales. Sôichi es un niño capaz tanto de lanzarte un maleficio usando el vudú como de salir corriendo avergonzado porque le ha dado miedo un bicho, dando una extraña sensación entre la grima, aumentada por esos clavos que suele llevar dentro de la boca a modo de dientes, y la pena que en unos momentos te hace reirte y en otros te pone nervioso.
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Aún tocando varios de los palos habituales de la obra de Junji Ito, Las caprichosas maldiciones de Sôichi queda un poco como un bicho raro dentro de su bibliografía. La estructura narrativa es la misma que tan buenos resultados le dio en Uzumaki, historias cortas con un hilo conductor común por el que la trama va avanzando, y la calidad gráfica es la misma a la que ya nos tiene acostumbrados. El problema quizás es que no termina de decidirse por ningún género en particular, dando bandazos de unos a otros y quedando en una extraña tierra de nadie. Aún así, la maestría de Ito es tal que, incluso en una obra que está por debajo de sus títulos más conocidos, no cansa en ningún momento y este tomo de más de quinientas páginas se bebe de una sentada.

La edición de ECC es de similares características a otros flexibook que hemos visto en la obra de este autor. Tapas semirrígidas con sobrecubierta, un tamaño un 40% mayor al de los tankōbon, buena encuadernación y un papel de un gramaje superior al de la edición anterior, sin problemas de transparencias ni de impresión. Aunque este volumen integral salga cinco euros más caro que los dos tomos sueltos de la anterior edición de 2017, el aumento de calidad de este flexibook merece la pena el desembolso extra.

Las caprichosas maldiciones de Sôichi flexibook pg3

Quizás, Las caprichosas maldiciones de Sôichi no sea la obra óptima para iniciarse en el perturbador mundo de Junji Ito. Un lector que se aproxime de primeras a este autor debería acercarse antes a Hellstar Remina o Black Paradox, por poner un par de ejemplos, y venir aquí si siente una conexión con su terror y su forma de contar historias. Los que ya estamos adictos a Ito, podremos disfrutar de Sôichi como se debe y agradeceremos tener una dosis más.

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Enrique

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