Tengo que reconocer que, incluso sabiendo quién es, no había leído nada previamente de Blutch, autor francés al que probablemente podáis conocer de su participación en La Mazmorra, su Lucky Luke o La luna al revés. En el año 2009 recibió además el Gran Premio de Angoulême a toda su carrera. Ahora que el sello Sapristi ha editado La nueva frontera, he decidido acercarme y menuda sorpresa me he llevado con este título que, desde que abres el libro te descoloca. Una obra onírica con un aroma a las películas de Wes Anderson, que descoloca pero mantiene el interés, y acaba hablando temas como el amor y el deseo rezumando, paradójicamente, realismo…

Decía que descoloca desde la primera apertura del libro porque te das cuenta que la obra comienza en las propias guardas, sin ningún motivo decorativo, créditos o una simple página en blanco que prepare para la lectura. No, la primera viñeta la tenemos en las propias guardas de la portada, y a partir de ahí no para hasta el final… Bueno, sí lo hace: los títulos de crédito están casi al final, entre la propia historia. Pero esa presentación no es un mero acto de pretenciosidad o provocación sino que encaja a la perfección con el tono de toda la historia, algo que se puede entender mejor a medida que avanza, aunque de primeras puede parecer que estamos ante una obra surrealista.
B viaja a Bruselas para encontrarse con A. Cuando llega al hotel ella todavía no ha llegado, y comienza un viaje y una búsqueda común entre ambos que acabará involucrando a nativos americanos de la tribu Piel Roja, a botones de hoteles, viejos sabios, una misántropa suiza, ejércitos combatiendo entre sí… y un sinfín de personajes de todo corte. Todos demorando el inevitable encuentro entre los dos protagonistas: B, de mediana edad, incipiente calvicie que cubre con un sombrero de cowboy, y A, una chica con corte de pelo masculino y figura escuálida. Dos personas que acabará cuando se encuentren, consuman el deseo… y se enamoren.

Y digo la anterior frase con ese orden, porque si hay algo que salta a la vista en esta obra son los continuos saltos en el tiempo, a todos los niveles, desorden y caos. Sin embargo, es lo que se podría decir un caos ordenado, puesto que la historia transcurre con una sensación de linealidad que hace que lo absurdo se difumine, se vea como algo aceptable, en cierto modo… nos cuadra. No es como otras historias con un corte más surrealista en la que lo que vamos leyendo no tiene sentido, y se corre el riesgo de perder el hilo y salirnos de la historia. Aquí, por absurdo que sea lo que sucede, nos deja con la sensación de querer seguir leyendo y averiguar cómo va a acabar.
Por eso cuando decía que me recordaba a Wes Anderson sin duda es por sus películas más recientes, que se mueven entre lo absurdo pero dentro de una corrección tanto formal como en el discurrir de la acción, un orden, pero bien podríamos citar a Fellini o Godard, por lo poético de sus imágenes. Aquí la historia tiene mucho de metáfora y sobre todo, de representación onírica. Se busca a la pareja, sobreponiéndose a cualquier dificultad u obstáculo, el viaje de cada uno de ellos tiene sus propias temáticas, sus intereses, pero el fin es común, ambos van a llegar al mismo sitio. De hecho, hay que hablar un poco sobre el título: aunque en España se ha traducido como La nueva frontera, el título original es La mer à boire, algo que se podría traducir como El mar para beber, pero que es una expresión que en francés viene a significar algo parecido a «no es gran cosa» o «no es para tanto». El título aparece en una viñeta concreta de un momento específico que permite reflexionar sobre las diferentes interpretaciones, tanto en un idioma como en el otro. Os dejo a vosotros descubrirlo y reflexionar sobre ello, que tiene su gracia.
El dibujo de Blutch lo podríamos definir como expresionista, las emociones se encuentran por encima de la realidad y sirve de pegamento para esa ruptura continua con lo que tiene sentido. Con unas formas escuálidas, tiene un lenguaje corporal y una plasticidad en los movimientos que resulta muy atractiva a la vista, y además son personajes realistas. En lugar de mostrar a un hombre y una mujer bellísimos con cuerpos esculturales, elige como protagonistas a una chica delgada, casi sin curvas y un tipo que parece algo mayor que ella, con su calvicie instaurada por completo. Con ello conecta aún más con los lectores, y transmite realismo, aunque choque de frente con el tono onírico predominante en toda la obra.

En definitiva, La nueva frontera es una de esas obras con las que hay que conectar, pero si te gustan las historias bien dibujadas y narradas, que te sorprendan por su estructura y por moverse entre lo real y lo irreal con equilibrio e inteligencia, creo que te puede merecer la pena acercarte a ella. Por su extensión y la agilidad de su narrativa es de esas obras que invitan a descubrir nuevos detalles con relecturas. De esos cómics que posiblemente pasen más desapercibidos de lo que merecen por la avalancha de novedades editoriales, pero que si acaba en vuestras manos seugro que os dejacon el mismo buen regusto que me ha dejado a mí.
Lo mejor: Lo contenido que está todo lo onírico. El dibujo es muy expresivo. La reinterpretación que permite cuando avanzas.
Lo peor: Si no te gusta pensar mucho con una lectura, y buscas una evasión rápida, tal vez no consigas conectar en ella.
