La artista canadiense Boum (Samantha Leriche-Gionet) lleva décadas trabajando para animación y en los últimos 15 años exclusivamente cómic. Pero ha sido la obra de la que hoy hablamos, La medusa, la que por fin la ha lanzado al estrellato, haciéndola merecedora de numerosas nominaciones y premios a lo largo de todo el mundo, hasta el punto de que fue la que le «arrebató» el Eisner a Paco Roca con su Retorno a Edén y a Sole Otero con su Naftalina por la mejor edición estadounidense de material internacional. Ahora, de la mano de Ediciones La Cúpula llega una obra sumamente interesante por el mensaje que transmite y por cómo utiliza el cómic para contar una historia con tintes autobiográficos sobre la pérdida de visión.

La autora lleva padeciendo numerosas dolencias oculares durante años, desde uveítis (inflamación ocular muy dolorosa) hasta la pérdida total de visión en su ojo derecho, como consecuencia de una esclerosis múltiple. A pesar de que durante nueve años realizó historias autobiográficas en su cómic independiente Boumeries, con La medusa decidió usar su propia experiencia, sus propias vivencias y las de su familia, pero traspasarla a otro personaje. Ya tuvo suficiente durante esos años en los que publicaba anécdotas personales con su marido y sus hijos con un tono evidente cómico, y por eso con esta obra decidió poner un mínimo de distancia.
De hecho, lo que cuenta en la obra está basado en su experiencia y sus síntomas, pero no con un rigor médico estricto, en el sentido de que la uveítis y la pérdida de visión no se manifiestan exactamente como le sucede a Odette, su protagonista. Cuando Boum comenzó a presentar esa inflamación ocular ella lo que veía eran lo que se conoce como moscas voladoras o miodesopsias, pero ninguno de los profesionales que la atendía le daba un diagnóstico o le decía qué le pasaba, y de ahí que, cuando hablaba con su marido, le daban ese nombre de medusa a lo que ella percibía, y a partir de esa vivencia y ese mote decidió contar esta historia. Pero generalmente las moscas voladoras de la uveítis suelen ser muy dolorosas e ir acompañadas de visión borrosa, aunque aceptamos la licencia narrativa para esta obra porque, además, la enfermedad no es el verdadero mensaje de este cómic, sino que sirve como recurso narrativo y conduce al verdadero protagonista de la obra: el acompañamiento en la enfermedad.

La obra nos hace acompañar a Odette, una joven que un día comienza a ver «una medusa» y acude al optometrista que le informa que probablemente sea una inflamación sin importancia, pero poco a poco comienzan a aparecer otras nuevas, y cada vez van apareciendo más y más, hasta el punto de convertirse en toda una limitación para ella. A partir de ahí comienza una verdadera gymkhana de pruebas complementarias, valoraciones por oftalmólogos en los que se pone de manifiesto la falta de empatía de algunos profesionales. Odette se ve absolutamente aterrada ante la incertidumbre y la falta de información recibida. Tiene a sus amigos y a una pareja con la que está comenzando a salir, así como una madre hiperprotectora. Pero ese miedo lo vive en soledad, como temiendo que compartir el diagnóstico fuera a hacer que se asusten y acaben abandonándola.
Lo más interesante de la obra, y lo que más llama la atención cuando hojeamos el libro antes de comenzar la lectura, es ese planteamiento en el que Boum decide compartir su experiencia con el lector. Para ello, dibuja las medusas que van acompañando a Odette, primero anecdóticamente, como esas manchas de acuarela que se encuentran alrededor de la protagonista, pero a medida que va avanzando la obra y va empeorando de sus síntomas, las medusas comienzan a impedir al propio lector ver la página por completo, tapando información y dificultando la lectura, como le sucede a Odette en su día a día. Es interesante porque para ello, cabría esperar que la obra fuese a estar narrada en primera persona, desde el punto de vista de la protagonista, pero sin embargo no es así, la vemos en todo momento, y esas medusas rodean al personaje, pero cumplen la función pretendida. Me parece muy inteligente por parte de Boum, porque consigue así que el lector comprenda mejor la sensación, que tome cierta distancia, a pesar de lo paradójico de mostrar las medusas en una perspectiva en tercera persona. Creo que funciona bastante bien.

En definitiva, La medusa es una obra que consigue transmitir la angustia de su protagonista, la incertidumbre y el miedo a la limitación que le provoca la falta de visión, pero contado en forma de slice-of-life con una moraleja muy evidente: la necesidad de tener un apoyo fiable ante cualquier adversidad que nos acontezca, sea una enfermedad como podría ser cualquier otro tipo de contratiempo. Una obra original, con una gran trabajo a la hora de mostrar cómo una pequeña limitación puede irse convirtiendo en una losa cada vez más pesada que nos permita hacer tareas sencillas por nosotros mismos, pero dejando también lugar para hablar de otros temas como las relaciones familiares, de pareja o profesionales, en una historia que se lee con una gran fluidez. Muy recomendable.
Lo mejor: La manera en que está planteada y cómo aprovecha los recursos únicos del cómic. Anécdota gráfica aparte, es una obra muy interesante de leer.
Lo peor: No es un reflejo fiel de una determinada patología, aunque tampoco lo pretende.


