Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

La madre de los hermanos Blood

La madre de los hermanos Blood
Guion
Brian Azzarello
Dibujo
Eduardo Risso
Traducción
Hernán Migoya
Formato
Cartoné. 224 páginas. Color
Precio
36€
Editorial
Norma Editorial . Mayo 2026
Edición original
The Blood brothers mother #1-4 (DSTLRY)

La madre de los hermanos Blood no es el primer western que escribe Brian Azzarello. Ahí están El Diablo, junto a Danijel Žeželj, o Loveless, con Marcelo Frusin. Para Eduardo Risso, sin embargo, el género era casi territorio inexplorado y, de hecho, todo apunta a que este proyecto nace precisamente de una iniciativa del dibujante.

Conocemos a este par sobre todo por su colaboración en 100 Balas, pero a nada que hayamos leído otras obras de este dúo creativo como Moonshine o Johnny Double, ya sabemos que lo que les pierde es un género negro negrísimo. Incluso cuando se adentran en otros, como la ciencia ficción de Spaceman, el noir está ahí con lo que La madre de los hermanos Blood tampoco es una excepción. Esta vez las balas las disparan viejos Colts, pero seguimos jugando en territorio conocido.

Con el mundo criminal como el punto de partida primigenio del noir, los forajidos del oeste hacen perfectos candidatos para una historia que hibrida ambos géneros. Pero también los diálogos secos y cortantes de Azzarello, la moral dudosa, la violencia y la decadencia han quedado como parte de la columna vertebral del western moderno desde los tiempos del spaghetti. Sin embargo, no son solo estos los ingredientes y referentes con los que juegan Azzarello y Risso en La madre de los hermanos Blood. Tienen también un ojo en westerns más clásicos como Centauros del desierto y, por supuesto, los gigantes europeos en cómic, como Blueberry, Jerry Spring o Comanche. Sea como sea, antes de indagar más en todo esto, pongámonos primero en el punto de partida de esta historia.

Si bien pueden jugar brevemente al despiste al principio sobre la identidad de estos hermanos Blood, todo comienza cuando un grupo de forajidos secuestra a la madre y asesina al padre adoptivo de nuestros tres niños protagonistas. La madre de los hermanos Blood sigue dos historias que discurren paralelas: la de los tres niños arrojados a un mundo hostil y despiadado a la búsqueda de su madre y la de esta con un grupo de forajidos y un pasado que la persigue.

Se da la curiosidad de que el western es un género genuinamente norteamericano que, sin embargo, no sería lo mismo sin las miradas externas. Fundamentalmente desde Europa ha llegado una mirada, que es a la vez veneración y crítica descarnada y difícilmente podría haberse generado desde dentro, sin la cual aún persistiría una visión mucho más clasicista. Hoy, es imposible entender el western sin lo que aportaron en el cine Leone o Corbucci, o en el cómic Giraud o Hermann, por ejemplo.

Actualmente vivimos además unos años donde las escuelas de cómic según su procedencia se han ido diluyendo y mezclando, pero en eso ya llevaban mucha ventaja los autores argentinos. Años antes que en cualquier otro lugar, bebían ya de Francia, Italia, Reino Unido o Estados Unidos sin distinción cráneo una identidad única. Risso pertenece precisamente a esa tradición de autores argentinos que nunca entendieron las escuelas nacionales como compartimentos estancos y es un hecho característico de La madre de los hermanos Blood.

Cierto que el sello de Azzarello es evidente, con su diálogos marca de la casa, su desoladora desesperanza y fe en la humanidad y su violencia descarnada. Sin embargo, La madre de los hermanos Blood es el homenaje personal de Eduardo Risso a todo un género.

Es como si no se quisiera dejar nada: el viaje, los colonos, los forajidos, los cazarrecompensas, los indios, el ejército, los buscadores de oro, la horca, el tiroteo-asedio… todos los mil y un pequeños subgéneros del western están en esta historia. Hablar de influencias a nivel gráfico en un consagrado como Risso puede resultar un tanto fuera de lugar porque Risso en sí mismo es un referente, pero se me hace oportuno mencionar a Jordi Bernet, uno de los ecos habituales de su estilo, que se hace particularmente pertinente en este género. No tan presentes de manera habitual en su obra y sin duda con un importante peso en el registro de La madre de los hermanos Blood serían los inevitables Jean Giraud y Hermann Huppen. Y como una nota muy al pie y como pura apreciación personal, me gustaría mencionar lo mucho que los niños de Risso me traen a la cabeza a los pequeños protagonistas de Paracuellos.

En cualquier caso —decíamos— Risso es Risso y es una identidad inconfundible. En este trabajo, por el que ganó el premio Eisner al mejor artista multimedia/mejor pintor, observamos un hincapié en los planos extremos tan del spaghetti western, o muy abiertos a grandes parajes o cerrados a un detalle de expresión, pausas silenciosas la mayoría de ellos entre la áspera verborrea de Azzarello, para crear silencios, ritmo y atmósferas. Y es que el western no va tanto de argumentos sino de escenarios y en lo que transforman a quienes los cruzan. Por eso tal vez Risso ha decidido hacerse cargo de el color él mismo, con esas acuarelas que recuerdan a los viejos clasicos europeos, pero con el foco en los sofocantes amarillos naranjas y rojos del desierto, que rompe de vez en cundo con violetas de una espectacular belleza, tal vez solo para recordarnos que la belleza tambien puede ser cruel.

No es de extrañar que el homenaje de Azzarello y Risso al western nos lleve el noir a la frontera y deje evidencia de lo bien que maridan estos dos géneros. Para comprobarlo, acompañaremos a los tres hermanos, Daniel, Simon y Jack, así como al resto de protagonistas en un viaje de aciago destino en el que muchos saldrán transformados y otros… otros simplemente son lo que son y no tienen remedio.