La estación es uno de esos cómics con los que nos cruzamos de vez en cuando, que no hace mucho ruido y que vemos en esta o aquella tienda sin que hayamos oído darle mucho bombo y que, cuando le damos una oportunidad, suponen una sorpresa y nos extraña que no haya resonado más entre el mundillo. Llega de la mano de Andana Gráfica, editorial que se está especializando en publicar sleepers, títulos que inicialmente no llaman mucho la atención pero que suponen sorpresas muy agradables.

El cómic se presenta como una distopía ambientada en una estación de ferrocarril de una población masificada, centro neurálgico de paso para miles de personas, en la que Hannah, su directora, tiene un poder similar al de cualquier dirigente del país, por la relevancia del punto que supervisa. Un día conoce en una fiesta de empresa al músico que han contratado para ambientarla, e intercambia un par de palabras con él, cayendo al instante perdidamente enamorada de él. Esto la lleva a enfocar toda su vida a intentar mantenerlo a su lado, aunque eso la lleve a cometer ilegalidades como retirarle el pasaporte e impedir que abandone la estación.
Desde las primeras páginas, Raphaël Geffray deja claro que la obra que estamos leyendo tiene muchas capas de lectura, con una intención de mostrar a modo de sátira muchos temas de la actualidad: el abuso de poder, la corrupción política, el amor tóxico o la confrontación de las huelgas y las quejas sindicales por parte de las cúpulas empresariales. Todo ello con un tono muy cercano a Orwell o Kafka, presentando al pobre músico como un preso de la situación en la que no tiene sentido rebelarse, levantando la frustración del lector ante la injusticia. Se nos van a venir a la menta varias obras de estos autores, pero no son una mera versión, sino una obra que comparte los mismos códigos y que tiene intenciones similares.

A través de un dibujo sencillo, dominado por planos generales alejados, y utilizando viñetas laberínticas, nos sitúan en esa sociedad de la que no vamos a saber nada sobre su funcionamiento, pero la sentimos asfixiante. Ese enfoque siempre tendiendo a la distancia nos ayuda también a sentir la despersonalización de una sociedad en la que los políticos (aunque Hannah sea la directora de una estación de ferrocarril, se siente en todo momento como una política) ya no se molestan en disimular, y priman sus intereses personales a los de la sociedad. ¿Os suena? Hay diálogos inteligentes y personajes muy certeros, como la asistente de Hannah, siempre preocupada por hacerle la pelota a su jefa, aunque eso implique cometer ilegalidades, teniendo siempre presente la meta de ascender en su puesto, algo aceptado por ambas. Pese a ese enfoque con tendencia a planos generales, el autor utiliza el recurso del color para asignarle tonos propios a cada uno de los personajes importantes, algo que hace que localicemos en todo momento a cada uno de ellos.
Da algo de miedo ver esta historia en la que existe un evidente tono satírico, pero que si te paras a pensarlo, y más en los momentos actuales que vivimos políticamente en nuestro país, podría no faltar demasiado en llegar a estos extremos. Temas como la toxicidad del amor de Hannah a la que le da igual lo que pueda sentir su enamorado, la impunidad con que ningunean a los trabajadores que luchan por sus condiciones laborales… son algo que cada vez suena menos ajeno, a lo que nos estamos acostumbrando y vemos con normalidad. Lo aceptamos.

En definitiva, La estación es una obra muy interesante que mezcla ciencia ficción con crítica política e incluso social, en la que se nos dirige de un modo que hasta nos dicen qué música debemos considerar buena o no. Una obra que, salvando las distancias, me ha recordado mucho al que podría ser el sleeper de hace unos años, Upgrade soul, una obra con la que comparte esa crítica a lo que podría ser nuestro futuro y en la que se nos lanza a la cara las cosas que, sin tener por qué, hemos acabado aprobando como aceptable. Cómic bien dibujado de esos que nos hace pensar y darle vueltas a la lectura una y otra vez.
Lo mejor: La sutil sátira a muchos temas. La agobiante composición en ocasiones y lo bien que ambienta la historia.
Lo peor: Que pase más desapercibido de lo que merece.


