Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

La espera, de Mario Trigo

La espera, de Mario Trigo
Guion
Mario Trigo
Dibujo
Mario Trigo
Formato
Rústica con solapas.19 x 26 cm. 176 páginas. Color
Precio
24,95€
Editorial
Garbuix . Febrero 2026

No es muy habitual el documental en el mundo del cómic. Tal vez no sea el medio más proclive a cultivar este género ni puede ser tampoco lo que esperamos encontrar al abrir un tebeo. Sea como fuere, no hay tantísimos ejemplos, pero hay algunos que consiguen sacarle partido y llegar a un grado de simbiosis al que tal vez no se puede llegar en el cine o la tele. A bote pronto, me vienen a la cabeza joyas como Alice in Sunderland, Logicomix, prácticamente toda la obra de Joe Sacco o, en cierto modo, el más reciente Raíces de ginseng. No es tan habitual sin embargo en comics de producción nacional encontrarnos cómics como La espera.

Mario Trigo es un autor novel, uno de tantos que desarrollan sus carreras profesionales por otros derroteros, pero mantienen su afición por los cómics y la pulsión por crearlos esperando el momento. En este caso ese momento parte de un acontecimiento real en el transcurso de su profesión. En 2015, Mario Trigo realizó un viaje a Riaño (León) por encargo de la revista Altair Magazine para hacer un reportaje sobre el avistamiento de una camada de lobos.

La espera, de Mario Trigo

Desde las primeras páginas, Mario se nos muestra un enamorado del trabajo de Félix Rodríguez de la Fuente desde niño, con lo que el arraigo que tanto la figura del lobo, como el género documental tienen para él a nivel personal son centrales en La espera.

Sin embargo, La espera no es el mero relato de la experiencia, sino que, como mencionamos con Alice in Sunderland o Raíces de ginseng, Mario Trigo establece toda una serie de ramificaciones con respecto a la figura del lobo a nivel histórico, cultural e incluso mítico y las entrelaza con una reflexión sobre el mismo hecho de la espera a la que alude el título, de ese espacio para la contemplación, la reflexión, incluso la incertidumbre pero también el tomarse un momento para aposentar ideas, examinarlas y hacerse preguntas.

La tormenta de ideas, la multiplicidad de puntos de vista y esa cierta poética del planteamiento hacían del documental el formato perfecto y el cómic, por sus peculiaridades a la hora de simultanear registros representativos y jugar con la medida del tiempo, se postula como el medio adecuado.

Pero todo esto no se percibe tanto como una suerte de fría tesis académica, sino como un relato cercano, pero con resonancia, como los que hacía su maestro Felix Rodriguez de la Fuente. El trabajo de Mario Trigo va, no obstante, más allá porque no se limita al entorno natural y su aureola de leyenda, sino que relaciona su propuesta con la historia y la política de la región, con el mito del lobo en la cultura pop y en la mitología desde el principio de los tiempos, con la propia evolución biológica e historia del lobo, el ,ismo relato del viaje e incluso la propia experiencia personal del autor en un momento en el que estaba a punto de ser padre. Todo esto funciona con una especie de pegamento poético que hace que sea una sola cosa y funcione como un solo relato.

La espera, de Mario Trigo

Durante su reportaje, Mario Trigo decidió no llevar cámara, sino lápiz y papel. Cierto que una foto también requiere esperar el momento, una cierta preparación y análisis del terreno y el instante, pero dibujar requiere tomarse aún más tiempo, pensar en lo que tienes delante de la vista, pero también lo que queda oculto para entender cómo funciona y poder ser representado. Dibujar requiere comprensión, reflexión, exploración e imaginación y todo esto queda patente en La espera.

Cada capítulo descubre una faceta distinta normalmente del lobo, pero como extensiones del mismo, todos los demás temas presentes en el libro y que ya hemos mencionado. Cada capítulo tiene así su tono, su diferente enfoque narrativo y su propio sistema de planteamientos de página, siempre dentro de un marco común de coherencia gráfica. Pese a ser un autor novel, hay mucho oficio en el dibujo de Mario Trigo. No es tanto un virtuoso del dibujo como un apasionado, interesado es descubrir sus posibilidades, indagar en las opciones narrativas del cómic y perderse en el viaje solo lo justo para dejar un hálito de divagación poética sin llegar a perder de vista el objeto de estudio y veneración que mueve La espera a nivel narrativo y plástico.

Al final, ese lobo mítico que recorre las páginas de La espera es muchas cosas a la vez: el animal real, esquivo y fascinante; el adversario ancestral; la criatura mítica que atraviesa culturas y relatos; y también una construcción mental que se transforma según quien lo mire. Mario Trigo juega constantemente con ese desdoblamiento entre mito y realidad y deja que cada uno se adueñe del otro, sin delimitar dónde empieza y acaba cada uno. El autor encuentra en el cómic una herramienta privilegiada para apropiarse de esa ambigüedad, que interpreta, digiere y reconstruye, permitiendo que lo visible y lo invisible convivan en una misma imagen.

La espera, de Mario Trigo

El relato de primer plano no deja de ser un hilo conductor, casi una excusa, una parte más al final de este de este gran constructo a medio camino entre documental y el mito. El lobo no es solo un animal sino todo lo que está a su alrededor. En La espera se detiene el tiempo para relacionar lo inmediato con lo histórico, lo cultural y lo íntimo, la memoria, la imaginación, la leyenda y la experiencia, cada una con su propio lenguaje visual, a veces en paralelo, a veces entrelazándose.

Naturaleza, folclore, lenguaje plástico y poético… no es tanto el malabar técnico para que todo encaje, sino en su capacidad para hacernos partícipes de ese proceso, de inmiscuirnos en el relato dejando al margen el constructo técnico para adentrarnos en lo que encierra, para invitarnos no solo a mirar, sino a detenernos, a pensar y a dejarnos atravesar por las mismas preguntas que se formula su autor. Como la obra de Félix Rodríguez de la Fuente, hay en La espera una voluntad divulgativa, pero también una dimensión casi poética, una puerta abierta a que contemplemos y nos hagamos partícipes del mito con nuestras propias ideas y experiencias. El lobo es el centro de todo, sí, pero tal vez al final es también solo una excusa para que nos permitamos ese momento de La espera.