Mi primera relación estable con el Conan de los cómics comenzó en 1998, con la segunda edición que Fórum hizo de la serie Conan... La Espada Salvaje de Conan 5: Los espectros del castillo carmesí

Mi primera relación estable con el Conan de los cómics comenzó en 1998, con la segunda edición que Fórum hizo de la serie Conan el Bárbaro. El relanzamiento en una edición cronológica y en formato original, con el siempre imprescindible Barry Windsor-Smith en sus primeros números seguido del icónico John Buscema, era un reclamo al que prácticamente ningún lector de cómics podía resistirse. Pero recuerdo que un compañero de correrías de la época me dijo que, aunque Conan el Bárbaro era un tebeo que estaba bien, la publicación realmente buena de Conan era Espada Salvaje. Eso sí, intentar aproximarse a esa otra serie, terminada un par de años antes y habiendo llegado a las 171 entregas a lo largo de catorce años era una tarea complicada. Tampoco ayudaba el hecho de que la edición de Fórum pareciera estar planificada con un dado, y que los primeros números publicados en la serie española fueran 14, 34, 59, 28 y 65. Tocaría esperar a una edición más ordenada y más accesible. Los tomos de Super Conan cumplían lo de accesible, pero su ordenación  era similar a la de la revista en grapa.

Años después llegó el coleccionable semanal que la propia Planeta lanzó, ya sí, con ordenación cronológica. El problema en esta ocasión fue una bajísima calidad de reproducción que no alcanzaba los mínimos aceptables. Con el paso a Panini de los derechos del personaje, una nueva edición llegó a las librerías especializadas: la Marvel Omnibus de tirada limitada, que tuvo tanta demanda que fue prácticamente imposible hacerse con ella. Poco después vio la luz la Biblioteca Espada Salvaje de Conan: una edición cronológica, accesible, asequible y con buena calidad de reproducción. A la quinta va la vencida. Algo más de veinte años después de poner mi ojo en La Espada Salvaje, por fin estoy llenando ese hueco en mi colección.

espada salvaje 5 pg1

Y la verdad es que mi amigo tenía toda la razón. Es cierto, en Conan el Bárbaro tenemos números memorables tanto en la época de Barry Windsor-Smith como en la de John Buscema… pero en Espada Salvaje tenemos Clavos Rojos, Nacerá una bruja y tantos otros momentos legendarios del personaje. A ello ayudan principalmente tres factores. Posiblemente, el principal era que, al ser este título una revista en lugar de un cómic, no estaba sujeto a la censura del infame Comics Code Authority, con lo que la mayor libertad creativa permitía un enfoque más adulto a las historias protagonizadas por el Cimmerio. También había que tener en cuenta la mayor extensión de las historias publicadas en ella. Tanto Conan el Bárbaro como Espada Salvaje eran series de números habitualmente autoconclusivos, pero mientras que las de Bárbaro estaban en torno a veinte páginas, la historia principal de Espada solía irse por encima de las cuarenta, lo que permitía un mayor desarrollo de las tramas planteadas. Y, por supuesto, el dibujo en blanco y negro daba a los autores implicados una mayor posibilidad de lucimiento. Y vaya si se lucían.

Espada salvaje 5 pg2

Este quinto tomo tiene tres historias y un complemento, dibujada cada una de ellas por un autor que, a día de hoy, se ha ganado a pulso el calificativo de legendario. Arranca con Los espectros del Castillo Carmesí, dibujada por John Buscema. Una historia con los ingredientes habituales de la Era Hyboria, brujería, monstruos, espadazos y bellas mujeres florero -sin pretender justificarlo, hay que contextualizarlo: es un cómic escrito hace casi cincuenta años que adapta una historia escrita hace casi un siglo- con un acabado, artístico y literario, mucho más pulido que lo que se veía en su publicación hermana a color. Quizás el entintado de Alfredo Alcalá no sea el que mejor le venga a Buscema, pero ha terminado resultando tremendamente icónico, y se reconocen a la perfección los autores del trabajo de lápiz y tinta.

La segunda historia, Los dioses de Bal-Sagoth, es una rareza dentro de la publicación: estamos ante la única reedición que vio la luz en este título a lo largo de los más de veinte años que estuvo en el mercado. Se debió a un retraso en el trabajo del dibujante del siguiente número, que Roy Thomas explica detalladamente en uno de sus muy interesantes artículos, y tenemos aquí una versión en blanco y negro de la historia en dos partes publicada en Conan el Bárbaro 17 y 18, dibujada por Gil Kane, en la que vemos el segundo encuentro entre Conan y Fafnir, el ladrón de Vanaheim que debutó en Alas diabólicas sobre Shadizar.

La tercera historia es un número memorable por muchos motivos. Sombras en Zamboula es el número que Fórum eligió para inaugurar la edición española de Espada Salvaje hace ya casi cuarenta años, está dibujada por el magnífico Neal Adams en la cumbre de su carrera… y es el motivo por el que el tándem Roy Thomas/Neal Adams se disolvió definitivamente. De nuevo, el propio Thomas lo explica con todo lujo de detalles -y una cierta dosis de amargura- en el interior.

Cerramos el tomo con unos complementos dibujados por Walter Simonson en los que, como relato ilustrado, se hace un repaso a la cronología de la Era Hyboria. Algo parecido a lo que Stan Lee y Jack Kirby hicieron en Relatos de Asgard, pero con la obra de Robert E. Howard. Una curiosidad sin más, pero una curiosidad dibujada por Simonson aún al principio de su carrera es un arte para recrearse en él un rato.

Espada salvaje 5 pg3

Tenemos aquí una muy buena muestra de lo que es Espada Salvaje. Y al estar compuesta por historias independientes, cada tomo puede ser leído independientemente de los demás. Así que si alguien quisiera, por ejemplo, tener el número de Neal Adams pero no le interesa el personaje, podría leerlo sin problemas. Pero cuando ese posible lector puntual vea el nivel al que está esta publicación -y que la edición y el precio de Panini son imbatibles- se sentirá tentado de hacerse con los números anteriores. Avisados quedáis.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

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