Gratísima sorpresa la que nos llevamos viendo que Astiberri ha aumentado la cadencia de publicación de uno de los mangas más entrañables que se están publicando en la actualidad. Comentábamos en anteriores reseñas que hasta ahora habíamos tenido un tomo todos los veranos, a pesar de que se seguía publicando y que tenemos un margen de diferencia importante con la edición japonesa, eso sí, recordando que en 2025 solo se ha publicado un tankōbon en Japón en lugar de los dos habituales. Pero con La cantina de medianoche. Tokyo stories 9 parece que pasamos a edición semestral, ya veremos si para verano tenemos en nuestro país el décimo tomo…

En este tomo continuamos con la misma fórmula, poco ha cambiado en cuanto a tipos de historias que podemos encontrar tanto en formato como en contenido: historias de 10 páginas en las que el cocinero de un restaurante del barrio de Shinjuku que solo abre de doce a siete de la madrugada cocina a sus clientes lo que le piden, puesto que en la carta solo aparece caldo de cerdo. Además de cocinero, el dueño de la taberna ejerce de psicólogo y de confidente de sus clientes, generalmente personas que trabajan en la noche y sufren de desamor, soledad o nostalgia. Con gran discreción, pero mucha empatía, en la taberna se encuentra el calor de sus platos y el de un hombro en el que llorar.
Igual que digo que la fórmula no ha cambiado, en este tomo sí he encontrado una novedad que me ha resultado llamativa. Los dos tomos que se recogen en este noveno de la edición española se publicaron en Japón en los años 2016 y 2017, muy poco después del estreno de la adaptación televisiva por parte de Netflix que acabaría teniendo tres temporadas. Imagino, que a estas alturas el manga ya había alcanzado suficiente popularidad extra porque, por primera vez, comenzamos a ver referencias reales dentro de las historias. Veremos varias veces una nota al pie donde se hace referencia a la procedencia de ciertas recetas, agradeciendo o reconociendo con frases tipo «como se cocina en el restaurante X». Me ha resultado curioso porque da una idea de hasta qué punto trascendió la popularidad de la serie, y cómo estas referencias pudieron servir como favores o simplemente como homenajes y deferencias del propio autor, pero salta a la vista porque se repite mucho en este tomo e imagino que también lo veremos en los siguientes.

Hablamos de esta serie en el monográfico que dedicamos en nuestro podcast a la comida en el cómic, y comentaba que, además de servir como reflejo de la cocina japonesa, con detalles de la preparación de los diferentes platos que dan nombre a cada capítulo, esta serie sirve como reflejo de la gran variedad social que existe en una sociedad tan enorme como la japonesa. Sus historias resultan entrañables, tristes la mayoría, aunque algunas con finales felices, pero teniendo en cuenta que está ambientada en un negocio al que solo se puede ir de madrugada, la mayor parte de clientes son gente solitaria, chicas y chicos de compañía, y gente con vidas complejas en general. Pero a pesar de que casi todas son historias de amores que nunca se llegaron a concretar, hijos sin contacto con los padres o intentos frustrados de entablar una relación, no deja en ningún momento una sensación amarga o de bajón, sino todo lo contrario, están contadas con mucha ternura y precisamente la sensación que deja es muy entrañable.
En definitiva, La cantina de medianoche. Tokyo stories 9 sigue siendo esa serie-lugar-feliz de historias de gente real que, incluso con la distancia que produce la sociedad japonesa, deja esa sensación de estar viendo vidas reales, con problemas que surgen de malas decisiones o por confiar en personas que no lo merecen. Son situaciones que nos van a sonar a otras similares que hemos podido vivir en nuestras propias carnes o haberle oído a gente cercana casos parecidos, lo cual refuerza la sensación positiva que deja su lectura, aun siendo historias tristes en su mayoría. El componente gastronómico es la guinda para realizar comparaciones con las historias y permite conocer bien la gastronomía japonesa real, la que cocina la gente en sus casas más allá de restaurantes, respetando mucho la cocina tradicional y lo que nosotros conocemos como «cocina de la abuela», siendo frecuente ver recetas de cómo comían ciertos platos en la infancia de los personajes. No me cansaré de recomendar esta serie, por la buena sensación que deja su lectura, similar a la de un buen guiso casero cuando tienes apetito.

Lo mejor: Una fórmula que se repite tomo tras tomo… y no deja de funcionar en ningún momento.
Lo peor: Por otro lado, tal vez esa fórmula repetida haya quien pueda cansarle, no es mi caso.


