Panini Manga nos trae el segundo episodio de Jaagudar: Una bruja en Mongolia, una serie abierta con 6 tomos publicados en Japón y con un anime recién estrenado.
Y aunque tras leer el primer tomo quedó bastante claro, con este segundo es obvio que Tomato Soup no tenía la intención de escribir una simple historieta ambientada en el imperio mongol, sino un entramado juego de estrategia política donde cada conversación y cada imprevisto pueden cambiar el destino de sus protagonistas… y del Imperio.
Las reglas del juego
Después de un primer volumen que nos presentaba el mundo, el contexto histórico y a sus protagonistas, este segundo tomo pisa el acelerador.
Tras la muerte de Gengis Kan, el equilibrio político del Imperio mongol comienza a tambalearse. En medio de los inevitables conflictos por la sucesión, Sogaqtani ordena a Fátima infiltrarse en otro harén. Sin embargo, por error, acaba frente Toregene, una de las consortes de Ogodéi, el tercer hijo de Gengis Kan.
La historia gana en tensión, aparecen nuevos personajes clave y empezamos a comprender mejor las enormes ambiciones y peligros que rodean a Fátima.
Lo interesante es que Tomato Soup nunca convierte estas situaciones en un simple relato de espías, sino que gira alrededor de la información, las alianzas, las apariencias y la capacidad de leer a las personas.
El ritmo continúa siendo pausado, pero en ningún momento se hace lento. Al contrario: la autora sabe perfectamente cuándo introducir nueva información y cuándo dejar que el lector una las piezas por sí mismo.
Eso sí, uno de los pequeños retos que plantea la lectura es familiarizarse con los nombres de sus personajes.
Para quienes estamos acostumbrados a leer manga con nombres japoneses, adaptarse al amplio elenco de personajes y a la terminología propia del Imperio mongol puede imponer un poco. Pero es solo cuestión de darle unas cuantas páginas.
El conocimiento es poder
Uno de los mayores aciertos de este volumen es la incorporación de nuevos personajes.
Sin entrar en spoilers, el nuevo entorno en el que se mueve Fátima permite conocer diferentes formas de entender el poder dentro del Imperio mongol. Cada figura que aparece tiene intereses propios y motivaciones bien definidas, algo que hace que nadie resulte un simple secundario de paso.
Fátima continúa siendo una protagonista fascinante. Su mayor arma no es la fuerza física, sino su inteligencia, sus conocimientos científicos y su enorme capacidad para analizar cada situación antes de actuar. Es refrescante encontrarse con una protagonista tan distinta a lo habitual.
También resulta muy interesante conocer la historia de Toregene, así como seguir la evolución de Fátima. La relación que se va construyendo entre ambas es, sin duda, uno de los pilares fundamentales de este tomo.
Tomato Soup mantiene la apuesta de construir una historia política sólida, llena de personajes, conflictos complejos y una ambientación histórica extraordinariamente cuidada.

El poder se escribe con tinta
Si algo ya destacaba en el primer tomo era el apartado artístico, y este segundo volumen mantiene el mismo nivel.
El estilo de Tomato Soup puede parecer sencillo a primera vista, pero basta detenerse unos segundos en cualquier página para apreciar la enorme cantidad de trabajo que hay detrás.
Los escenarios, la arquitectura o la vestimenta transmiten perfectamente la inmensidad del Imperio mongol, mientras que la expresividad de los personajes refleja los conflictos que suceden dentro de él.
También merece la pena destacar la composición de página: las escenas dialogadas nunca resultan estáticas, y el ritmo visual acompaña perfectamente la tensión política que vive la historia.
No es un manga que busque deslumbrar con grandes escenas de acción. Su fortaleza está en cómo utiliza el dibujo para reforzar la narrativa.

Un tomo a la altura de un imperio
La edición española de Panini Manga vuelve a estar a la altura.
Se mantiene el formato rústico con sobrecubierta, buena reproducción del dibujo y una impresión que permite apreciar perfectamente los detalles del trazo de Tomato Soup.
La traducción continúa siendo natural y fácil de leer, algo especialmente importante en una obra que introduce numerosos términos históricos, cargos políticos y referencias culturales.
La única pega es que el segundo tomo queda unos milímetros más alto que el primero al ponerlos juntos. No afecta a la lectura, pero sí a esa manía de querer ver todos los tomos perfectamente alineados.
Por último, destacar que Panini Manga esté respetando la periodicidad anunciada. Los tomos están llegando con el ritmo prometido, algo que siempre es de agradecer para quienes seguimos la serie desde el primer tomo.

La historia continúa cabalgando
Si había alguna duda de que Jaadugar estaba convirtiéndose en una de las grandes obras históricas del manga actual, el reciente estreno de su adaptación al anime debería terminar de despejarla.
La serie animada, producida por Science SARU y estrenada en Japón este mes de julio, ha despertado una enorme expectación gracias a su primer episodio y a la calidad mostrada por el estudio.
Esto convierte al manga en una lectura especialmente recomendable ahora mismo.
Y si habéis llegado hasta Jaadugar: una bruja en Mongolia gracias al anime, sed bienvenidos al tablero. Poneos cómodos, porque la partida no ha hecho más que empezar.


