Mucho me temo que hay demasiada gente que no le está dando a los cómics escritos por Rainbow Rowell la oportunidad que sin duda merecen. Cuando en la reseña del tomo anterior anunciábamos el cambio de cabecera en USA, recuperando en título Sensational She-Hulk, aún no teníamos noticia de su pronta cancelación. Desafortunadamente eso nos deja que Hulka 4: Jensacional es el penúltimo tomo de la presente etapa.
En España, Panini nos hace transparente este cambio de cabecera y nos llega este cuarto tomo como lo que realmente es, una continuación en toda regla. Cuando en algún momento se haga retrospectiva, se hablará de la etapa de Rainbow Rowell, Andrés Genolet y compañía como un único bloque, aún teniendo varios dibujantes, y solo espero que se recuerde con más cariño que el que se le hemos dedicado los lectores en su presente.
Sólo nos queda un tomo más y habremos terminado esta etapa, que seguro que no va a tener la trascendencia de las que firmaron John Byrne o Dan Slott y que tal vez no parte de planteamientos tan llamativos, pero no creo caer en el atrevimiento si digo que aporta a la construcción del personaje tanto o más que estas otras.
Y así es como nos encontramos a la buena de la amazona esmeralda al principio de Hulka 4: Jensacional, exactamente igual que la dejamos en el tomo anterior y como si arrancásemos en el decimosexto número USA de She-Hulk y no el primero de Sensational She-Hulk. Tal vez sí sería más justo hacer mención a la numeración Legacy, que retoman en USA, que sería el 179, heredero de todas las series anteriores de Jen Walters, ya que, de algún modo, es aglutinador de todos ellos.
Hulka 4: Jensacional continúa desarrollando el romance con la Sota de corazones, retomando enemigos introducidos en otros momentos de esta misma etapa, presentando nuevos casos en su trabajo de letrada y, a grandes rasgos, siguiendo todo un poco como estaba, pero introduciendo además nuevos eventos y pequeños ingredientes como una aparición de Hulk, una noche de chicas que resultará ser infernal o lo que podríamos llamar, sin entrar en detalles, un percance con su imagen pública. En cualquier caso, y del mismo modo que Rowell hizo en sus Runaways, cada pequeña aventurilla está ahí para apoyar una especie de tesis central que se desarrolla durante toda su etapa.
En este caso la idea central seria definir quién es Hulka, qué la une, qué la distingue de cuanto la rodea y qué nos dice eso de ella. Por poner ejemplos tal vez más populares y teniendo en cuenta que Rowell lo hace a su modo particular, la escritora de Omaha hace eso que le hemos visto hacer más de una vez a Mark Waid (Shazam, Daredevil) de reunir todas las facetas de un personaje en una encarnación completa y, por otro lado, eso tan típico de Tom Taylor (Nightwing, Titanes) de ir usando el entorno para definir y afianzar la identidad de sus personajes. De esta manera, más allá de darnos un conjunto de historietas frescas y entretenidas — que también — todo lo que sucede en Hulka 4: Jensacional, así como en los tomos anteriores orbita en torno a la construcción del personaje incluso por encima de la construcción de argumento.
Se trata de caracterizar a la amazona esmeralda en torno a su universo. Ya comentamos en tomos anteriores, cómo el romance ha formado parte del ADN de las historias de Hulka desde el mismo inicio y no es casualidad que esta especie de amor imposible con la Sota de corazones sea el vehículo elegido para explorar a Jen desde este ángulo, que es fundamental. Pero es que además hay un esfuerzo en estudiar cómo funciona el personaje con respecto a otros tantos conceptos y facetas, como serían su enfoque de la violencia típicamente superheroica y qué la distingue de la de otros, su relación con sus amigos, con su trabajo, con su propio barrio… Hay también en este tomo además un especial énfasis a lo que significa Hulka con respecto a Hulk, el patrón del que partió y del que se emancipó hace ya muchos años.
Además, por supuesto, si hablamos de ingredientes indisolubles del personaje, Hulka 4: Jensacional, también está repleto de esos toques de humor que rara vez se han separado de ella desde que John Byrne hiciera al personaje suyo. No obstante, tal vez su intención no sea tanto en esta ocasión buscar el gag, como en la versión de Byrne, sino de nuevo un modo de hablarnos de lo que hace a Jen ser Jen de manera refrescante y llena de una serena inteligencia.
Parece mentira en un tebeo tan ligero como Hulka 4: Jensacional, pero podríamos seguir desarrollando durante párrafos y párrafos el modo en que articula cada una de estas facetas para matizar a nuestra amazona esmeralda, pero me vais a permitir que me quede con un solo ejemplo representativo por no eternizarnos. Sin entrar en demasiados detalles, el momento en que parece Hulk pone sobre la mesa todos los ingredientes para que se cocine ese clásico del género superheroico que es la pelea por malentendido. En ese momento da un giro y no diré cómo, pero baste decir que es tal cabría esperar tratándose de esta Hulka. No se trata tanto de jugar a dar la vuelta a los tópicos como hacía Robert Kirkman en Invencible, sino de buscar el modo de hacerlos trabajar para decirnos quién es Hulka y qué la diferencia de los demás héroes. Al final, cuando después todo nos lleve a una conversación con esta versión de Hulk más hosca y menos Banner que vemos en su colección actual, todo está urdido con sutileza y precisión para evidenciar la diferencias entre ambos y conseguir nuevos apoyos a esa tesis que lleva desarrollando Rowell desde el principio de la etapa.
Y ya hemos mencionado el inmerecido olvido al que se está sometiendo a esta etapa y la mala suerte de Rowell en sus experiencias en Marvel, pero hay una cosa en la que sí ha tenido suerte. Si bien ni en Runaways ni en Hulka ha contado con superestrellas, ha tenido la fortuna de acompañarse de dibujantes más que capaces y sobre todo en el ámbito que más falta le hace a un planteamiento como el que propone Rowell. Con Roge Antonio y Luca Maresca, los dibujantes que arrancaron esta tapa, ya veíamos un especial cuidado del acting, pero el uruguayo Andrés Genolet hace el personaje suyo y pese a su estilo sintético y en cierto modo minimalista, su Jennifer se enamora, se preocupa, se cabrea, se divierte… con una magia con la que por más páginas que escribiera Rowell no podría llegar a dotar a Hulka sin su labor.
El brasileño Ig Guara, que lo sustituye en los últimos números, es tal vez más vistoso, más perfecto en el acabado y tampoco es manco con el acting. Incluso se adapta a un registro un poco más cómico que el que nos dejaba ver, por ejemplo en Ghost Spider, pero la energía y el dinamismo con la que sentimos la Hulka de Genolet, se echa de menos en ese último par de números.
En fin, que nos queda sólo un tomo más y nos despediremos de Hulka por una temporada y probablemente para siempre de la Hulka de Rowell y Genolet. Prometen despedirse por todo lo alto, tal y como se hacen estas cosas: en el espacio, pero no se les prestó atención con sus Runaways y tampoco ahora. A Genolet en breve lo tendremos en España cubriendo a Humberto Ramos en Espectaculares Spider-men, pero con la suerte que está teniendo Rowell en los cómics, no sería de extrañar que los abandonara y se centrara en su mucho más fructífera carrera de novelista. Aunque bueno, recientemente ha publicado por primera vez con DC en una historia corta para Action Comics y, quién sabe, tal vez el futuro esté en la distinguida competencia.





