Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

Hill House Comics: Primera Temporada. Parte I

Hill House Comics: Primera Temporada. Parte I
Guion
Joe Hill, M. R. Carey, Laura Marks, Carmen María Machado
Dibujo
Leomacs, Leomacs, Riccardo La Bella, Reiko Murakami, Peter Gross, Kelley Jones, Dani Strips, Stuart Immonen, Dan McDaid, Jeremy Wilson
Color
Dave Stewart, Reiko Murakami, Vince Locke, Kelley Jones, Tamra Bonvillain, Jeremy Wilson, John Kalisz
Formato
Cofre. Cartoné.
Precio
113,25 €
Editorial
ECC Ediciones. 2022
Edición original
Basketful of Heads núms. 1-7, The Dollhouse Family núms. 1-6, Daphne Byrne núms. 1-6, The Low, Low Woods núms. 1-6, Plunge núms. 1-6, Sea Dogs USA

En algún momento a alguien en la cúpula de DC le pareció buena idea cerrar Vertigo y abrir Black Label. Por un lado, podían aprovechar esa calidad de libros de larga duración en estantería que habían conseguido con Vertigo, para los personajes insignia de DC, y por otro lado, se generaba un nuevo impulso de branding acabando con una marca, como Vertigo, que daba síntomas de agotamiento. No obstante, tebeos como La familia de la casa de muñecas, segunda entrega de Hill House en estricto orden cronológico, con Mike Carey y Peter Gross al frente, son la prueba de que dicho agotamiento se debía a una gestión editorial pobre, y de que la idea de tebeo Vertigo sigue siendo igual de válida hoy día.

Así, Hill House Comics coge el relevo para dar cobijo a todas aquellas obras de autor en torno al terror y el fantástico que se habían quedado sin hogar. Un puñado de notables miniseries que abordan el género desde distintos ángulos. Con Joe Hill abanderando el proyecto y escribiendo los guiones —probablemente los más potentes— de la mitad de los títulos que han visto la luz en la primera temporada del sello, todas y cada una de las historias aportan alguna idea interesante… y espeluznante.

Temblad.

Un cesto lleno de cabezas

Jaime G. Rueda

CESTO LLENO DE CABEZAS, UN (2021, ECC) 1 - Ficha de número en Tebeosfera

Existen no pocos escenarios en los que la sangre parece ir mezclada con gas de la risa. Casi siempre en la ficción. Casi siempre. Ahí reside gran parte del encanto de películas como Braindead o Evil Dead, o del gore más extremo. Sólo hay un mejor bálsamo que reírse de la vida, y es reírse de la muerte. ¿Qué hay más desternillante que medir con metro de sastre un intestino, poder susurrar a tu propia oreja o descubrir que puedes seguir dando la matraca con chistes de Jaimito tras ser decapitado?

Un cesto lleno de cabezas tiene un título y unas portadas que recuerdan a Sé lo que hicisteis el último verano, pero hay más de thriller policiaco y comedia que de terror. Joe Hill construye un relato ambientado en Maine (cómo no), durante los 80 (aprovechemos la moda), con una protagonista enérgica y despreocupada. Una joven a quien se le tuercen los planes de verano junto a su novio, ayudante de la policía local, cuando unos reos se escapan de Shawshank («hola papá») y tiene que empezar a zarandear un hacha vikinga para llenar todo de sangre (extra de sirope), tratando de evitar que sea su sangre la que lo empape todo. De la mano de la muchacha, iremos descubriendo los trapos sucios de los lugareños.

El tebeo es un sólido pistoletazo de salida para el sello. Contiene una historia cerrada con elementos sobrenaturales, a los que Joe Hill no trata de dar un origen detallado ni mucha explicación, ganando así espacio para la construcción de personajes y proporcionar dinamismo a una trama altamente entretenida. Cae como la limonada en julio; Hill es un maestro del relato corto. Como el cine de sobremesa, aunque con violencia explícita, giros más o menos previsibles, y buenas dosis de humor negro, Un cesto lleno de cabezas luce muy bien con los lápices y colores del equipo formado por LeomacsRiccardo La Bella, Reiko Murakami y Dave Stewart, sospechoso habitual.

Os dejo a vosotros descubrir por qué el cesto y las cabezas ponen título a la obra. Tan sólo recordar a modo de pista, aquella icónica frase del señor King padre que resuena con fuerza en Cementerio de animales, y que bien se podría aplicar aquí: «Sometimes, dead is better».

La familia de la casa de muñecas

Alain Villacorta “Laintxo”

La familia de la casa de muñecas (Hill House Comics) (Segunda edición) - ECC Cómics

Los nombres de Mike Carey y Peter Gross son sinónimo de Vertigo. Lucifer y la infravaloradísima The Unwritten, como tándem, y títulos como Hellblazer o Los libros de la magia, por separado, los convierten en historia viva del sello que creó Karen Berger. Se unen además en La familia de la casa de muñecas a Vince Locke, otro clásico de Sandman, y tenemos una niña, malos tratos y un componente sobrenatural. ¿Quién es el guapo que me dice que esto no es un tebeo de Vertigo?

La familia de la casa de muñecas nos tiende una historia con dos líneas temporales en paralelo. La línea principal comienza en 1981 y nos presenta a Alice, la hija de una familia con un padre abusivo y maltratador, que acude a una casa de muñecas viviente, que va más allá de la metáfora de fantasía escapista. Así, mientras en 1928 vamos reconstruyendo los hechos que llevan a la creación de la casa, seguiremos a la Alice de los 80 hasta la edad adulta, viviendo a la sombra de La casa y bajo la amenaza de lo que hay en la terrible habitación negra.

Una historia de terror con un fuerte componente sobrenatural, una buena colección de metáforas y realidades de lo peor de la naturaleza humana y una chispa de esperanza en el horizonte. Pegada a la realidad en lo gráfico y con ese crosshatching de aspecto vintage tan característico. Si esto no es una historia de Vertigo, de aquel Vertigo anterior al cambio de siglo, no tengo muy claro qué podría serlo.

Daphne Byrne

TX

Daphne Byrne #3 (DC Comics)

Serie limitada de seis entregas, supone el debut en cómic de la guionista Laura Marks. La escritora, proveniente del sector televisivo, ha trabajado en producciones de la talla de The Expanse, The Good Fight, Ray Donovan o The Exorcist, siendo esta última, un claro referente y fuente de inspiración para la historia que nos ocupa.

Daphne Byrne nos traslada a finales del siglo XIX para contarnos la historia de una chica de catorce años algo inusual. Su familia ha caído en desgracia debido a la muerte de su padre en circunstancias poco “decorosas”, su madre tiene cierta predilección por las sesiones de espiritismo, y ella es una marginada sin amigas a la que le chifla la ciencia.

Un caldo de cultivo ideal que se salpimenta con la presencia de una entidad sobrenatural que creará un fuerte lazo con Daphne, dando lugar a un cuento gótico de manual que una vez leído, si bien se disfruta, suena a lugar ya visitado debido a lo previsible que resulta por momentos y al uso, y abuso, de ciertos tropos.

Laura Marks construye una trama que engancha pero que posee un ritmo irregular, pasando de manera muy abrupta de la presentación del mundo y los personajes a la resolución final. A su favor diremos que el vínculo de Daphne con el “ser” es en algunos momentos ciertamente fascinante, creando una relación que pasa del amor al odio con suma facilidad. Destacables son también algunas pildorillas de humor negro muy bien diseminadas y ciertas escenas que, por lo grotesco, tendrán mucho calado en el lector.

Empezando por la inquietante portada de Piotr Jablonsiki, lo más destacable de Daphne Byrne es su excelente acabado gráfico. El encargado de plasmar el guion no es otro que Kelley Jones, un artista que está especialmente dotado para el género de terror como he visto en trabajos previos suyos de la talla de Batman: Vampiro, The Sandman o ¡Frankenstein está vivo! Sus páginas, junto a la acertada paleta de color aplicada por Michelle Madsen, otorgan a Daphne Byrne una ambientación característica de los mejores cuentos de terror góticos.

En resumidas cuentas, estamos ante una miniserie interesante pero con más intenciones que resultados.

Daphne

Y hasta aquí la primera parte del resumen de los primeros compases de Hill House Comics. Estos torteros volverán con más páginas sangrantes y viñetas fantasmagóricas de las que hablar. Dulces sueños.

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