Si por algo destacan los títulos editados por Unbrained comics es por su transgresión y espíritu punki. Esta definición encaja perfectamente con Haciendo comics, un cómic escrito y dibujado por el polaco Pier Dola, un autor que publica con ellos una segunda obra tras Pánico. Parecía nacido para publicar en este sello a tenor de su biografía: viajero del mundo (ha vivido en multitud de países por toda Europa), con influencias de cómic sudamericano pero con gran conocimiento sobre el medio y sobre lo que supone publicar hoy día. Esta obra supone una visión de la industria del cómic, directa y sin concesiones, pero realista, por mucho que pueda herir alguna sensibilidad.

Aunque la obra tiene una estructura poco convencional, con una visión global de la obra podemos decir que gira en torno de André, un dibujante de cómic que no ha tenido mucha suerte en su carrera, y su grupo de amigos, también de la industria. La narrativa va saltando de un personaje a otro y mantiene un espíritu periodístico que encaja con esos documentales biográficos sobre autores de cómics, con una voz en off que va contando la vida de cada uno de ellos, y entrevista a personajes relacionados con el grupo. De hecho, la estructura predominante de rejilla es de 3×2 viñetas con el texto continuándose de una a otra viñeta como si estuviésemos ante un libro ilustrado, más que un cómic.
Lo que más llama la atención de este cómic es su estilo hiperrealista, muy en la línea de Emil Ferris, pero con un estilo distorsionador de proporciones y contrastes marcados entre colores muy saturados que dan un tono lisérgico a toda la obra. Eso es lo evidente que va a captar nuestra atención en un primer vistazo antes de meternos de lleno en la lectura. Igualmente, esa cubierta y el título nos van a recordar a la portada de Entender el cómic y al título de Hacer cómics, de Scott McCloud. Inlcuso los títulos de crédito incluyen otro pequeño guiño, como si hubiera machacado la propia página de alguno de estos libros, y hubiera tachado el nombre del autor para poner el de Dola.

Y cuando entramos en la lectura, nos encontramos con una estructura muy anárquica, saltando de un personaje a otro, con extractos de cómics supuestamente realizados por los protagonistas, entrevistas a personajes relacionados… e incluso autores reales. Y aquí es donde comienza lo divertido, porque algunas referencias son algo más sutiles como Lee Jim o un personaje que es clavado a Todd McFarlane. Hay muchas referencias de imagen a personajes reales, aunque sin ser su equivalente real. Así vamos a personajes parecidos a Shelley Duvall, Jack Nicholson o el citado McFarlane… e igualmente vamos a ver a algunos autores a los que se refiere directamente por su nombre y apellido reales, como Tom King, Chris Ware o Rob Liefeld. Y no es precisamente benevolente con muchos de ellos.
Porque en el fondo, toda la obra es una crítica despiadada a la industria en todas y cada una de sus facetas: editorial, autoral, de la propia crítica y divulgación y hasta de los lectores. Efectivamente, no deja títere con cabeza, y pone de manifiesto a autores que se aprovechan del trabajo de otros, la frecuente apología a violencia y sexo, o la divulgación que premia obras sin reparar en algunos detalles (los zascas a Persépolis o Ghost World son de los que resuenan). Todo ello sirviendo siempre a la historia y a lo que cuentan sus protagonistas, no es que detenga la obra para meterle el dedo en el ojo a este o a aquel.

En definitiva, Haciendo cómics es una bofetada a la industria del cómic, gamberra e irreverente, pero muy bien realizada. Con un dibujo hiperrealista, mantiene un tono documental pero azota a todos los elementos de la industria, desde las propias editoriales a los autores o lectores sin cortarse en lo más mínimo. Es el equivalente a Hey Kid, comics en tiempos actuales y con muchísima más mala baba. Y mira que decir eso en una comparación con Howard Chaykin ya es mucho decir.
Lo mejor: La mala leche que rezuma, sin que se le note un rencor subyacente. El estilo lisérgico de Dola. Los múltiples guiños, algunos de ellos, nivel Pro.
Lo peor: Como cualquier cómic underground, es una obra con una narrativa no tan complaciente con el lector.
