La serie Giant Days  entra en un punto de inflexión. A punto de llegar al fin de sus estudios de Arqueología, Literatura y Medicina... Giant Days Vol. 10

La serie Giant Days  entra en un punto de inflexión. A punto de llegar al fin de sus estudios de Arqueología, Literatura y Medicina (bueno a Susan todavía le queda), las chicas empiezan a plantearse su futuro profesional. Además, tenemos el cambio de residencia para el siguiente año, y los planes que inicialmente tenían en mente (solo tenéis que leer el principio de la reseña del tomo anterior) han cambiado radicalmente. Daisy ha cortado con Ingrid, Esther casi mata a Ed y Susan va a mudarse con McGraw. Hay que tomar decisiones diferentes y muy rápidas.  Este tomo de Fandogamia, Giant Days Vol. 10 , incluye cuatro números en los que Daisy va a tomar más protagonismo de lo que hemos visto en estos treinta y tantos números y la serie ya se encuentra tan asentada que apenas se resiente por darle más sitio a uno u otro personaje.


Y es que, como he dicho alguna que otra vez ya, Allison tiene la serie en un punto en el que todos los personajes son nuestros «amigos de toda la vida». Ya conocemos a las tres chicas a la perfección, conocemos sus fuerzas y sus debilidades, y la química ente ellas funciona en piloto automático. Pero el guionista es consciente del punto en el que se encuentra y no se confía. Os voy a confesar que al leer los primeros números tuve la sensación de que, inevitablemente, la serie empezaba a entrar en una fase de meseta. Es lógico, llevamos treinta y seis números a un nivel muy alto, y las situaciones con los personajes son finitas, y puede llegar un momento en que se agoten. Pero no, solo fue una ilusión pasajera.

El primer número está centrado en cómo Daisy discute con su abuela, con la que se iba a ir a vivir, por haberse enterado por terceros de la condición sexual de su nieta. Eso da pie a que la joven tenga que buscar un piso que se ajuste a su capacidad económica, muy limitada. El segundo número incluido en el tomo no tiene un tema central, sino que salta un poco entre la siuación de los personajes, y eso fue lo que me produjo esa sensación errónea. Porque los siguientes números vuelven a explotar la química entre personajes y nos brindan la oportunidad de ver una tronchante sesión de búsqueda de trabajo en un salón de oferta de empleos en los que se rifarán a Daisy y sufrirán con Esther, y un último número con la vuelta de Ed y en la que Allison comienza a explorar la posible relación entre Esther y Ed como asunto recurrente, una vez alcanzada cierta estabilidad entre Susan y McGraw.


Max Sarin descansa por primera vez en mucho tiempo con la ayuda de la española Julia Madrigal, que tuvo la puntería de reemplazar al dibujante titular el año en el que la serie gana el Eisner a mejor serie regular y publicación de humor, por lo que cuenta en su palmarés con dichos premios. Madrigal hace un dibujo muy fiel al estilo de Sarin. De hecho, solo se reconoce por el trazo algo más grueso e irregular, pero el estilo de los personajes es prácticamente clónico. La expresividad y el dinamismo del dibujo funciona tan bien como lo hace con Sarin y de no ser por los títulos de crédito uno podría llegar a pensar que el cambio ha sido del entintador, porque es extremadamente fiel al dibujo de la serie. Una lástima que solo la hayamos visto en estos dos números, porque habría sido un complemento perfecto para la dibujante finlandesa.

En definitiva, Giant Days Vol. 10  sigue siendo mi happy place, y dudo que deje de serlo en los quince números restantes para acabarla. Es difícil encontrar una serie que soporte tan bien el paso del tiempo sin que se agote la fórmula. Incluso diría que no solo no decae, sino que va en aumento, por las mecánicas ya conocidas y con las que el guionista puede jugar sabiendo qué funciona y cómo se pueden conseguir los mejores gags. Además, la serie sigue plagada de referencias populares, que pueden pasar desapercibidas para los que no las conozcan, pero que no suponen un lastre para la lectura, ni el lector puede llegar a sentirse fuera de la lectura si no las pilla. Imprescindible.


Lo mejor: La serie funciona ya sola, los personajes tienen voz propia. El trabajo de Julia Madrigal, que hace que apenas notemos el cambio.

Lo peor: La cuenta atrás cada vez se acerca más a su fin, y eso produce una mezcla de pena y nerviosismo.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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