Hace un par de años ECC publicó una obra a finales de año que probablemente pasara injustamente desapercibida. Se trata de El dios vagabundo... Gauguin: El otro mundo

Hace un par de años ECC publicó una obra a finales de año que probablemente pasara injustamente desapercibida. Se trata de El dios vagabundo , una de las obras que más me han impresionado en los últimos años, por su capacidad de homenajear a diversos pintores y de incorporar los diferentes estilos artísticos a una historia movilizada por el motor de una leyenda mitológica. El listón estaba muy alto, recibí la noticia de la publicación de esta segunda obra por parte de ECC con tanta ilusión como miedo, por el temor de que no iba a estar a la altura de mis expectativas. Y si tuviera que ponerlas en una balanza, me seguiría quedando con la primera pero Gauguin: El otro mundo  no me ha defraudado en lo más mínimo. Es más, tiene la capacidad de repetir una fórmula parecida pero dando como fruto una obra radicalmente distinta. La edición de ECC es similar a la anterior, en tamaño y formato.


En esta ocasión la historia principal no es ninguna leyenda mitológica, sino que veremos la historia del pintor Paul Gauguin, aunque no abandonaremos del todo el terreno fantástico, puesto que el autor se apoyará en una visión del pintor y las conversaciones que tiene con la muerte sobre su pasado. La historia da algunos saltos en el tiempo, pero se centra fundamentalmente en su etapa en la Polinesia francesa, y los momentos biográficos que dieron lugar a algunas de sus obras más reconocidas.

Dori no suaviza en absoluto la figura del pintor. Su admiración hacia su trabajo no le impide reconocer que Gauguin era un tipo egoísta y, en muchos sentidos, despreciable. No idealiza la figura del pintor que deja todo y a todos atrás por una necesidad de satisfacer su pulsión artística y se deja arrastrar por una necesidad de imponer su visión del arte. No, aquí vemos a un Gauguin caprichoso, que se deja arrastrar por sus instintos, aunque eso suponga acabar casándose (y abandonar) con una cría de 13 años, y que se enfada con el mundo por no reconocer su arte. Es cierto que es un autor fuera de su tiempo, y que fue una figura fundamental en la evolución artística. Gauguin fue un pintor que intentó mostrar su visión en los tiempos del impresionismo, con un estilo que abanderaría el movimiento sintetista, que rompía con esa belleza formal y daba rienda suelta a nuevas propuestas más instintivas y sin tanto rigor por las proporciones y un trazo limpio.

Dori se apoya en las conversaciones del propio autor con la muerte, representada como esa figura de su famoso cuadro El espíritu de los muertos vela , durante unas ensoñaciones fruto de los efectos de la morfina. La muerte le enseña al niño que lleva encerrado, y es a través de este niño por el que, de algún modo, se justifica un poco ese comportamiento impulsivo que tuvo el autor. Como tantos otros, Gauguin solo tuvo éxito tras su muerte, por lo que veremos una vida llena de dificultades y más cercana a la miseria que a la ostentosidad que debería haber acompañado a uno de los pintores que más dinero ha generado posteriormente.


Pero, al igual que en su anterior obra, lo apasionante de esta obra es el dibujo. Fabrizio Dori mimetiza por momentos el estilo de Gauguin, nos muestra paisajes vistos por los ojos del pintor, y entendemos cómo los acabaría reflejando así. Pero es un estilo continuamente cambiante, en el que el dibujo pasa del detalle al boceto, del color Gauguinesco a esas escenas oníricas donde el dibujo se torna monocromático y las formas se enrollan entre sí. Igualmente, cambia con la presencia de otros autores, como cuando aparece Van Gogh o en ese precioso epílogo con Picasso. Dori no es un autor obvio en ese aspecto, apunta detalles, tipos de trazo o cambia algunos detalles que se acercan a otros autores. Ese cambio continuo proporciona una sensación de estar ante un cuadro viviente, con un efecto parecido al de Loving Vincent . No faltarán escenas que nos permitan reconocer los momentos que dieron lugar a algunas de las obras más famosas del pintor francés.

La edición de ECC incluye unos interesantes artículos por parte de Céline Delavaux, ensayista y colaboradora de revistas de arte, con numerosos libros dirigidos a un público joven donde intenta divulgar el arte. Los artículos analizan someramente la biografía de Gauguin y su relevancia artística.


En definitiva, Gauguin: El otro mundo  es una obra sencillamente imprescindible para los amantes del arte. Con un estilo que viaja continuamente por la obra del autor, desde sus inicios más cercanos a la norma impuesta por el impresionismo predominante como corriente artística, a su evolución en su etapa polinesa a un estilo que acabaría abanderando el sintetismo. Fabrizio Dori nos cuenta la historia con un dibujo que va cambiando a medida que avanza en el tiempo, acompañando cada etapa de su propio estilo artístico, incluso cuando hay otros pintores invitados. La vida del pintor, por otro lado, resulta completamente folletinesca por lo que, incluso si la pintura no te apasiona, resulta una obra igualmente interesante como lectura.

Lo mejor: El estilo de Fabrizio Dori homenajeando a Gauguin en sus diferentes etapas, cambiando los paisajes y los personajes ajustándolos a cada momento artístico. El modo en el que orienta la historia, aportándole ese tono fantástico tan original.

Lo peor: Si no te gusta el arte ni las biografías de pintores, tal vez no sea tu cómic favorito, aunque creo que sigue siendo suficientemente original como para que lo puedas disfrutar igualmente.

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Alejandro Martínez

Alcalde no electo de Star City. Conocido en determinados círculos como "El páharo". Era el único que justificaba sus artículos en esta web, pero los caciques que la dirigen me han obligado a dejar de hacerlo... Sniff sniff.

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