Encontramos en las distintas mitologías historias tan fascinantes, tan poderosas, que sobreviven a las épocas en las que fueron originalmente concebidas. Algunas de ellas en sus textos originales, pero otras han pasado de generación en generación a través de la tradición oral, siendo recogidas en forma escrita en épocas posteriores. Y en tiempos modernos, la reescritura de mitos adaptándolos a la actualidad -o a mundos futuros de ciencia ficción- es muy habitual. Así, los mitos griegos han sido convertidos en civilizaciones alienígenas en la saga Assassin’s Creed, los dioses nórdicos se incorporaron al cosmos superheroico de Marvel… y los mitos artúricos han pasado por más de una revisión. Dentro del cómic podríamos mencionar Camelot 3000 o la más reciente Once & Future, y ahora mismo Norma acaba de editar la francesa Furiosa, que también entra en el lote.

Furiosa nos lleva al Reino de Pendragón, una variación de la Gran Bretaña del Rey Arturo, años después de los tiempos de gloria de su caudillo. En esta obra, Arturo es un viejo borracho que tiene su espada mágica tirada por palacio como un trasto, y ha tenido dos hijas. La mayor se fugó de casa hace tiempo. La menor, Ysabel, sigue viviendo en el castillo familiar, pero no tiene precisamente una vida feliz. Aguantar al despojo en el que se ha convertido su padre no es plato de gusto, pero menos aún lo es la idea de tener que casarse con el Barón de Cumbre, un viejo bastante repugnante, por una promesa que hizo su padre a cambio de nadie sabe qué. Y aquí empieza un peculiar viaje del héroe, o de la heroína en este caso: Ysabel se niega a aceptar el destino que dos hombres han pactado para ella, así que agarra la espada -o quizás la espada la agarra a ella- y se escapa con un doble objetivo. Por un lado, encontrar a su hermana. Y por otro, encontrar a Merlín, creador de esta parlanchina versión de Excalibur, para que desbloquee ciertas habilidades del arma y poder usarlas. Pero claro, estamos ante una historia en la que nada es lo que parece a primera vista.
Nos encontramos en Furiosa una obra que coge los tópicos y los códigos de la fantasía heroica y, conociéndolos y tratándolos con cariño, les da una vuelta para terminar contando historias que tienen que ver con nuestra vida cotidiana. La ambientación artúrica es poco más que un mcguffin en este libro, limitándose a la presencia de un Rey Arturo, una espada mágica (más cercana a la Tormentosa de Elric que a Excalibur) y un mago Merlín, pero sin referencias al Grial, a los Caballeros, a Morgana o a la traición de Lancelot. En cierto modo, estamos ante un cómic que nos recuerda en lo que hace a la magistral serie de animación Hora de Aventuras o a los cómics de La Mazmorra. Reconocemos los arquetipos, reconocemos los personajes… y reconocemos lo que nos están contando metafóricamente. Vemos aquí a las mujeres que están hartas de hacer lo que se les ordena, pero también lo que les puede ocurrir si se intentan salir de la senda marcada. Y también tenemos diferentes tipos de acoso, a cual más repugnante: el explícito y abierto y el más sibilino pero no menos grimoso de chantaje emocional a lo «si soy un tío majo, me merezco lo que te estoy pidiendo». Es una historia plagada de toques de humor, pero un humor superficial. Como suele ocurrir, el fondo es más oscuro que la superficie.
Visualmente, el trabajo de Mathieu Burniat es impecable. En un registro totalmente distinto al que mostró en El misterio del mundo cuántico, utiliza un estilo cartoon más cercano a la mencionada Hora de Aventuras que a los clásicos de fantasía heroica, tanto la más convencional como la reimaginada. Aún así, consigue a la perfección lo que propone, contarnos una historia de forma ágil y dinámica, con unos personajes perfectamente reconocibles a primera vista, y mantenernos enganchados de principio a fin a lo largo de las más de doscientas páginas que tiene este tomo.

Furiosa es, en resumen, una obra divertida pero que nos hace pensar, o al menos, que debería hacerlo. Muy recomendable para los fans del género fantástico, tanto serio como paródico. Quizás no deberían acercarse por aquí los lectores que tuercen el gesto ante palabras como «patriarcado». Pero bueno, tampoco parece muy probable que esos lectores vayan a darle una oportunidad a una obra con protagonista femenina y promocionada como una versión de los mitos artúricos con una mirada feminista.


