Saludos desde mi laboratorio de verano, queridos lectores. Hay quién cree que estoy en mi casa de descanso alemana para poder leer y reseñar con calma. Otros creen que estoy aquí entregado a obscenos y malsanos experimentos. La verdad es que estoy vagueando sin hacer casi nada útil. Pero incluso así pienso en vosotros y hoy os traigo la reseña de Frankenstein, de Ralf König.
Creo.
Llegué a esta obra por dos razones. Soy fan de König desde que leí la maravillosa Lisístrata. Y tengo una pequeña colección (no más de veinte, os lo juro) de versiones en español de Frankenstein. El caso es que aprovechando las vacaciones de mi contable, lo encargué en una de mis librerías habituales.
Y me ha encantado.
Cinco estrellas.
Firme candidato para Lo mejor de 2026 en ELHDLT.
Y eso que tiene algunas cosas curiosas. Para empezar, esta obra NO ES DE HUMOR.
¿Lo repetimos?
QUE NO ES DE REIRSE.
Que no deja de ser una historia sobre robos de cadáveres e intentos alegales (realmente no es una práctica ilegal si no está expresamente prohibida en el Código Penal, ya sabéis) de resucitar a los muertos, una de esas cosas que hacen que la gente te mire mal.
Y tampoco estamos delante de una adaptación. Es más bien una reinterpretación.
Porque no se nos cuenta la historia ni de Frankenstein (que es el médico, recordemos) ni de la Criatura.
Se nos cuenta la historia de alguien que ha leído la historia del Moderno Prometeo y le escribe una carta a su autora.
Contándole su propia experiencia dándole vida a la carne muerta.

Si. Es desde la primera página un metajuego, una conversación a una sola banda entre dos personas.
Un monólogo.
Hay, por supuesto, paralelismos entre el bueno de Victor y este doctor que confiesa sus obras, que narra su vida, que confiesa sus pecados.
Una carta escrita, posiblemente, para sí mismo.
Y para nosotros.
Y es una historia que a lo largo de unas pocas páginas nos absorbe como si fuéramos una escritora leyendo una carta anónima y terrible.
Una historia que, creo que todos lo pensamos, no va a acabar bien.
A la Muerte no le gusta que intenten engañarla, ya sabéis.
El dibujo de Kónig es perfectamente reconocible. Y eso que se contiene y, sin llegar a ser realista, sí evita los gags visuales casi siempre.
Estamos leyendo la carta que se escribe en el momento de narrar la historia.
Casi en tiempo real.
Como ver a esos dos trenes metafóricos acercándose por la misma via.
El color es verde. Verde putrefacción. Verde zombie.
No sé si ese verde es también parte del juego del autor, pero no me extrañaría.
No es verde esperanza.
Quizás lo ha sido al principio de la historia, pero de la historia narrada, no de la que vemos ahora mismo.
Verde podrido ahora.
El color es cosa de Emily Zürn y Stefan Dinter.
La traducción se la debemos a Beatriz García Alonso.

Hablemos de la edición. Aquí hay algo raro, queridos lectores. Esta libro lo publica en español Ediciones Obelisco. Y en su ficha web dicen:
«Los artistas del cómic alemán, Ralf König y Isabel Kreitz, reinterpretan esta clásica historia de terror para el formato cómic.»
Pero Isabel Kreitz no aparece en la portada. No aparece acreditada ne ningún sitio. Y buscando en páginas alemanas, esta obra no aparece entre las suyas.
¿Es acaso únicamente la editora? Porque König la menciona en su web diciendo «Mi colega Isabel Kreitz publica la serie ‘DIE UNHEIMLICHEN’ en Carlsen Verlag, en la que varios artistas y dibujantes reinterpretan clásicos seleccionados de la literatura de terror y terror (traducción automática)«.
Pero entonces, ¿por qué sale como autora en la ficha editorial?
Dejemos este misterio y comentemos que tenemos un breve artículo de Monty Arnold acompañando a las 55 páginas del tebeo. Si, 55, aunque en fichas encontréis 72 y en la web oficial del autor pone 64.
Otro misterio.
¿Por qué leer Frankenstein?
König crea una historia sobre la historia de Shelley, jugando con historias, metalectura y con gotitas de humor negro.
¿Por qué no leer Frankenstein?
No deja de ser una historia triste y deprimente.
