Entramos en el tramo final de F. Compo, una serie de once volúmenes en la edición de Arechi Manga, y llegamos a la parte... F. Compo, de Tsukasa Hôjô vol.8

Entramos en el tramo final de F. Compo, una serie de once volúmenes en la edición de Arechi Manga, y llegamos a la parte más interesante. No sólo porque Hôjô esté empezando a cerrar tramas, sino porque el material inédito después de la inconclusa edición de Mangaline empezó en las últimas páginas del séptimo tomo, y este octavo es el primero del que no hemos leído absolutamente nada.

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Aún teniendo varias páginas dedicadas a la tradicional comedia de enredo con la que arrancó F. Compo, el tono en este volumen empieza a volverse más serio, a tratar temas emocionalmente más complejos y a afrontar el tema de la identidad de género de una forma más seria que en las primeras entregas.

Limitamos en esta ocasión la parte netamente humorística a un gag recurrente: Yanagiba travestido por asuntos del club de cine, en esta ocasión, para recaudar fondos. Pero incluso esta historia sirve para tratar temas serios con una perspectiva correcta: un personaje descubre a raíz de ver a Giba vestido de mujer que se siente atraído por los hombres, y veremos la reacción que recibe. En F. Compo no hay sitio para la homofobia, como no debería haberlo en el mundo real tampoco.

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En temas más serios, parece que Hôjô ya tiene clara a estas alturas la diferencia entre transgénero, travesti y homosexual, que en los primeros tomos de la serie parecía tener un poco confundidos. Al principio del tomo, Sora viaja con su editoria para buscar documentación para el manga que está haciendo, y tienen una conversación seria sobre la identidad masculina del padre de los Wakanae: los hombres trans son hombres. Y alrededor de este mismo tema tenemos un capítulo en el que, flashback mediante, viajamos atrás en el tiempo para conocer a unos jóvenes Sora y Yukari y ver las circunstancias de la concepción de Shion en uno de los capítulos más emotivos que hemos visto hasta el momento.

También tiene su momento en este tomo Shion. Sabemos desde el princiipio de la serie que la pequeña de los Wakanae ha ido cambiando de género a lo largo de su vida y, justo antes de entrar en la universidad decide que quiere empezar como chico esta nueva etapa de su vida. Hacia dónde nos llevará este giro argumental, esperable por otro lado, es algo que veremos en los tres tomos que quedan para terminar la serie.

Otro de los puntos más interesantes que vemos en esta entrega está centrado en Kaoru. Estaba claro que lo de tener un padre Yakuza no era precisamente óptimo para ser una persona emocionalmente equilibrada y socialmente funcional, pero aquí conocemos el dato que nos faltaba: su relación con su madre. Y quizás el Yakuza no sea lo más sórdido que hay en la familia de la okupa de los Wakanae.

 

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Cuando empezamos a leer F. Compo, muchos lo hicimos como la otra serie de Tsukasa Hôjô, el de City Hunter. Pero a día de hoy, aún teniendo mucho cariño al mamarracho de Ryô Saeba, quizás la vida de los Wakanae esté resultando una lectura más interesante que la que nos atrajo a este autor.

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Enrique

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