La escritora Mariko Tamaki parece haber encontrado un buen filón con los cómics Young Adult. Sus historias consiguen conectar con un público que suele estar familiarizado con momentos vitales de incomprensión y alejamiento de la sociedad, lo cual le aporta aún más mérito a la autora de historias como Aquel verano o Laura Dean me ha vuelto a dejar, entre otras tantas. Y es meritorio, no solo por conseguir una voz que conecte con un público que no suele querer saber nada de los «viejos de 50 años», sino porque aprovecha la oportunidad para tocar temas delicados y actuales. Ahora, de la mano de Abrams Books vuelve a publicar una historia con un target orientado a los jóvenes adultos, y lo hace acompañada de la dibujante Nicole Goux (La sombra de Bargirl). Como las anteriores obras citadas de Tamaki, en España son editadas por La Cúpula, que mantienen un formato regular y constante.

La historia nos presenta a Abby, una joven que llega a un instituto en el que solo hay alumnas, y se siente el bicho raro. Un pasado reciente tumultuoso y cero ganas de socializar, pero los problemas parecen querer acercarse a ella y un día aparece muerta una de las actrices de la exitosa compañía de teatro escolar. Todo hace pensar en un suicidio, pero Abby ve cosas que no acaban de cuadrarle y comienza a investigar más sobre lo sucedido, con la ayuda de su compañera de habitación. Intrigas adolescentes ambientadas en plenos años ochenta, aunque por lo que se puede ver, hay temas que nunca pasan de moda…
Y es que la ambientación ochentera no es algo trivial ni por capricho de las autoras, sino que sirve para poner de relieve una carencia de sensibilidad sin ningún tipo de límite hacia orientaciones de género diferentes, algo que aún hoy día se sigue viviendo, aunque cada vez más contención. En los años donde se desarrolla la historia, una acusación de homosexualidad era como culpar de pedofilia, e incluso vemos una escena en la que una de las profesoras recomienda «no reírse de las enfermedades». Por suerte, ese tipo de situaciones son cada vez más difíciles de observar hoy día, aunque se siguen viendo… La supuesta orientación sexual de la protagonista es usada para resaltar aún más el aislamiento que vive Abby en su nuevo instituto y el rechazo de sus compañeras que no tienen ninguna intención de conocerla o hacer que se sienta acogida.

Sin entrar en demasiados detalles, para evitar estropear posibles sorpresas al lector, los temas que se tratan a medida que avanza la investigación son muy relevantes. Es lo que decía que, a pesar del cambio de época, toca temas que siguen siendo igual de controvertidos y actuales en nuestros tiempos, en los que la inmadurez de la adolescencia puede llevarnos a exponernos de un modo peligroso. El modo en que Tamaki expone estas situaciones es delicado y nada condescendiente, lo cual creo que ayuda mucho a que los jóvenes conecten con sus historias. Leyendo esta obra me ha recordado más que nunca a esa serie de Netflix que en su día consiguió mucha notoriedad, Por trece razones. Al igual que esa serie, estamos ante una historia en que cada personaje tiene sus problemas, motivaciones, secretos… y giran alrededor de una joven que ha fallecido. Como en esa serie, no es tan importante saber si realmente fue un suicidio o un asesinato, sino las causas que han contribuido a esa muerte, y cómo nuestra sensibilidad puede afectar a las demás personas.
Este tipo de obras suele tener un estilo de dibujo muy similar, pero tengo que reconocer que me ha gustado especialmente el trabajo de Nicole Goux, con unas interesantes rejillas de viñetas, y diseños de página que resultan atractivos de un primer vistazo. Maneja muy bien el ritmo de lectura, comenzando la escena inicial con una velocidad muy alta gracias a páginas con pocas viñetas y menos texto, para que lleguemos pronto al planteamiento de la situación y comience la investigación. A partir de ahí frena un poco el ritmo premeditadamente, y dirige la atención con mucha habilidad. Sus viñetas a sangre que copan toda la página y coloca algunas sobre el propio dibujo, funciona muy bien en ciertas escenas y no da en ningún momento la sensación de que utiliza ese recurso simplemente «porque quede bonito». El uso de tonos azules y rosas ayuda a enfriar la temperatura de las páginas y las emociones del lector.

En definitiva, Este sitio me mata es una historia de muertes misteriosas en un instituto de secundaria que aprovecha la intriga para hablar de respeto, autoestima y poner de relieve cómo nuestra manera de comportarnos en la vida puede repercutir sobre los demás. Un grito de atención hacia una sociedad cada vez más egoísta en la que cada vez se ve más violencia de todo tipo, una ventana hacia cómo las presiones de grupo nos pueden llevar a ser peores personas, sobre todo en edades pendientes de completar la madurez como personas. Obra fácil de leer, muy necesaria, que ojalá ayude a cambiar a algún joven mientras esté a tiempo. La obra ha sido nominada en los premios Eisner a mejor publicación juvenil, así como a mejor guionista.
Lo mejor: Cómo trata ciertos temas, aprovechando el misterio.
Lo peor: Pensar que al ser una obra juvenil, no la puede disfrutar un público más adulto.


