Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

Encías quemadas

Encías quemadas
Guion
Natalia Velarde.
Dibujo
Natalia Velarde.
Formato
Cartoné, 208 págs, color. 24X32cm.
Precio
24,90€.
Editorial
Reservoir Books. 2025.

Si a estas alturas, aún no os suena el cómic Encías quemadas, prestad atención, porque vais a oir hablar mucho de él. En cuanto empiece la temporada de premios, vais a leer el título en repetidas ocasiones (luego no digáis que no aviso). Reservoir Books, con el respaldo de ser merecedora de una beca Injuve para la creación joven, le dio una oportunidad a la autora de origen venezolano Natalia Verlarde después de despuntar como creadora de fanzines para publicar su primera novela gráfica. Y vaya ojo que han tenido.


Encías quemadas no es una obra amable ni una lectura ligera. Estamos ante una autora que se abre en canal, desnuda su alma y se muestra sin ningún pudor, en un ejercicio de metalenguaje con una potencia gráfica aplastante, pero la sensación que genera durante sus primera mitad es, a no ser que te hayan explicado previamente todo, de incertidumbre. Una obra que se mueve a caballo entre lo lisérgico y lo onírico, y gracias a un estilo artístico plástico se mantiene en continuo movimiento aportando al lector una sensación de inestabilidad permanente.

La obra nos cuenta el viaje de Piel de perro, una criatura con forma de perro y cabeza humana, que se encuentra vagando por una ciudad indeterminada, en la que todo ha comenzado a arder y en la que aparecen criaturas monstruosas que parecen querer acabar con ella y con Cielito, un perrete con un carácter más grande que su propio cuerpo. Ambos comienzan un viaje por el desierto en busca del Autor, un trasunto de Mago de Oz que podría rehacer la historia y acabar con la pesadilla de su protagonista. Cuando duerme, Piel de perro tiene sueños con una mujer afligida, que intenta salir adelante.


Los puntos más fuertes de la obra son, aunque pueda sonar a perogrullada, el dibujo y el guion. El dibujo funciona por estar contando la historia que cuenta. Se trata de un estilo gráfico continuamente cambiante, que aporta una sensación de inestabilidad, de mutación continua. ¿Alguien recuerda aquellos cortos de animación de Bill Plympton en los que todo iba cambiando de una forma a otra? Pues Natalia Velarde consigue algo similar, con ese estilo tan plástico, deforme e hiperbólico, que se mueve entre el cartoon, la animación, el manga y el underground, sin la más mínima intención de decantarse por uno en concreto. No imita, sino que utiliza las referencias para crear su propio estilo, personal y con su propia marca.

Pero como digo, es un dibujo que funciona por estar ilustrando la historia que ilustra, una historia de dolor, rabia, ira e incertidumbre, una historia con unos diálogos y unos textos, en muchas ocasiones, devastadores, con frases que se te quedan grabadas a fuego, y más cuando tomas una percepción global de qué es lo que te ha querido contar su autora. Es una obra que, aunque lleves ya un primer tercio de ella y no te estés enterando de por qué caminos transita, funciona por cómo consigue transmitir el desasosiego de su protagonista, y ese punto de estar a punto de estallar continuamente. Un estilo hipnótico, con una rejilla de viñetas inexistente, como si todo flotase dentro de la misma página en el que lo mismo vemos una forma meramente abocetada a lápiz, que con complejos diseños y acabados muy cuidados, filtros de color con tramas y onomatopeyas o frases en japonés. Y a pesar de ese caos… funciona a la perfección, de manera increíblemente equilibrada.


En definitiva, Encías quemadas es una obra visceral, experimental, iniciática que, contra lo que uno pudiera pensar, oculta a una autora novel, con unas dotes innatas para la narración. Una obra sobre la pérdida que ilustra a la perfección el camino por un desierto de incertidumbre, en la que el lector tiene que subirse al tren que le proponen, al ritmo y la velocidad estipuladas. Nada complaciente, se ve claramente que su autora se preocupa  por lo que quiere contar, sin pararse a mirar atrás a ver si la están siguiendo o no, algo que aquellos lectores que no consigan entrar en dicha propuesta, sin duda criticarán, pero que si haces ese pequeño esfuerzo y sintonizas en la frecuencia narrativa, la experiencia es un viaje maravilloso. Obra sincera y valiente, un tsunami narrativo con el que disfrutas dejándote arrastrar.

Lo mejor: Su aplastante poderío gráfico. Tiene frases que te atraviesan. Acabas la obra y te pide volverla a empezar al momento para entender algunas cosas.

Lo peor: Si no tienes paciencia y aceptas las reglas del juego, te puedes encontrar muy perdido en los primeros compases.