Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

El viaje de Shuna

El viaje de Shuna
Guion
Hayao Miyazaki
Dibujo
Hayao Miyazaki
Formato
Cartoné. 16, 1 x 22,2 cm. 160 páginas. Color
Precio
24€
Editorial
Salamandra Graphic . 2023
Edición original
Shuna no Tabi, シュナの旅 (Tokuma Shoten)

A estas alturas no es que sea muy necesario decir quién es Hayao Miyazaki. Hablamos de ese señor que, como quien habla de la última copa antes de volver a casa, siempre tiene hueco para una película más tras esa que prometa ser la última. Hace tan solo unos meses ha estrenado El chico y la garza después de prometer que El viento se levanta sería la definitiva. Pero tal vez no es tan conocida su producción de manga y puede ser por eso que no nos había llegado hasta ahora El viaje de Shuna.

Miyazaki ya es para siempre parte, ya no de la Historia de la animación, sino del propio cine o incluso, por qué no, de la Historia del Arte. Películas como La princesa Mononoke, Mi vecino Totoro, Porco Rosso o El viaje de Chihiro, que tiene todos los premios que se pueden ganar, lo han hecho inmortal. Sin embargo, los aficionados al cómic siempre echaremos de menos algo más de producción en viñetas. Y es que antes de ser seducido para siempre por la animación, Miyazaki quería ser mangaka. Quedan aún inéditos en España algunos primitivos inicios, como la adaptación de El gato con botas o Sabaku no Tami. No obstante, suele suceder que cuando pensamos en Miyazaki en manga, pensamos en Nausicaä, pero el caso es que nunca habría sido un manga si las circunstancias le hubieran permitido hacer una película desde el principio.

El viaje de Shuna

Algo similar sucede con El viaje de Shuna. El castillo de Cagliostro había sido un batacazo comercial y el futuro de Miyazaki pintaba incierto. No era un momento donde se atisbara cercana una viabilidad para seguir dedicándose al cine y es aquí donde nacen tanto Nausicaä, como El viaje de Shuna, ambas realizadas en paralelo. El viaje de Shuna adapta una vieja leyenda tibetana llamada El príncipe se convirtió en perro, que narra en clave de cuento el origen de la cebada como cultivo en el Tíbet. Miyazaki llevaba tiempo queriendo adaptarla al cine, pero las circunstancias le obligaron a llevarla a esta curiosa forma de manga, que fue publicada en su día por Tokuma Shoten en su revista Animage.

Y digo lo de curiosa porque hay cierta controversia sobre si El viaje de Shuna es o no un manga. En el apéndice con las notas del traductor de la edición de First Second, de la cual procede la versión de Salamandra en España, se refieren a esta obra como un emonogatari, que viene a significar historia ilustrada. Pero antes de entrar en harina con este asunto, empecemos con que El viaje de Shuna nos cuenta la odisea del príncipe que da título a la obra en busca de unos míticos granos dorados que podrían ser la salvación para paliar la hambruna de su pueblo y devolver la salud a sus cosechas.

En realidad, hay dos partes bastante diferenciadas, una primera que nos narra el viaje, los encuentros y obstáculos que se encuentra Shuna en su búsqueda y otra en su viaje de vuelta, cuando es rescatado por Thea. Miyazaki siempre tiende a hacer adaptaciones sui generis y, en este caso, El viaje de Shuna tiene tanto de El príncipe se convirtió en perro como de La Odisea, a la que el genio de Bunkyō ha recurrido en más de una ocasión. Además de la propia historia del viaje y sus adversidades, no en vano el personaje de Thea hará las veces de la Nausicaa homérica en esta historia y guarda además un enorme parecido con otra Nausicaä de cierto valle del viento.

El viaje de Shuna

Pero no son las únicas similitudes que encontramos en El viaje de Shuna. Shuna es sin duda el germen del Ashitaka de La princesa Mononoke y muchos de los lugares comunes habituales en las obras futuras de Miyazaki estuvieron aquí antes. Tenemos esos escenarios que nos llevan a un tiempo y lugar míticos, ajenos a cualquier ubicación real y universales al mismo tiempo, que nos sitúan en una atmósfera de cuento. Está aquí también su predilección por los paisajes abiertos y sus temas habituales de comunión con la naturaleza y de denuncia de la degradación y la deshumanización que trae consigo la civilización. En concreto, en la forma del esclavismo o en la relación parasitaria de los seres divinos de esta historia, podríamos ver una crítica más dirigida a la propia explotación capitalista, lo que tampoco es de extrañar, dada la época y que Miyazaki pocos años antes se encontraba publicando en revistas de ideología comunista, aunque con el pseudónimo de Akitsu Saburō.

Y me temo que ya va siendo momento de abordar la controversia sobre si El viaje de Shuna es o no un manga. Parece ser que las opiniones están divididas entre los que piensan que sí lo es y los que defienden que se trata de un relato ilustrado. Particularmente, la conclusión que he podido obtener tras su lectura es que ambos bandos están en lo cierto y además ambos se equivocan. Me explico: Es verdad que en El viaje de Shuna hay montones de escenas de una sola viñeta acompañadas de un texto, que en la mayoría de momentos es casi redundante con lo que vemos. Es decir, que es casi más como si el dibujo ilustrara ese texto, como si fuera el apoyo de la parte literaria y no al revés… al menos en esos casos. Sin embargo, hay otras muchas secuencias de más de una viñeta, diálogos en directo mediante bocadillos e incluso hay varias escenas mudas, sin texto, lo que vendría a ser narrativa gráfica pura.

El viaje de Shuna

Claro que es cierto que hay muy poco diálogo, pero es que la mayoría del tiempo tenemos una persona completamente sola en un viaje. Es normal que no hable, pero también es bastante comprensible que el autor decida entonces que puede ser conveniente la presencia de un narrador omnisciente. Sería algo así como un documental donde vemos lo que sucede pero tenemos un narrador que lo enfatiza. Diría más, aunque perdamos información, en este cómic — sí, lo voy a llamar así ya, qué demonios — podríamos saltarnos el texto y entenderlo de todos modos. Hayao Miyazaki se preocupa de establecer una dirección visual de lectura, de marcar cuándo las páginas son dobles y deben ser leídas como tales y cuándo no. No hay duda de que hay muchas partes que nos llevan a pensar en ese emonogatari que comentábamos un poco más arriba, pero lo que parió en su día Miyazaki en El viaje de Shuna es una suerte de híbrido que aprovecha recursos de ambos medios y no deja de ser un modo más de jugar con la narrativa gráfica.

En lo que seguro que no hay desacuerdo es en la potencia de los diseños de Miyazaki, sea en personajes o escenarios, que asoman por aquí mucho de lo que estaría por llegar en su películas y tampoco creo que haya mucha disparidad de opiniones acerca de la belleza de las acuarelas.

Llamémoslo como queramos, pero El viaje de Shuna, es sin duda una pequeña joya que teníamos perdida desde hace cuarenta años y por fin hemos tenido la suerte de recuperarla gracias a esta edición de Salamandra Graphic.

Coméntanos algo

No hay comentarios aún. Sé tú el primero

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *