Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

El prisionero de las estrellas, de Alfonso Font

El prisionero de las estrellas, de Alfonso Font
Guion
Alfonso Font
Dibujo
Alfonso Font
Formato
Cartoné. 21 × 29,7 cm. 152 páginas. Color
Precio
34,95€
Editorial
Cartem Cómics . Noviembre 2025
Edición original
Serializado originalmente en los números 22 a 34 y 65 a 70 de la revista Cimoc.

Afortunadamente, parece ser que ya tenemos relevo para ECC a la hora de recuperar la obra de Alfonso Font. El prisionero de las estrellas nos llega así de la mano de Cartem, quienes ya han mostrado repetidamente su interés por los clásicos ochenteros de las revistas del boom del cómic para adultos. No hace tanto rescataban Luna de guerra, que aunque aunque tuviera una edición francesa previa, nos llegó de la mano de Cimoc extra color y ahora ya nos metemos de lleno en la propia revista Cimoc para la primera recopilación integral de esta obra de ciencia ficción del autor barcelonés.

Cuesta creer, no ya que no hubiera disponible una edición completa de este pequeño clásico, sino que no reeditara desde hace cuarenta años, Y de acuerdo que, al partir de los materiales disponibles, que proporciona Strip Art Features, esta edición tal vez no se llegue a ganar del todo el calificativo de definitiva, por motivos que repasaremos un poco más adelante. Sin embargo, sigue siendo una suerte, y hasta cierto punto un pequeño acto de justicia a la obra de Alfonso Font, que podamos tener de nuevo El prisionero de las estrellas en los estantes de las librerías.

El prisionero de las estrellas, de Alfonso Font

El prisionero de las estrellas aparece por primera vez en diciembre de 1982 en el vigésimo segundo número de la revista Cimoc y sería serializado durante un año antes de concluir su primer ciclo. Casi tres años más tarde llegaría El paraíso flotante, la secuela, esta vez a color y bastante más contenida.

El prisionero de las estrellas es una esponja de influencias, una especie de pastiche maravilloso que mezcla Papillon con Mad Max, retazos de Alien, El Incal, Johnny Hazzard, Juez Dredd y toda una suerte de referencias que bien pueden no ser del todo influencias, ya que probablemente muchas de ellas eran, al fin y al cabo, producto del mismo caldo de cultivo de la época. No es de extrañar que con solo dos meses de diferencia en las páginas de 2000AD llegase Harry 20, con una premisa muy similar de partida, si bien pronto iban a tomar derroteros muy distintos.

Todo comienza cuando, en este mundo distópico que nos plantea Font, nuestro protagonista sin nombre — su identidad será gran parte del motor de la trama— sea detenido sin saber apenas por qué, en medio de una trama que sin duda lo supera y apresado para cumplir condena a trabajos forzados bajo un sol abrasador.

Toda la primera mitad de este primer ciclo se centrará en los distintos intentos del prisionero por fugarse de su cautiverio, hasta que aparezca nuestra segunda protagonista, cuyo nombre tampoco nos cuentan, que servirá de apoyo para emprender una nueva deriva argumental en constante huida, mientras descubrimos con ellos los detalles del mundo que nos plantea Font y de la trama que nos ha llevado hasta aquí.

El prisionero de las estrellas, de Alfonso Font

Y precisamente ese mundo es, como decíamos, una esponja de influencias, que leídas hoy en día pueden llegar a sonar a lugares comunes, pero estamos en una época en la que no lo eran o bien empezaban a conformarse como tales. La ciencia ficción de la época y la situación internacional hacían desconfiar del futuro ecológico del planeta, de los gobiernos y los grandes poderes económicos, por no decir que en España se acaba de salir de una dictadura y estaba en efervescencia una nueva noción de libertad.

Todas estas ideas nos llevan a este mundo donde el propio sol está devastando el planeta, la civilización se ha recluido en metrópolis subterráneas y solo unos pocos viven en el inhóspito exterior en un estado semisalvaje. Nos da así Font un mundo multi escenario donde cada atmósfera es un nuevo ámbito que explorar, aunque sin tiempo para detenernos, porque esto era Cimoc y en más o menos 8 páginas había que tener una historia completa. Font, ya con cierta veteranía por aquellas fechas, surfea con habilidad la estructura de revista para darnos un final a cada capítulo y poder continuar aun así una historia mayor en la serialización. de hecho, aprovecha además la brevedad de cada episodio para cambiar de entorno, de tono y de idea de fondo casi con cada uno de ellos.

Obviamente, con estos mimbres, es difícil entrar en grandes profundidades sobre las disquisiciones que se plantean, pero las semillas están ahí para que cada cual las deje crecer. El prisionero de las estrellas es, por lo general, escueto en información de primer plano, pero siempre con la promesa de más capas bajo la superficial. Es conocido que una gestión editorial desafortunada hizo que hubiera que cerrar esta serie antes de lo previsto y de un modo un tanto abrupto, con lo que a saber qué encerraban estos personajes y este mundo.

Y es que, volviendo a citar Harry 20, nos sirve como contrapunto a lo que vemos en El prisionero de las estrellas. Olvidaos del heroico y carismático Harry. De acuerdo que su identidad será uno de los motores de la trama, pero nuestro protagonista no tiene ni nombre. Es más, en los primeros capítulos casi ni parece el protagonista, no se persigue la más mínima identificación o proyección por parte del lector. Es casi como una idea con cara. Y claro que, dentro de todos los tejemanejes entre las distintas facciones de este mundo, que esto sea así es fundamental, pero es que nuestra coprotagonista, la habitante del exterior que acompañará a nuestro prisionero en su correrías, tampoco tiene siquiera un nombre. Es difícil terminar este tomo sin la sensación de que había una historia que contar sobre ella. De acuerdo que es muchas veces un comodín o un mero reclamo sexual, pero no está para nada exenta de carisma —probablemente más que el prisionero— y es casi lo más parecido a una mujer empoderada que se podía ver en la ficción de los tiempos del destape.

El prisionero de las estrellas, de Alfonso Font

Serán ambos nuestros guías en este mundo donde el exterior es hostil e incivilizado y el interior, represivo y sometido. No obstante, para cuando llega la segunda parte, El paraíso flotante, hay un cambio de escenario y un notable cambio estético — que en esta edición queda menos apercibido por el color— e incluso el discurso gira levemente, pero la idea es similar. De hecho, es como si todo fuese distinto para seguir igual. La historia continúa sin elipsis, tal y como la dejaro , pero ahora iremos a una suerte de ciudad que mezcla distintos orientalismos, con ecos de Terry y los piratas o lo que veríamos con el tiempo en la Madripur de Marvel. Pese a que todo pinta mucho más exotico y exuberante, el mensaje, centrado en las revoluciones es incluso más desolador que en la primera parte.

Sabemos que tanto el color original de esta segunda parte como el que luce la edición de Cartem nunca fueron cosa de Font. El paraíso flotante estaba coloreado por Marta Cardona, porque así lo exigía la edición en la Metal Hurlant francesa y la labor cromática actual de Cartem proviene de una decisión de la edición de Strip Art Features. En ambos casos Alfonso Font supervisa y aprueba, pero no puedo negar que disfruto mucho más del autor catalán en blanco y negro. Con sus ecos de Breccia, Pratt, Cannif, Carlos Giménez o Giraud, solo sus texturas de blanco y negro ya nos meten en este mudo de polvo y sudor.

El color de la presente edición, sin acreditar, ha sido motivo de controversia y es que, si bien han intentado incidir en esos tonos cálidos que nos tienen que transportar a la propuesta de Font, hay un exceso de render y una paleta demasiado pastel que huele demasiado a nuevo y demasiado dulce para lo que se nos propone. Sorprende además la decisión de no respetar las pautas de color de Marta Cardona para el recoloreado de la segunda parte, que sin duda maridaba mucho mejor con el estilo del dibujante.

Es por ello inevitable un ligero regusto agridulce al terminar esta edición de El prisionero de las estrellas, que en cualquier otro aspecto hace una estupenda labor de restauración de los materiales originales. Tal vez no es perfecta, pero volver a tener disponible esta obra tras casi 40 años bien compensa todo lo demás.