Es la hora de las tortas!!!

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El Diablo y el señor Twain

El Diablo y el señor Twain
Guion
Koldo Azpitarte
Dibujo
Mikel Bao
Formato
Cartoné. 17 x 24 cm. 192 páginas. Color
Precio
19,90€
Editorial
Dolmen Editorial. 2022

Tal vez un carácter extravagante, un modo de vida bohemio, una historia turbulenta o incluso a veces una combinación de todas, pero algo tienen los grandes artistas, más allá de genio y figura, que los convierte en una sugestiva materia prima para la creación de ficción. Ya solo en los últimos años en España hemos podido disfrutar de títulos como La Divina Comedia de Oscar Wilde, Las Meninas o Galdós y la Miseria y ahora nos llega de la mano de Dolmen El Diablo y el señor Twain.

El Diablo y el señor Twain

Koldo Azpitarte y Mikel Bao, sus autores, son firmas conocidas sobre todo por los lectores de la revista Z de Zona Cómic, aunque al primero le hemos visto escribir artículos para varias editoriales desde hace no pocos años. Su faceta como creadores es sin embargo menos conocida y escasa. No tanto en el caso de Azpitarte, que ya había publicado antes dos obras largas junto a Ángel Unzueta, Cara de Ángel y Reliquias. El dibujante Mikel Bao, por su parte, cuenta con una menor trayectoria en este aspecto, que no va mucho más allá de publicaciones grupales como El Balanzín o La Resistencia. Precisamente en esta última nacería El Diablo y el señor Twain. Tal como explican en el epílogo, originariamente iban a ser un puñado de historias cortas, pero las cosa fue creciendo hasta este volumen de 192 páginas.

El Diablo y el señor Twain nos sitúa en el último cuarto de la vida de Samuel Langhorne Clemens, quien pasaría a la posteridad como Mark Twain. En el momento de inicio de la obra, Twain goza de reconocimiento y popularidad, pero atraviesa un momento complicado en lo económico. Debido a unas inversiones poco afortunadas, acumula una serie de deudas y es aquí donde entrará Henry H. Rogers, el magnate del petróleo, que se hará cargo de sus finanzas hasta el momento de su muerte. Azpitarte y Bao ven en Rogers el modelo que terminará tomando Twain para el Satanás de su novela póstuma e inacabada, El forastero misterioso. Será este el eje central de la obra, pero por el camino seremos testigos de montones de otros episodios reales y ficticios, insertos de su obra dentro de la historia y encuentros con otras figuras célebres de la época como Nikola Tesla, Bram Stoker o Sigmund Freud.

El Diablo y el señor Twain

El Diablo y el señor Twain nos da un Clemens de algún modo desubicado, codeándose con una alta sociedad a la que sabe que no pertenece, en una vida familiar a la que le cuesta pertenecer y encerrado en un personaje del que no puede salir. Es en este aspecto donde podemos ver lo mejor de la obra. Sin embargo, la cantidad de contexto y los insertos de historias requieren una ingente cantidad de diálogos y cartuchos de texto que no le ponen las cosas nada fáciles a Mikel Bao.

Tampoco ayuda que la intención inicial de historias cortas aisladas termine permeando en el resultado final y tardemos tal vez demasiado en establecer un hilo conductor tonal con algo más en común entre capítulos que el personaje protagonista. Si bien la segunda mitad del tomo mejora considerablemente el ritmo, todo un arranque de cadencia irregular y tal vez excesivamente profuso en texto no se lo termina de poner fácil tampoco al lector.

El Diablo y el señor Twain

Por su parte Mikel Bao elige un estilo de formas simples de aspecto vectorial, de rasgos mínimos y trazo inexpresivo y matemático, con predilección por los puntos de vista neutros, las composiciones elementales y una rotulación que resulta algo fría e impersonal. No dejan de ser elecciones que complican el hecho de imprimir ritmo y emoción a un reto que es ya de por sí complicado, debido a la abundancia de diálogo y texto en off. Mikel Bao se mete en un brete francamente complicado para un dibujante relativamente novel, con lo que resulta hasta sorprendente cuando al final consigue salir más o menos airoso.

Sin embargo, pese a que la sensación al finalizar el tomo es la de haber superado esos escollos iniciales, el vínculo emocional tarda en llegar para el lector en El Diablo y el señor Twain y eso nos hace encajar gran parte de la obra con cierta frialdad. Tal vez por eso el impacto que debería llegarnos al terminarla resulta algo mermado y la historia no termina de quedar redonda. Por el momento, solo nos resta quedarnos con el Koldo Azpitarte y el Mikel Bao del final de la obra y estar atentos a lo próximo de este tándem bilbaíno.

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