Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

El año en que fuimos reyes (1 de 2)

El año en que fuimos reyes (1 de 2)
Guion
Javier de Isusi
Dibujo
Javier de Isusi
Formato
Cartoné. 19 x 26,8 cm. 312 páginas. Bitono
Precio
29€
Editorial
Astiberri Ediciones . Noviembre 2025

Por lo general, es costumbre en esta casa que las sinopsis de los tebeos que reseñamos sean de nuestra cosecha, pero en el caso de El año en que fuimos reyes, me vais a permitir apropiarme de la que nos provee Astiberri, al menos del primer párrafo, ya que me va a servir de trampolín:

«Casi una familia. Emma, Yul, Sam e Ignatz son cuatro jóvenes estudiantes de esquinismo que comparten piso y vivencias en la vibrante ciudad de Babilô. Mientras, ven cómo a su alrededor el ambiente se caldea al son de diversas revueltas sociales que se irán haciendo cada vez más y más intensas.»

¿Esquinismo? ¿Babilô? ¿Veis por dónde voy? Y eso no es todo: Bonaire, Miquelabi, Atarax, Antuerpia, Guevaria, Stratocastius, Agurrola, SprootzEl año en que fuimos reyes está lleno de términos de este tipo completamente inventados… o no. Todo esto es parte del juego y no dejan de ser una especie de realidades construidas dentro o a partir de otras y es que con esto llegaríamos al esquinismo, que es la excusa y el tronco central de esta obra de cuatro chavales en sus años universitarios.

El año en que fuimos reyes (1 de 2)

Este tipo de juegos poéticos con los niveles de lectura no son algo nuevo en Javier de Isusi y, aunque no exactamente del mismo tipo, serían estos los que lo llevarían a deslumbrar con La divina comedia de Oscar Wilde y hacerse con el Premio Nacional de Cómic. Está poética más allá de la historia de primer plano flotaría ya desde los primeros libros de Los viajes de Juan Sin Tierra, pero en El año en que fuimos reyes consigue darle una vuelta de tuerca e ir un poco más allá, gracias a este concepto prestado del esquinismo.

Aunque el concepto surge de El esquinista, el cuento de Laia Jufresa de 2014, hay un pequeña participación del bilbaíno en el mismo, que quedó embelesado por él al leer el primer borrador. En realidad, El año en que fuimos reyes es un proyecto que lleva en estudio desde 2010 y que ha ido posponiéndose en favor de otros como Transparentes, El mar recordará nuestros nombres o Todas las mañanas. Suponemos que hace falta encontrar el momento para embarcarse en un proyecto del calado de este, que constará de dos tomos de más de 300 páginas.

Ahora sí llegaría el momento de una sinopsis más dentro de los cánones de esta nuestra casa. Aunque aún falta un segundo tomo para terminar la historia y quién sabe lo que nos deparará, a juzgar por este primer tomo y el título, El año en que fuimos reyes nos cuenta un año en la vida de Emma, Yul, Sam e Ignatz, cuatro jóvenes procedentes de distintos puntos del planeta para estudiar esquinismo en la ciudad de Babilô. Asistiremos a sus cuitas, amores y desamores, aspiraciones, inquietudes políticas y sociales y todo lo en esa edad de efervescencia, aprendizaje y crecimiento personal se puede descubrir y experimentar.

El año en que fuimos reyes (1 de 2)

Pero no hay tebeo de Javier de Isusi sin juego con las capas de lectura. Más allá de la vivencia de primer plano, hay toda una suerte de contenido simbólico, ni más ni menos importante, paralelo y hasta complementario, pero si acaso con un pequeño plus. Y es que sobre el contenido simbólico, sobre descubrir y evocar unas realidades dentro de otras gira gran parte del tronco de El año en que fuimos reyes. De Isusi podría haber ambientado su historia en Bilbao —ciudad que de manera nada escondida oculta su Babilô—, pero elige una ciudad ficticia que evoca otra. Tenemos una Babilô con montones de detalles y escenarios reales de la capital vizcaína— y del mundo, que dirían muchos, si me permitís la bilbaínada— pero muchos otros que jamás existieron, proyectos que nunca se llevaron a cabo o incluso pedazos de otros sitios. Babilô es la Bilbao que podría haber sido o incluso todas las Bilbao posibles e imposibles.

Esto es hasta cierto punto una declaración de intenciones que, junto con el concepto del esquinismo, nos da una muestra clara de por dónde quiere llevarnos esta obra. Al terminar el primer tomo de El año en que fuimos reyes, tendremos una imagen mental relativamente completa de lo que encierra este concepto, pero deja que sea deliberadamente ambiguo y confuso al principio, con versiones contradictorias entre los distintos profesores de la facultad, y que seamos nosotros los que vayamos descubriendo nuestra propia versión del esquinismo durante la lectura, del mismo modo que los protagonistas descubren formas ocultas en la ciudad de Babilô.

No obstante, para que todo esto funcione, es preciso un sustrato de realidad y El año en que fuimos reyes, a su manera, plantea montones de cuestiones de tipo social y político. No hay que olvidar que durante la gestación de esta obra tuvo lugar el 15M de 2011 y este tebeo es hasta cierto punto hijo de lo que ahí surgió. Nos habla de desigualdades, de crisis medioambiental y, al fin y al cabo, de todos los efectos de la segunda mitad del siglo XX en este nuestro siglo XXI. Crea el concepto del contencionismo, que se plantea en este mundo paralelo como la alternativa al capitalismo, y se nos cuentan algunas de sus claves, pero sin dejar de jugar con el mismo tipo de ambigüedad que ya acarreaba el esquinismo.

Y es que Javier de Isusi quiere que participemos de esta aventura del esquinismo con su tebeo, que retocemos en sus propuestas para extraer nuestras propias realidades, puede que algunas incluso personales e intransferibles, pero igualmente válidas. No estoy seguro de que proponga tanto un todo vale, como un manual o una especie de ensayo. El año en que fuimos reyes quiere que, de algún modo, militemos en lo que plantea, que entremos en el juego de buscar el contenido simbólico y las realidades ocultas del tebeo, como esparcimiento, sin actitudes pretenciosas y como parte de la complicidad que establecemos con los personajes.

El año en que fuimos reyes (1 de 2)

Por no irme demasiado por las ramas y centrarlo, el ejemplo más simple, habitual y conocido para entender todo esto es buscar formas en la nubes, pero Javier de Isusi lo lleva a otros ámbitos, otros modos y otros juegos. Gracias al concepto del esquinismo es como si hubiera comunicación en dos sentidos. Nos proyectamos para extraer esas formas y estas nos devuelven a cambio nuevas realidades que no parecían estar ahí en un primer momento.

Es imposible no jugar al esquinismo con el propio tebeo y mientras leemos lo que sucede en una clase universitaria o una fiesta de disfraces, vamos extrayendo realidades y descubriendo capas de realidad. Al final y al cabo el Arte, así con mayúsculas, va un poco de eso, de trasladar ideas a través de otras realidades en este caso plásticas. Y es que como se dice en el propio tebeo, la Luna refleja la realidad de quien la mira. Todo lo que aquí sucede es bajo los ojos de Emma, Yul, Sam e Ignatz, cuatro jóvenes tan similares como distintos que están viviendo los mismo acontecimientos de forma tan similar como distinta. Es la historia de los cuatro pero también la nuestra y por más que encierre toda una mitología vasta y compleja lo es tanto como nosotros mismos queramos ver.

El año en que fuimos reyes no es una de esas obras que te hace sentir tonto por todo lo que podemos atisbar que nos qeda oculto, sino que parece amoldarse para ser el tebeo que queramos leer e incluso muy probablemente se puede convertir en otros en futuras relecturas. Pero todo esto podéis comprobarlo porque Astiberri tiene a libre disposición los primeros capítulos en formato digital, con una buena muestra de lo que nos vamos a encontrar por aquí.

Tal vez me cuesta más de lo habitual extraer la dosis de imparcialidad y separar lo personal para hacer esta reseña porque es como si hubiese sido hecha para mí, que —aunque hace ya muchos años— fui estudiante de Bellas Artes en el campus de Bizkaia de la UPV. Sin embargo, algo me dice que incluso a lectores con realidades a priori más ajenas probablemente les va a ocurrir algo parecido, que de alguna manera es imposible no ver parte de uno mismo en esta historia. Y si es así, enhorabuena, acabas de ganarte un sobresaliente en esquinismo.