Es la hora de las tortas!!!

Es la hora de las tortas!!!

Doce, de Herik Hanna y Hervé Boivin

Doce, de Herik Hanna y Hervé Boivin
Guion
Herik Hanna
Dibujo
Hervé Boivin
Color
Gaétan Georges
Traducción
Gabriel Álvarez Martínez
Formato
Cartoné, a color, 72 páginas
Precio
23 €
Editorial
Tengu Ediciones. Febrero 2025
Edición original
Douze

Poco a poco la gente de Tengu está confeccionando un catálogo de lo más apetecible y variado con manga (“La mansión de los horrores”), producción nacional (“Alkaios”), material latinoamericano (“Mega”) o álbumes europeos como “Doce”, el cómic del que procedemos a hablar en la siguiente reseña.

Publicado originalmente por Delcourt en 2022, “Doce” es un volumen único de 80 páginas (una extensión mayor de lo habitual en la BD) escrito por Herik Hanna (“Void 01” o “WW2”, ambas con edición en España por parte de Norma) y dibujado por Hervé Boivin (“Sable y Espada”). Os aviso que su lectura es francamente adictiva, invitando incluso a ser revisitado para cazar detalles que se nos pudieran haber pasado por alto.

Doce asesinos bajo un mismo techo

La premisa de “Doce” es brillante por su sencillez y eficacia. Con carácter anual, un misterioso personaje llamado Hidra convoca a doce personas con habilidades muy particulares a una cena en un hotel (un emplazamiento que recuerda al Overlook de “El Resplandor”), alquilado ex profeso para esta reunión.

Hanna usa casi dos tercios del álbum para presentarnos a esta docena de asesinos. Pese a lo limitado del espacio de la obra, el escritor se toma las cosas con calma para construir y asentar los cimientos de lo que será la explosiva traca final (digna del mismísimo John Woo). Lo mejor de “Doce” es que, pese a que uno se imagina desde el principio el tipo de desenlace que se va a encontrar, te enganchas a la historia porque ningún elemento es dejado al azar. Cada uno de los comensales está ahí por una razón. Todos tienen un interés propio y una historia pasada que determinará su papel en la función.

Estamos pues ante un thriller de suspense muy bien conducido que, si bien no es especialmente original, sí que está planificado y ejecutado con mano firme. El tono recuerda mucho al de las mejores novelas de Agatha Christie (con guiño a esta autora y todo) o al de películas como “Cluedo”. Ojo, que “Doce” no es un “Whodunnit” al uso. Aquí no hay un culpable, aquí todos tienen algo por lo que pagar. Los protagonistas reflejan lo peor de la naturaleza humana. Me ha gustado mucho cómo Hanna no trata de blanquear sus personalidades o romantizar a lo que se dedican. Son todos escoria, punto. Ahora bien, pese a lo indicado, será inevitable que “tomemos” partido por uno u otro, porque no hay dos personajes iguales.

Para lograr esta caracterización tan lograda ha sido indispensable contar con un artista del talento de Boivin. El trabajo del artista se me antoja imprescindible para el correcto devenir de la historia gracias a lo distinguibles que son cada uno de los doce personajes. No hay posibilidad de confundir a dos de ellos gracias a que todos tienen algún rasgo que los caracteriza. También es muy meritoria la forma en la que plasma su lenguaje corporal o el juego de miradas que comparten unos y otros poco antes del clímax de la obra.

Y ya que hablo del clímax, este da lo que promete y mucho más. Hanna y Boivin construyen tan bien la historia de “Doce”, y van aumentando tanto la sensación de tensión que cuando empieza a saltar la sangre lo único que queremos es más y más. Eso sí, se guardan un giro final bastante previsible que puede ser interpretado como un elemento innecesario para complicar la premisa que se nos ha vendido. Personalmente creo que no deja de ser un guiño a esas historias clásicas que al final no son lo que parecen. Pero que cada uno saque sus propias conclusiones.

No quisiera terminar la reseña de “Doce” sin alabar el gran trabajo de Gaétan Georges con la paleta de color que, unida a la pasión por el detalle de Boivin, casi convierten el hotel en un personaje más del relato. Los tonos rojizos y ocres sirven para crear una sensación de apacibilidad y seguridad que contrasta las sensaciones que experimentan los huéspedes. Muy curioso, la verdad.

Como de costumbre, la calidad de la edición de Tengu es superlativa. Encuadernación en cartoné, buen gramaje, tamaño álbum, cinta de lectura y una portada muy atractiva y sugerente que combina el el blanco del título, con el negro de fondo y el color dorado para resaltar las armas y la máscara de Hidra.

Un tomo único, aunque algo caro, que hará las delicias de los que busquen una historia adictiva para pasar un buen rato.