Poco a poco, la editorial Tengu se está haciendo un hueco en el mercado gracias a su potente catálogo, que incluye títulos europeos realizados por autores de primer orden, producción nacional puntera, manga y, ahora también, cómic americano con la publicación de Dead Romans, una miniserie de seis números que vio la luz en su país de origen de la mano de Image Comics.

Como responsables de Dead Romans, nos encontramos al guionista Fred Kennedy (un ilustre desconocido para el que esto firma) y al dibujante Nick Marinkovich, del que sí que había disfrutado de alguna historia de terror ambientada en el universo de la saga cinematográfica Underworld. En su momento, ya me llamó la atención su estilo pictórico en la línea de Bill Sienkiewicz o Ben Templesmith.
Dead Romans. Rellenando huecos de la historia
La trama nos traslada al año 9 D.C. a los eventos de la batalla del bosque de Teutoburgo. La que algunos historiadores han calificado como el Vietnam de los romanos en la época del Emperador Augusto. El foco se sitúa en tres personajes. El más importante es Arminio, rehén del Imperio Romano que ha traicionado a sus captores para hacerles pagar cara su afrenta de invadir sus tierras. Luego tenemos a Publio Quintilio Varo, general de tres legiones que está recibiendo palos por todos lados. Por último, tenemos a Honoria, espía y esclava romana.
Como decía más arriba, la base histórica de la batalla de Teutoburgo sirve como caldo de cultivo para que Kennedy (que tiene una serie llamada The Florida Hipopotamus Cocaine Massacre, que necesito leer) nos ofrezca un intenso thriller bélico en el que la acción y las escaramuzas tienen la misma importancia que las intrigas de alcoba. Desconozco hasta que punto es rigurosa con los acontecimientos reales, pero tampoco creo que importe. Si nos ponemos tiquismiquis con este tipo de productos no habríamos podido disfrutar de otros tebeos como 300 o películas como Gladiator. Sea como fuere, Kennedy lo apuesta todo a las tensiones entre los tres protagonistas, explicando cómo ve cada uno el conflicto.

En esencia, Dead Romans es una fábula sobre la lealtad, la pasión y la traición. El guion está muy bien conducido al centrarse únicamente en una batalla y en sus prolegómenos y consecuencias. De esta manera, todo queda lo suficientemente contenido para que cada personaje tenga el peso necesario en el computo global de la trama. Ahora bien, es cierto que, en algunos momentos, Kennedy cae en ambos extremos de la balanza. Por un lado crítica la política expansionista de Roma pero por otro, da la sensación de que romantiza e idealiza ciertos aspectos de aquella cultura.
Tampoco termina de cuajar la historia de amor que, en todo momento, se nos presenta como una tragedia a escala cósmica. Sin duda, este es el elemento más flojo. Lo que es una pena, porque Honoria presenta un potencial que no termina por ser explotado todo lo que se merece.
No obstante, el escritor sabe cómo enganchar al aficionado. Pese a la abundancia de diálogos y textos, Dead Romans ofrece una lectura rápida y ágil que no da un solo momento de respiro. Con esto consigue que nos zampemos el tomo de una tacada.

De todas formas, la estrella de la función es Nick Marinkovich cuyo estilo sucio y oscuro le sienta de miedo al guion. Su trazo es idóneo para mostrar la ambientación decadente de los bosques germanos en los que se desarrolló la batalla. De hecho, el escenario casi parece un personaje más en Dead Romans. Para rematar este aspecto, José Villarrubia se encarga de aplicar una pareja cromática con predominancia de tonalidades oscuras y apagadas. Sin duda, es un lujo poder contar con el buen oficio del español en cualquier cómic, ya que se trata de uno de los mejores coloristas en activo.
Por su parte, Tengu presenta la obra en tapa dura, papel de buen gramaje e incluye una cinta de lectura y una galería de portadas alternativas al final del volumen.


