Lo primero que llama la atención de DC Kids. Las aventuras de Superman 4 es el festival de nombres de los créditos. Adelantábamos ya en la entrega anterior que, con la partida de Scott McCloud, la serie entra en un breve periodo de transición que concluirá cuando en la próxima entrega ya se haga cargo de los guiones de manera regular un por aquel entonces joven Mark Millar.
Así, si ya esta serie se caracteriza de natural por las historias autoconclusivas, teniendo en cuenta además que casi cada número cambiamos de autores — solo Neil Vokes y Aluir Amancio repiten—, nos queda un tomo de naturaleza particularmente antológica. Le sumamos que contiene dos especiales, al inicio y final del volumen, y nos debería quedar un tomo de lo más heterogéneo y habrá quien pueda pensar que caótico. Pero, pese a que se pueden ver las diferencias de estilo, fobias y filias de cada autor, comentamos también en anteriores reseñas que la estupenda labor editorial y el libro de estilo generado por la serie animada de Bruce Timm, Alan Burnett, Paul Dini y un buen puñado más dota al conjunto de una coherencia realmente sorprendente.
Diez nombres entre dibujantes y guionistas —sin contar entintadores, coloristas, rotulistas, etc— y la sensación de continuidad estilística no se rompe lo más mínimo. Diez nombres además de procedencias y experiencias de lo más dispar. Desde viejos veteranos de los superhéroes, como David Michielinie o Brett Blevins, hasta por aquel entonces promesas emergentes como Devin K. Grayson o Mark Millar; estandartes del cómic independiente, como Evan Dorkin y Sara Dyer, o del mundo de la animación como John Delaney. Montones de influencias y experiencias diferentes, que, sin embargo, trabajan casi como un solo autor.
Con todo, cada historia tiene una cierta identidad y, como en todo volumen recopilatorio, unas tienen más peso que otras, pero en todas hay, más allá de la historia de primer plano, alguna idea de fondo, algún pequeño experimento narrativo o peculiaridad que destacar. Así, nos brindan una curiosa reflexión sobre la conciliación y esa suerte de síndrome del cuidador de Superman en la historia de Grayson y Amancio; una divertida especie de running gag en la de Duffy y Vokes, un misterio con Gorfinkel o los mil y un golpes de efecto — cómo no— de Mark Millar. Sin embargo, hay en DC Kids. Las aventuras de Superman 4 dos historias que sobresalen tanto por número de páginas como por relevancia.
Arrancamos el tomo con el especial Superman Adventures Special: Superman vs. Lobo. Un año antes, hacia el final de la primera temporada de la serie animada, Lobo debutaba en la tele con la bilogía The Main Man. La popularidad del último czarniano a finales de los 90 estaba disparada y desde que Keith Giffen, Alan Grant y Simon Bisley lo reinventasen a principios de la década, su éxito y omnipresencia no dejaban de subir. Tal vez por la propia sobreexplotación del personaje, la sátira sobre la ultraviolencia que representaba estaba empezando a ser fagocitada por aquello que parodiaba. La irreverencia y el rupturismo de partida habían sido pasados por la procesadora de la industria para convertirlo en un producto de venta.
Con todo esto, uno se teme lo peor cuando meten a Lobo en una serie de animación para chavales e igualmente al afrontar este especial. Sin embargo, y sin ser exactamente lo mismo, no se traiciona la esencia de Lobo y tampoco la de la serie animada, gracias a la magia del cartoon. Tradicionalmente el cartoon ha permitido unas dosis de violencia muy por encima de lo que la edad del target debería recibir gracias a una serie de códigos que la convierten, de alguna manera, en humor… que viene a ser justo lo que perseguían, a su peculiar modo, Grant, Giffen y Bisley cuando hicieron El último Czarniano. En el caso de este especial concreto, aunque los códigos y el público son distintos y sin duda es una versión dulcificada, la intención subyacente al final viene a ser afín. Además, contraponer casi a modo de team-up/buddy movie los caracteres de Superman y Lobo crea una química realmente divertida, que es casi el tronco central de la historia.
El broche lo pone el Superman Adventures #21, un número que, aunque forme parte de la colección regular, viene con extensión extra y el plato fuerte del origen de Supergirl. Curiosamente, sin alterar demasiado los modos, nos vamos al polo puesto, a una historia profundamente trágica donde se explora cómo en orígenes relativamente similares, como los de Superman y Supergirl, las diferencias de matiz lo son todo. El pequeño Kal era un bebé y no sufrió la destrucción de Krypton. Kara era ya una adolescente a quien todo su mundo se le vino abajo. Además, Argo no sufrió una aniquilación total como la de su planeta hermano sino una devastación que generó un escenario postapocaliptico en el que Kara tuvo que vivir durante años. El trauma, la adaptación y la resiliencia son las claves de esta historia con la plana mayor de Apokolips, la vuelta de Jax-Ur y una sorpresa/debut en este universo en la parte de los antagonistas.
Así, de nuevo en DC Kids. Las aventuras de Superman 4 se repite la magia de la que probablemente sea una de las series más redondas y fieles a su propia idea de partida de cuantas ha tenido el Hombre de acero en sus casi 90 años de historia. Una estética, unas pautas narrativas y una coherencia tonal como ya quisiera cualquier otra de sus series, deriva en una serie en la que todo es posible, que admite cualquier tipo de historia, cualquier idea de fondo, con una sólida red de seguridad que hace que todo funcione bajo sus códigos. Nos quedan aún otros dos tercios hasta llegar al final y, con suerte, se publicará esta serie íntegra por primera vez en nuestro país. De momento, prepararos para la próxima entrega con la llegada definitiva de Mark Millar.





