Pese a que la serie animada de Batman de 1992 fue un éxito arrollador, tardarían cuatro años más en darle a Superman su homóloga. Sin llegar a la cotas de su oscuro compañero, la serie, también capitaneada por Bruce Timm, Paul Dini y el siempre injustamente olvidado Alan Burnett, tendría tres temporadas y, por supuesto, adaptación de su universo en viñetas, la cual podemos volver a ver ahora en Las aventuras de Superman.
No es la primera vez que esta serie llega a España, pero ni Zinco ni Planeta llegaron a editarla. Hasta 2016 no podríamos ver algunas de estas historias dentro de un recopilatorio Grandes autores de Superman: Scott McCloud y en su colección en grapa cinco años después, pero permanece inédita más de la mitad. Ahora, dentro de la iniciativa DC Kids de Panini, esperamos poder verla en tomitos en rústica y formato reducido cada dos meses alternándose con su compañera gothamita.
Las aventuras de Superman sigue siendo hoy día un soplo de aire fresco para grandes y pequeños y cualquier recién llegado va a poder aterrizar aquí y descubrir el universo del hombre de acero. Pero por más que no sea necesario, este Superman visto en contexto tiene incluso más valor.
Cuando aparece esta serie en USA, Mike Carlin, el hasta entoces editor de Superman que había traído una era dorada, acababa de ser ascendido y dejaba libre su puesto. Las series Action Comics, Superman y Man of Steel nos traían a ese Superman del mullet que no hacia tanto que había vuelto de la muerte. Tiraba aún con la inercia de los equipos de la era Carlin, con Dan Jurgens, Louise Simonson, Jon Bogdanove y otros, pero con cierta pérdida de fuelle, hasta el punto que pronto se meterian en experimentos como el Superman eléctrico o los de colores, con lo que, en aquellos aquellos tiempos, el Superman más puro, podía encontrarse aquí de la mano de Paul Dini y sobre de Scott McCloud y Rick Bruchett.
No obstante, antes de centrarse en los autores y sobre todo su papel en esta serie, y aunque es bastante conocido, pongamos claro lo que vamos a encontrar en esta clección. Las aventuras de Superman es la serie cuyas aventuras tienen lugar en el mundo y con las reglas de la serie animada. Esto es un destilado de Superman prácticamente atemporal y con ingredientes de toda su historia. No se trata de recontar los episodios de la serie animada, sino brindarnos las aventuras que podrían tranquilamente suceder entre capítulo y capítulo. Esto también incluye el aliciente — y en nuestros tiempos aún más— de que cada grapa es autoconclusiva, lo que termina así en un tomito con seis historias completas bien apañadas.
Pero volvamos a los autores para entender un poco mejor cómo se llega a lo que hacen en Las aventuras de Superman. Comencemos por Rick Bruchett. Burchett ya llevaba más de una década dibujando títulos como E-Man, para First, y Justice League, Black Hood y sobre todo Blackhawk, para DC. Mantenía, sin embargo y paralelamente, una carrera de entintador y, entre otros títulos, se había encargado durante años de los acabados en Las aventuras de Batman, con lo que ya se sabía al dedillo esa estilización de la estética Bruce Timm con la que este tipo de cómics eran dibujados, así que era lógico pensar en él — y más con tintas de Terry Austin— a la hora de encargarse de lo lápices Las aventuras de Superman.
Tal vez no resultara una opción tan lógica Scott McCloud, que no mucho antes había sacado esa absoluta joya inmortal que es Understanding Comics: The Invisible Art. Era, sin embargo, especialmente conocido por Zot!, una especie de superhéroe con un sabor más pulp e inocente de lo que se estilaba en su época, que terminará yéndose por unos derroteros más cercanos a los modos del cómic independiente de los 80. Sin embargo, y pese a esto y conocérsele como autor de eso que es llamado novela gráfica, McCloud es un gran aficionado a los superhéroes — amigo desde niño de uno de los reyes del pijameo, como es Kurt Busiek— y especialmente del hombre de acero.
Cuando decimos que Las aventuras de Superman es un destilado, nos referimos a que juega con absolutamente todos los juguetes que para aquel entonces había ido creándose durante 60 años, pero se permite presentarlos como si fuera la primera vez. Paul Dini, como representante de la serie de TV, pone esta colección en marcha. Con solo un número nos da todo lo que necesitamos saber de Superman —y, por supuesto, Clark —, Lois, Jimmy, Perry, ma y pa Kent, Luthor o incluso personajes más secundarios como Ron Troupe, Angela Chen, la capitana Maggie Sawyer, Dan Turpin y hasta otros creados específicamente para la televisión como Mercy.
Todo está ya aquí, pero cuando llega McCloud, los mezcla, los agita y lo deja burbujear. McCloud deja que vaya surgiendo la química y establece todas las dinámicas entre los distintos personajes del universo Superman, consciente de que dentro de la inabarcable cantidad de facetas del personaje, gran parte de ellas están en todo aquello que le orbita.
Entre el trabajo que les da hecho la serie animada y el propio imaginario popular, McCloud y Burchett son muy conscientes de que pueden hacer trampas y ganar tiempo evitando orígenes y explicaciones. Por más que este Superman sea un fenómeno relativamente nuevo en esta Metrópolis, todo está allí ya. Habría ciertos checks por los que será inevitable pasar, como el fin de Krypton, pero siempre buscan la manera de pasar por ellos sin resultar redundantes y sin dejar de brindar toda la información básica para el recién llegado, gracias a un portentoso trabajo con la elipsis.
Por eso este tebeo es absolutamente para todo el mundo y la labor de condensado y disposición de la información es sencillamente magistral… y aún les sobra hueco para una o dos escenas de guantazos por capítulo. Sin tratar de darse demasiada importancia, hay siempre también en cada historia alguna idea de fondo como el valor subjetivo de los recuerdos, la tenacidad o el empoderamiento femenino o incluso pequeños experimentos narrativos como en el capítulo de Mister Mxyzptlk, con mucho más ingenio que el que se asume para este tipo de historias ligeras. No tratan de hacer una revolución, sino solo de jugar con los ingredientes que tienen, que casualmente son los mejores.
Buena ideas, mimo y la solidez narrativa y el trabajo de acting de Burchett son lo que completa esta receta ganadora que se disfrutaba en los noventa, tanto si eras un niño como si eras adulto, y continúa sin haber envejecido lo más mínimo treinta años después.





