Creo que no me voy a cansar nunca de decir que Las aventuras de Batman es una de las mejores series regulares del Señor de la Noche jamás publicadas. Puede que su público objetivo sean los más pequeños de la casa, pero Kelley Puckett le pone tantas capas al pastel que es imposible no rascar unas cuantas cosas interesantes en cada capítulo.

Panini está ofreciendo la serie en tomos de seis episodios en formato pocket con una cadencia bimestral. Hoy me dispongo a hablar del tercero, que incluye los números de la serie original comprendidos entre el trece y el dieciocho. Y bueno, digo tercero porque es el número que se plasma en el lomo. Sin embargo, el equipo creativo tiene tal habilidad que te puedes subir a la serie en cualquier momento al tratarse de aventuras autoconclusivas. Tampoco necesitas ser un especialista en el lore de los personajes. Con conocer lo básico es más que suficiente para dejarte atrapar por la magia de Las aventuras de Batman.
Esta nueva ración de aventuras animadas comienza con “El último tango en París” (Estad tranquilos papis, no hay escena de mantequilla). Bruce Wayne y Talia Al Ghul viajarán hasta la capital francesa, una de las ciudades más románticas del mundo, para hacer equipo. Es increíble la cantidad de cosas que meten Puckett y Parobeck en tan solo veintidós páginas. Más allá de lo divertido que resulta y de las excelentes escenas de acción, estamos ante una historia de amor imposible por culpa del triángulo formado por esta desdichada pareja y el padre de ella, Ra’s Al Ghul. Cada personaje juega su papel, es fiel a sus principios y a su naturaleza, por lo que el conflicto es inevitable. Una vez terminado el número, es imposible no quedarse un buen rato rumiando ante la posibilidad de lo que pudo ser y no fue. Al menos pueden decir aquello de “Siempre nos quedará París”.

Seguimos para el bingo con otro excelente relato. Los autores se marcan un número detectivesco con Robin enfrentándose al Ventrílocuo. Una premisa, a priori, sencilla, que esconde una profunda reflexión sobre no tener miedo a crecer, madurar o evolucionar y, especialmente, a no dejarte lastrar por los errores del pasado, aprendiendo de estos en lugar de convertirlos en una excusa que lo justifique todo.
Pero no se vayan, todavía hay más. Aún falta un número más que me ha parecido especialmente destacable. Con el Joker de por medio, nuestros héroes enmascarados vivirán una aventura surrealista llena de humor meta con referencias a la historia del noveno arte que van desde el legendario Will Eisner hasta el psiquiatra Fredric Wertham. Un puñado de desternillantes páginas que bien podrían ser la risotada definitiva a costa del Príncipe payaso del crimen.
Ojo, que he destacado tres números, pero podría escribir otras trescientas palabras soltando alabanzas de la otra mitad del volumen. Un trío de aventuras que llevarán a Batman al desierto, que traerán de vuelta a Batgirl o que servirán para demostrar por qué James Gordon es tan buen policía. Diversión y variedad de personajes, situaciones y escenarios que garantizan una lectura agradable e intensa. De esas que te hacen agarrar el tebeo y no soltarlo hasta el final.

Sinceramente, creo que siempre estaremos en deuda con Bruce Timm y Paul Dini por crear una de las mejores series animadas de todos los tiempos. De eso no hay duda. Pero también hay que agradecer la inmensa calidad de productos derivados como todo este universo de cómics que preservaron y ampliaron el universo catódico que tantas alegrías nos lleva dando desde hace décadas.
No me he detenido mucho a hablar del dibujo de Mike Parobeck. No creo que haga mucha falta, aunque casi han pasado treinta años de su marcha (nos dejó con tan solo 31 tacos), le seguimos echando de menos. La fuerza de su trazo o la elegancia de su narrativa y composiciones fueron clave en el éxito de esta adaptación en viñetas.
El próximo 18 de diciembre, Panini pondrá a la venta el cuarto volumen. Deseando estoy de que caiga en mis manos.


