Hace unos días comentábamos lo que suele suceder con los guionistas al entrar en la maquinaria de los eventos Marvel y DC. Un escritor despunta y, en lugar de premiarlo con nuevas oportunidades de desplegar sus ideas, se le constriñe dentro de todas las directrices editoriales que se le puedan ocurrir a la compañía de turno y si además se le puede meter prisa, mucho mejor. Por eso, no sé si por suerte o por pericia a la hora esquivar los bandazos editoriales, sorprende que un escritor de la popularidad de Tom Taylor, haya sorteado los crossovers, más allá de Mundo Bestia, que viene a ser un evento de familia, que es poco más que una ligera extensión de su serie de los Titanes.
Así pues, Taylor continúa desarrollando sus ideas evitando con éxito las grandes movidas editoriales. Pero resulta que también los eventos tienen su aquel. Hacer una historia épica de escala global con la primera plana de DC, tiene que ser muy goloso para cualquier autor. Pero he aquí que el australiano demuestra ser muy astuto y para eso existen series como Caballeros Oscuros de Acero.
Caballeros Oscuros de Acero es un Elseworlds, lo que implica una historia alternativa con independencia absoluta de la continuidad oficial. Por ende, esto otorga carta blanca para hacer absolutamente lo que plazca a sus autores con lo más granado del universo DC y justo de eso es de lo que va este tebeo.
Arranca la historia con que la nave de Krypton no se estrella ya en otro lugar, como en Hijo Rojo, El Clavo, Balas ardientes o True Brit, sino en otro tiempo, concretamente en la Edad Media. Hemos de decir que no es esta la primera vez que esto sucede, ya que Dave Gibbons Y José Luis García-López (ahí es nada) ya nos trajeron aquel Kal hace ya más de treinta años. Sin embargo, más allá de otras tantas divergencias —que las hay a paladas— hay dos que destacaría como las fundamentales. La primera es que mientras la obra de los 90 se limitaba al contexto de Superman, Caballeros Oscuros de Acero, se amplía a todo el universo DC. La segunda es que Kal, con todas sus licencias, trataba de acercarse a una idea de medievo más o menos realista, o al menos cercana a la del imaginario colectivo. La serie de Tom Taylor y Yasmine Putri se nos va a una Edad Media mucho más de cuento de hadas. En realidad, todo este entorno resulta ser casi poco más que una excusa para poder dividir el mundo en reinos.
Caballeros Oscuros de Acero partirá del delicado equilibrio entre los reinos de El, el de las Tormentas y la Amazonia. Cuando algo bastante gordo suceda al final del primer capítulo, la guerra dará comienzo y arranca el motor de la historia.
El ambiente medieval es casi lo de menos. Taylor se ha buscado otra excusa para poder jugar con todos los juguetes sin límites como ya hizo en Injustice —la serie que lo daría a conocer— o DCsos. Estos otros no eran, como este, oficialmente Elseworlds, pero algo así como primos hermanos. Si me apuras, hasta su Tierra 2 podría entrar en este saco. Con esto en mente, ya os podéis imaginar lo que nos va a brindar esta serie: una escalada cada vez más alucinante y alucinada de giros bombásticos, de epica creciente por encima de las leyes de lo razonable y, en definitiva, el disfrute contagioso de jugar con los juguetes como le apetece.
Para llevarlo a cabo, cuenta con la indonesia Yasmine Putri, una artista de acabado llamativo de la que podemos ver muy pocas páginas interiores más allá de este título, dado que parece especializada en portadas. Y aunque no se desenvuelve mal a nivel narrativo, su punto fuerte está en su estética y diseños. Se nota, además, que los ritmos mensuales le vienen algo grandes. En USA tuvo que ser sustituida en un número y medio por Bengal y Nathan Gooden y eso no impidió un parón de varios meses en su publicación ni que las prisas sean apreciables en algunas páginas, sobre todo en la segunda mitad.
Pese a moverse habitualmente en este tipo de terrenos alternativos, Tom Taylor ha demostrado de sobra que conoce a los personajes del universo DC, qué les motiva y cómo y no solo en sus series dentro de la continuidad oficial, como Nightwing o en las distintas cabeceras de Jon Kent. Para escribir historias que funcionen en mundos paralelos hay que entender a los personajes. No basta con poner a Superman o Batman en otro escenario, hay de desarrollar de manera coherente cómo el contexto los cambia y este es justo el terreno de Tom Taylor. De hecho, Caballeros Oscuros de Acero no es solo un mundo que condiciona a sus protagonistas a ser como son, sino que este mundo es como es por efecto de los mismos. Al comenzar, lo más interesante es ver cómo se encajan las piezas, cómo se aprovecha lo que define a los personajes para construir la historia y el entorno, cómo cada pieza encaja en su sitio… para poder así mandarlo todo a la mierda.
Caballeros Oscuros de Acero está lleno de giros abracadabrantes hasta quizá más allá de lo razonable, pero hay todo un trabajo previo para hacer que nada llegue a salirse de su sitio. Las grandes y drásticas vueltas de tuerca a cada paso de página solo funcionan y tienen su efecto si hay antes toda una estructura sólida detrás. Se trata de que todos asentemos a cada uno en su personaje y su lugar porque solo así se puede jugar a subvertir las expectativas. A veces la trama gira tan a lo bestia, de manera tan constante y con el volumen tan al once, que camina peligrosamente en la línea de la pérdida de verosimilitud. Claro está, hablamos de verosimilitud dentro de los códigos de la historia, obviamente. Nos movemos en terreno de gente con superpoderes y trajes coloridos en un mundo medieval fantástico. Pero con todo, Taylor fuerza tanto las torsiones de trama que no hay código que las aguante si no hubiera una sólida base estructural por detrás.
Analizado con frialdad, la cantidad y la intensidad dramática de la serie se sale de madre por todos los lados y de manera hasta tramposa, pero durante la lectura no lo parece. Lo que permea es una historia trepidante y unos personajes absorbentes, una escalada de molinetes argumentales dramáticos, un no parar que sube la intensidad hasta casi sobrepasar la línea de la credibilidad, pero siempre casi. Caballeros Oscuros de Acero no aspira a ser nada más que entretenimiento puro, pero en ese registro lo da todo y se desata a la menor oportunidad. Cada paso de página puede ser un nuevo golpe de efecto.
Quizá algo más encontrados son los sentimientos con el trabajo de Yasmine Putri. En realidad no hay grandes objeciones que ponerle y más teniendo en cuenta que no está especialmente curtida en el dibujo de páginas interiores. Narrativamente cumple y a nivel de diseño y acabado, que es su terreno, luce bastante espectacular, pero Caballeros Oscuros de Acero es un tebeo donde Taylor sube mucho las apuestas y ser simplemente correcto en el plano narrativo sabe a poco. Una historia como esta debería transmitir la misma intensidad en cada mirada, cada gesto, en la composición de cada escena, tendría que desbordar energía a raudales … y en este aspecto, Putri no termina de aguantar el tirón. Con todo, el tebeo luce atractivo, pero se echa de menos ese plus.
Con sus pequeñas pegas, Caballeros Oscuros de Acero nos deja uno de esos tebeos de digestión ligera y sabor intenso, que entran bien a casi cualquiera. Además se trata de una obra autocontenida y con un carácter global que engloba a todos los all-stars del universo DC, con lo que no sería de extrañar que pueda suponer un buen punto de enganche para más de un lector.





