El nombre Ram V ha ido ganando fuerza en los últimos años. Un guionista todoterreno nos ha dejado tebeos interesantes de todo tipo como Las muchas muertes de Laila Starr, Blue In Green, La mano y los seis dedos, El monstruo de la laguna negra vive o Los Nuevos Dioses. Esta última serie fue dibujada por Evan Cagle, el mismo artista encargado de Dawnrunner, la serie que nos ocupa y que incluímos en nuestra particular lista de los Reyes Magos del año pasado.

Publicada en 2024 por Dark Horse como miniserie de cinco números, Dawnrunner es una estupenda miniserie de ciencia ficción que, por desgracia, deja con la sensación de que podría haber dado mucho más de sí. La premisa parte de una ensalada de referencias que procedemos a desgranar ahora mismo.
Dentro de muchos años en el futuro, se abrirá un portal a unas decenas de metros sobre el suelo del que saldrán unos monstruos gigantes denominados Tetzas. Para combatirlos, el ser humano crea los Reyes de Hierro, enormes robots tripulados cuyo piloto está conectado por una red neuronal. Aquí ya tenemos a Pacific Rim como una influencia nada disimulada. Además, tenemos que añadir que la amenaza acaba siendo monetizada para servir como espectáculo al pueblo, añadiendo unas pinceladas de Robot Jox, el clásico de Empire Films. Por último, si le añadimos algo de existencialismo y la necesidad de ciertos personajes de llegar a comunicarse con las criaturas que nos asedian, es inevitable pensar en el manganime Evangelion y en la película La Llegada.
De hecho, creo que el propio autor ha reconocido que varios de estos productos sirvieron de inspiración para este cómic. El título, Dawnrunner, hace referencia al último modelo de Rey de Hierro que debe pilotar Anita Marr, la protagonista absoluta de la historia.

Es de agradecer que el escritor vaya directo al grano, ofreciendo al lector toda la información necesaria para entrar en el juego en pocas páginas. Reconozco que comencé la lectura un tanto contrariado porque, por muy bonitas que sean las páginas de Evan Cagle, la trama no terminaba de ofrecerme nada que no hubiera visto ya muchas veces. Y, teniendo en cuenta, que Ram V es de uno de los autores más fiables de la actualidad, no pude evitar torcer el morro.
Sin embargo, en el primer número ya nos topamos con un momento de ruptura. En pocas viñetas, Dawnrunner se convierte en algo mucho más complejo, provocando que nos interesemos por los enigmas que resultan de la primera vez que Anita maneja su nuevo juguete contra un Tetza.
Lo que sucede es que cinco grapas de veinticuatro páginas terminan siendo completamente insuficientes para todas las cosas que lanza Ram V al papel. Para empezar, el conflicto interno que asola a Anita, fruto del turbio secreto que se esconde en la cpu de Dawnrunner, es tan importante o más que los combates entre bichos y cacharros. Tanto es así que, en determinados momentos, la extensión de las brutales batallas llega a entorpecer la lectura. No porque estén mal hechas, sino porque le quitan espacio a algunos aspectos que, a mi parecer, son mucho más interesantes.
El final de Dawnrunner es algo apresurado. En las últimas páginas, Ram V pulsa el acelerador sometiendo al lector a una sobrecarga de información excesiva. Y aunque podamos aceptar el desenlace como algo cerrado, perfectamente podría haber una segunda miniserie. A uno le gustaría haber sabido mucho más del origen e intenciones verdaderos de los Tetza o de algunos personajes secundarios del entorno de Anita.

Ahora bien, no engañamos a nadie cuando decimos que la verdadera estrella de la función en Dawnrunner es el dibujo de Evan Cagle. El artista está completamente desatado, en especial cuando Ram V le suelta las riendas para que narre los combates como mejor le parece, consiguiendo que las viñetas sean salpicadas con una orgía de sangre, hierro y caos. Cagle se marca unos diseños de robots y de criaturas que son toda una delicia. Para rematar, tenemos a Dave Stewart encargándose del color con la maestría que le caracteriza.
Dejo para el final la mayor pega que le encuentro a Dawnruner. Esta no es otra que el formato, y el precio resultante. Es cierto que el dibujo de Cagle luce de manera soberbia a gran formato, mas no puedo evitar pensar que de haberse editado en rústica y en tamaño comic book podría haber llegado a más lectores.
En definitiva, si os mola el género de los robots gigantes, estoy convencido de que podréis disfrutar de lo lindo con Dawnrunner. Si por el contrario estáis más interesados en una historia de ciencia ficción hardcore del estilo de la mencionada La Llegada, creo que os puede decepcionar un poco debido a las cosas que no termina de rematar.


