¡Los chicos han vuelto! Viajeros en el tiempo, mejores amigos... Corbin y Danny intentaron conquistar el futuro en su anterior aventura. Después de que... Crononautas 2, de Mark Millar y Eric Canete

¡Los chicos han vuelto! Viajeros en el tiempo, mejores amigos… Los Crononautas Corbin y Danny intentaron conquistar el futuro en su anterior aventura. Después de que su última misión salga mal, un rostro del pasado aparece para proponerles una tarea única y siniestra.

Lo de Mark Millar, su Millarworld y su acuerdo con Netflix es algo que ya no sorprende a absolutamente nadie. Hace cosa de 20 años que se le notaba que escribía con una clara orientación cinematográfica. Después de todo, es en el cine y la televisión donde está el dinero, y pocos casos se me ocurren de autores que no estén deseando vender los derechos de sus obras para hacer una película o una serie. Y ojo, que el hecho de escribir libros o cómics con vistas a una adaptación no es nada malo, siempre que la obra resultante tenga entidad como producto propio, y no sea un mero storyboard. Por eso Millar tiene siempre la decencia de rodearse de grandes artistas para ilustrar sus trabajos y sus tebeos, aunque se les vea el cartón, funcionan por sí mismos. Es el caso de esta secuela de su Crononautas (reseñado aquí), un cómic con un planteamiento nada original (aventuras de unos viajeros en el tiempo), pero que gracias a su eficiente dosificación de narrativa y espectacularidad se convirtió en una pequeña gran sorpresa.

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Porque, asumámoslo, lo que Millar (El viejo Logan, Sharkey Cazarrecompensas) hace mejor que nadie es dotar a sus tebeos de sentido del espectáculo. Leer un tebeo suyo es la experiencia más cercana a ver un blockbuster veraniego en pantalla grande. Vas a lo que vas: no estás ahí por la complejidad argumental del guion o por la profundidad de los personajes, sino por las persecuciones, las explosiones y las frases molonas. Y el propio Millar lo reconoce sin tapujos. El vehículo con el que los protagonistas van a tratar de viajar al futuro tiene forma de guitarra eléctrica. ¿Por qué? Literalmente: «¿Alguna razón mecánica? Nop. Simplemente mola». Y se queda tan ancho, porque Millar no se esconde, ni oculta sus intenciones. No tiene intención de revolucionar el medio (eso ya lo hizo con The Ultimates). Su objetivo es entretener, y lo hace mejor que nadie en el medio.

En esta secuela del cómic de 2016 los crononautas Corbin Quinn y Danny Reilly, convertidos en verdaderas celebridades mundiales, pretenden dar un paso más allá en sus investigaciones de viajes en el tiempo, viajando esta vez al futuro. Aquí tenemos una pequeña paradoja, porque si después de viajar al pasado regresas al presente… en realidad sí has viajado al futuro. Pero dejando eso a un lado, Corbin y Danny descubren que hay alguien que está interfiriendo en sus experimentos, y ese no es otro que el Profesor Cross, su antiguo maestro. Cross les llevará a conocer un mundo futuro perfecto, una auténtica utopía en la que apenas hay crimen, la longevidad es una realidad y es posible curar prácticamente cualquier enfermedad y herida gracias a tecnología nanita. ¿El precio? De vez en cuando hay que cambiar algo del pasado para evitar consecuencias futuras, pero nada importante. Después de todo, si hay que matar a una actriz para que John F. Kennedy no se distraiga y evite la crisis de los misiles cubanos, pues se la mata y ya está. Y si hay que cargarse a una bloguera de extrema derecha de tan solo 10 años para evitar que en el futuro sus ideas calen en la sociedad, pues… Corbin y Danny deberán poner a prueba sus principios y sus intelectos para diseñar un futuro mejor sin necesidad de destruir el pasado.

El problema de esta miniserie es que una vez conocemos a los personajes y el mundo de Crononautas, presentados en la serie anterior, poco de lo que hay aquí ya nos sorprende. Es una historia escrita con el piloto automático, con más vistas a servir de inspiración para una película o serie de Netflix que de agradar al lector de cómics. Porque todo lo aquí leído suena a conocido: el viejo mentor que reaparece, el futuro utópico que oculta un oscuro secreto, los dilemas morales sobre matar niños que en el futuro serán tiranos… Nada sorprende, nada impresiona. Incluso los recursos diseñados únicamente para molar son reciclados de otras obras. Y frente a un contenido vacío y con la molonidad en stand-by, ¿qué nos queda? El dibujo. Eric Canete (The End League) no es Sean Murphy, aunque no le va a la zaga. No oculta su querencia por el dibujo de Murphy, aunque en sus diseños de naves especiales y de escenas de acción podemos apreciar su experiencia en animación y en diseño conceptual de videojuegos. Sus dibujos redimen la mediocridad a la que de otra manera se vería abocada este cómic.

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Este segundo volumen de Crononautas se puede leer, al igual que el anterior, de manera unitaria, puesto que es autoconclusivo. Teniendo en mente que estamos ante una obra ligera, sin grandes pretensiones y con el único fin de entretener, podemos decir que sus autores han conseguido su objetivo. No es, desde luego, la obra más ambiciosa ni redonda de Mark Millar, pero como pasatiempo para echar el rato funciona.

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Antonio Hidalgo

Anteriormente conocido como El Tete, abandonó los sellos y las RCLTG para encargarse de esta web. Y no volvió a mirar atrás. Bueno, algún vistacillo ocasional sí que ha echado.

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