Muy de vez en cuando, aparecen obras en el mercado que llegan silenciosamente, sin hacer demasiado ruido y poco a poco empiezan a estar... Contrapaso. Los hijos de los otros

Muy de vez en cuando, aparecen obras en el mercado que llegan silenciosamente, sin hacer demasiado ruido y poco a poco empiezan a estar en boca de todo el mundo. El boca a oreja entre los lectores suele hacer un trabajo de promoción tan importante como el de promoción de la editorial o el de divulgación de la crítica. Y llega un momento en el que hay que escuchar el rumor que ha acabado convirtiéndose en grito unánime. Con Contrapaso: Los hijos de los otros de Teresa Valero ha ocurrido exactamente eso: cuando vio la luz a finales de marzo a muchos les (nos) pasó por debajo del radar. Menos de dos meses después, ha agotado su primera edición y ya tiene una segunda en el mercado. Y no habiendo terminado aún la primera mitad del año, son muchas las voces que lo señalan como firme candidato a estar en todos los tops de lo mejor de 2021. Y una vez leído, ¿está a la altura de las expectativas?

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Decir que Contrapaso está a la altura del hype creado por las muchas voces que la alaban es quedarse corto. Muy corto. Estamos ante una obra con una trama absorbente, con unos personajes tridimensionales y totalmente creíbles, ambientada en una época de nuestra historia tremendamente polémica y conflictiva pero sin caer en sensacionalismos ni en extremismos emocionales y un arte espectacular, expresivo y dinámico aún no teniendo casi escenas de acción física, pero siempre al servicio de la historia. ¿Es quizás demasiado atrevido decir que acabamos de ver el nacimiento de una obra maestra? Habrá que ver cómo la trata el filtro del tiempo, pero tiene todos los ingredientes para ser considerada como tal.

Contrapaso: Los hijos de los otros es una clásica buddy movie con dos personajes antagónicos, Léon Lenoir, un joven idealista hijo de un comunista muerto en la Guerra Civil, y Emilio Sanz, un falangista entrado en años que está de vuelta de todo. Ambos son  redactores de la sección de sucesos del periódico La Capital, y la investigación de lo que aparentemente fue un suicidio les lleva a encontrarse con el lado (aún más) oscuro de la dictadura Franquista. Represión, tanto social como individual, torturas para «curar» la homosexualidad, robos de niños… y, por supuesto, censura. Una censura institucionalizada que hace que la pulsión que tienen los dos periodistas protagonistas por contar la verdad sea una misión imposible.

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Tenemos en Contrapaso una obra con varios niveles de lectura. La historia de investigación es el eje central de la historia, pero tenemos también un retrato impecable del Madrid de los años 50, documentado hasta el más mínimo detalle, tanto en lo material como en el ambiente social de la época. Por supuesto, los atropellos a la libertad y a la dignidad personal del régimen se muestran de forma descarnada, pero no estamos ante una obra maniquea: entre tantos negros hay pinceladas brillantes. Hay personajes que son auténticos monstruos, basados en personajes reales como Antonio Vallejo-Nájera o Juan José López Ibor -la realidad, a veces, supera a la ficción- pero también tenemos al propio Emilio: aún siendo un falangista convencido, siente una profunda decepción por aquello en lo que se ha convertido España diecisiete años después del ascenso al poder de Franco. Tiene además un punto idealista en contraposición a sus creencias que hace que, aunque lleve el yugo y las flechas en la solapa, podamos llegar a empatizar con él. Del mismo modo, Léon, el idealista, tiene un fondo amargo en su persona que le acerca a Emilio en sus contradicciones. Son dos personajes perfectamente creíbles que hacen que la inmersión del lector en la obra sea mucho más profunda.

Vemos a lo largo de las páginas de esta obra un buen puñado de personajes que ya están cansados de la opresión de la dictadura: los periodistas por la censura, los estudiantes en sus manifestaciones, las clases más pobres… todos ellos sufren las consecuencias de un sistema que impone un pensamiento único y que destruye al que intenta salirse de la línea marcada. Parece haber lugar para la esperanza, pero aún le quedaban casi veinte años al franquismo. Un régimen que terminó, además, con el dictador muriendo en paz en su cama tras cuarenta años de extraordinaria placidez. Por si no hubiera suficiente amargura en la historia.

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El debut como autora completa de Teresa Valero (Curiosity Shop, Brujeando) no ha podido ser más afortunado. Estamos no sólo ante uno de los potenciales mejores cómics del año: es una de esas obras que seguirán siendo recordadas en años futuros.  Es una obra, intensa, profunda, perfectamente equilibrada e impecablemente dibujada que va a arrasar allá por donde pase. Y lo merece.

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Enrique Acebes

Enrique Acebes

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

  • Antso Morma

    27 mayo 2021 #1 Author

    O sea, nos cuenta una historia ambientada en una época semejante a la que vivimos hoy: censura, secuestro de niños (marroquíes) , falta de libertad de expresión, medios comprados, ideología única imperante, persecución y agresión a los que piensan diferente… Puede ser interesante como ejemplo de memoria histérica…

  • Ángel Ruiz

    28 mayo 2021 #2 Author

    En aquella época mi abuelo se metía en un sótano con otro amigo a hablar de política, en vez de escribir sus opiniones en un foro público. Por lo demás, lo mismo, sí…

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