En 1932 se publicó el número 108 del magazine pulp Weird Tales. Una efeméride como otra cualquiera de no ser porque en sus páginas vió la luz la primera aventura de Conan el Bárbaro. Un personaje creado por Robert E. Howard que no tardaría en pasar al imaginario colectivo como otros héroes, justicieros o aventureros de la talla de Tarzan, Buck Rogers, John Carter o The Shadow. Al igual que estos, sus modestos y humildes orígenes fueron el caldo de cultivo para franquicias transmedia que se fueron perpetuando a lo largo de las décadas. Algunas con más éxito que otras, eso sí.

Centrándonos en el guerrero cinmerio, mi primera aproximación a Conan, como buen niño de los ochenta que soy, fue con el filme original dirigido por John Milius. Ni que decir tiene, que la película me flipó por su violencia, estética y banda sonora. Ahora bien, con los tebeos tardé bastante en entrar. Hasta el punto de que mi trayectoria con el personaje es bastante errática, con etapas salteadas y poco más.
Pues bien este libro es el culpable (ya le pediré cuentas al autor) de que ahora quiera poner un poco de orden en mi caótica colección para hacerme con buena parte de las cabeceras de Conan el Bárbaro y la Espada Salvaje. Tengo mucha faena por delante, pero por fortuna estamos ante uno de los “héroes” del cómic que más y mejor se ha publicado en nuestro país desde hace décadas, siendo posible encontrar bastantes opciones para que uno pueda hacerse con sus series más destacadas.
De vuelta al libro, lo que Javier Jiménez Barco nos ofrece en “Conan el bárbaro: En el cómic, el cine y la televisión”, más que un recorrido cronológico por la trayectoria del aventurero, es una carta de amor en toda regla al personaje. Una cuidada oda a sus andanzas en otros medios diferentes a la literatura que le vio nacer y que, siendo sinceros, son los culpables de que el bárbaro sea un destacado icono de la cultura pop.

De manera cuidada y ordenada, Javier nos adentra en la historia de cómo Conan dio el salto de las novelas desechables al noveno arte. Sin embargo, antes de entrar a saco en la década de los setenta con la mítica colección de Roy Thomas y Barry Windsor-Smith, el autor se para a contar cómo surgió la Viking Fantasy. Esa necesidad de publicar aventuras de este tipo de personajes y de aquellos tebeos (muchos apócrifos) que se adelantaron al título publicado por la Casa de las Ideas.
Las casi trescientas páginas del libro ofrecen una cantidad ingente de información. Eso sí, con una prosa muy cuidada que evita caer en una sobreexposición de datos que podría abrumar al lector. Cada tebeo de Conan relevante, cada autor que ha pasado, cada adaptación de un relato original de Howard es mencionado en mayor o menor extensión.
Javier tampoco se olvida de otros personajes parecidos, parodias (como Groo) o de las muchas versiones que han ido apareciendo en los últimos años a raíz de la liberación de los derechos de Conan en Europa. Es el caso de nuestro Sangre Bárbara o los álbumes franceses. También echa una miradita nostálgica al pasado con parada en el fanzine Sword.
De todas formas, si os soy sincero, donde más he disfrutado leyendo este ensayo es con el apartado de las adaptaciones cinematográficas. Aquí el escritor demuestra una gran capacidad de síntesis a la hora de resumir la intrahistoria de las cinco películas de imagen real estrenadas hasta la fecha (recordad que hay dos de Red Sonja). Del mismo modo, se detiene en los proyectos que no llegaron a ver la luz o en las muchas cintas “explotation” que abarrotaban los videoclubes en los ochenta o las parrillas de televisión de los primeros años de las cadenas privadas como Antena 3. Si naciste entre 1975 y 1981, estoy convencido de que recordarás películas como “Los Bárbaros” o “Ator el Poderoso».

Igualmente interesantes son los capítulos dedicados a las series de televisión (yo soy fan del live action de Ralf Moeller), los juegos de mesa, el merchandising o los videojuegos (aunque me ha dolido un poquito no ver el Rastan Saga, arcade que para mi siempre fue el juego oficial de Conan), repletos de curiosidades.
Mención aparte merece la edición del libro. Además del mimo habitual que Diábolo pone a estos productos con cartoné y papel de buen gramaje, la elección de las imágenes se me antoja exquisita con muestras del arte de gente como Enrique Alcatena, John Buscema, Frank Frazzetta, Barry Windsor-Smith, Dorian, Boris Vallejo, Renato Cassaro, Joe Jusko y un largo etcétera. Todo un gustazo para la vista.
En definitiva, este es uno de los libros teóricos más satisfactorios que he leído nunca. Un modelo a seguir sin lugar a dudas.


